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El asesino con cara de bebé.




Un día 26 de mayo de 1999, Barcelona, España, estadio Camp Nou, ante 63.000 espectadores, un ariete nórdico se convirtió en leyenda para los fanáticos de los Diablos Rojos de Manchester.

Ole Gunnar Solskjaer nació el día 26 de febrero de 1973 en Kristiansund, ciudad portuaria ubicada en la costa atlántica noruega, famosa por su actividad cultural y pesquera, que para la Segunda Guerra Mundial fue totalmente destruida por las tropas alemanas en el marco de la Operación Weserübung.

Para el año en que Ole llegó al mundo, su país atravesaba un momento de convulsión política producto de la inestabilidad de los gobiernos de la época. Los presidentes no lograban terminar sus periodos por diferentes motivos. Ese 1973 fue importante para los noruegos, porque concurrieron a las urnas a elegir sus representantes en el Parlamento, resultando favorecido el Partido Laboral, que obtuvo la mayoría relativa y pudo instalar en el poder como Primer Ministro a Trygve Bratelli, un ex prisionero de guerra detenido por los nazis.

El nuevo mandatario ya había presidido el país unos meses en 1971, no sin complicaciones, puesto que tuvo que dejar el poder en manos de los demócrata cristianos tras mostrarse a favor de la inclusión de Noruega en la Comunidad Económica Europea, medida antipopular en el país nórdico en aquel entonces. La historia parecía condenarlo irremediablemente, dado que tampoco terminó su segundo período gubernamental.

Mientras Bratelli sufría, Ole crecía jugando al fútbol. Le tocó nacer en una época donde el deporte rey no era popular entre los niños. Los deportes de invierno, como el esquí, eran más llamativos, por las condiciones climáticas y porque sus deportistas eran más exitosos en esas disciplinas. Cuando pequeño pasaba a tocar la puerta de sus amigos invitándolos a jugar un cinco contra cinco y con suerte le alcanzaba para armar un arco peleado con los dos o tres que se animaban a salir. Le daban excusas absurdas tales como:

"No amigo, no quiero salir hoy porque está nublado". (En Noruega sale el sol 50 días al año)
"Me da paja, siempre juegan puros locos malos para la pelota", decía el más malo de todos.
"Salió el sol, pero está para ir a la playa, no para ir a jugar fútbol", respondía el mismo que no quería jugar antes porque estaba nublado.

Así como sus camaradas preferían hacer otras cosas en vez de darle unos toques al balón, la selección local no ayudaba mucho con ese entusiasmo, dado que eran derechamente malos. Creció mirando los éxitos de las naciones vecinas Suecia y Dinamarca, que clasificaban a Mundiales y Eurocopas. Veía a los futbolistas suecos que brillaban alrededor del mundo, se deleitaba con la Dinamarca de los 80 que competía a gran nivel en Europa y en los Mundiales, pero al mismo tiempo le daba rabia, se cuestionaba permanentemente: "¿dónde estamos nosotros, dónde están los noruegos?, "¿si ellos pueden, por qué nosotros no?".

En los noventa despertaron, lo que coincidió con la época dorada del fútbol escandinavo, cuyo peak fue en la Eurocopa de 1992, donde Suecia fue semifinalista y Dinamarca se coronó campeón. Ole que en aquel entonces tenía 19 años no lo podía creer, corría por su casa gritando desaforado: "¡Dinamarca ganó la Eurocopa, me quiero cortar la pija!".

Al mismo tiempo que los vecinos sorprendían al continente, Ole ya hacía sus primeras armas en el mundo del fútbol. Comenzó en el modesto Clausenengen FK de su ciudad natal, para después dar el salto a la Primera División de su país en el Molde FK. Era el año 1994, uno que el baby face no olvidaría jamás, porque además de firmar su primer contrato con un equipo de la división de honor, la selección nacional se clasificaba para el Mundial de Estados Unidos, imponiéndose a Holanda e Inglaterra. 

Sp_ | Manchester United on Twitter: "Ole Gunnar SOLSKJAER. Molde ...

Para el primer partido de ese Mundial donde Noruega derrotó a México por 1-0, Solskjaer armó una parrillada en su casa con su primer sueldo como profesional. Para agasajar a sus invitados, compró carne de alce, de reno y de cordero, porque para él ese era un día histórico. Previo a quedarse dormido sobre el comedor de su casa producto de la borrachera, le dijo a todos los comensales: "prometo que el próximo año voy a estar jugando con todos esos cracks". 

En ese momento sus amigos no tomaron en consideración lo que decía Ole bajo los efectos del alcohol, pero éste cumpliría la promesa. Después de destaparse haciendo goles en el Molde FK, Egil Olsen lo consideró un candidato serio para la renovación del ataque noruego y lo nominó a la selección nacional. Su debut se produciría ante Jamaica, en un partido que acabaría igualado a un tanto. El gol para los nórdicos lo hizo el cara de guagua

A uno de esos partidos de Noruega concurrió Jimmy Ryan, uno de los ayudantes técnicos de Sir Alex Ferguson en el Manchester United. Jimmy iba con la misión exclusiva de analizar al defensor central Ronny Johnsen, pero se fascinó con el cara de bebé. Agarró teléfono, marcó a Manchester e informó a Ferguson: "mira Alex, Johnsen está bien, pero el delantero la cagó, una verdadera joya. Eso sí, desconozco si es mayor de edad, porque representa 15 años".

Al parecer Sir Alex confiaba mucho en él, porque en el verano de 1996 los Red Devils oficializaban a los dos jugadores noruegos. Ole no daba más. Con sólo 23 años llegaba a uno de los clubes más importantes del mundo. 

Su comienzo fue difícil. Estuvo dos temporadas comiendo banca en Old Trafford. Delante de él estaba Andy Cole, Dwight Yorke y Teddy Sheringham. Tres bestias. En ese momento, ni su padre confiaba en él, no porque fuera mal jugador, sino que su equipo tenía esos tres jugadores de alta gama. 

En el verano de 1998 ocurre una de esas circunstancias claves que cambian el curso de la historia, ya sea de una persona, una institución, o de ambos. En este caso fue una simple conversación.

Tras el Mundial de Francia, se reintegró a las concentraciones del Manchester después que algunos de sus compañeros. Lo habían dejado llegar más tarde, porque venía de competir en la cita planetaria. Estaba contento, inflaba el pecho cuando hablaba de Noruega, porque hicieron historia. En la fase de grupos derrotaron a Brasil por 2-1, siendo la única derrota que sufriría el elenco verdeamarelho hasta la final con Francia. 

You Ask The Questions: Ole Gunnar Solskjaer – "I got to Old ...

Al reincorporarse a los entrenamientos, se encontró con la noticia de que su fichaje por el Tottenham era un hecho. Los clubes ya habían acordado el precio, su representante había sacado la comisión, cuadraron los montos para su salario y faltaba solo la millonaria del careguagua. Pero nadie contaba con la astucia de Sir Alex...

Ferguson lo intercepta en uno de los entrenamientos de la pretemporada y le dice:

"Mira Ole, no digas que yo me fui de tarro (revelar un secreto), pero los weones de acá cerraron con los weones del Tottenham (weones se utiliza en este contexto como una manera general de referirse a varones dirigentes, representantes y otros individuos involucrados en la operación) y quieren que te vires (traslades) para allá, porque les falta alguien que meta las pepas (convierta los goles). Pero culiao (manera extrañamente afectuosa de referirse a alguien a quien uno le tiene cariño), si te quedas, te aseguro que jugarás y sé que vas a dejar el sapo (tendrás una temporada muy buena). Aparte, somos mucho más pulentos acá po hermano (tenemos mejor calidad como plantel para conseguir objetivos importantes)."

Esa sola conversación hizo que Ole desistiera de mudarse a Londres y permaneciera en Manchester a pelear por un cupo dentro del once titular. Era difícil, pero no imposible. Se jugaría su chance. Meses antes había soñado que metía el gol con que su equipo ganaba la Champions League, después sonó el despertador y se lamentó de que no fuera real. "En soñar no hay engaño", pensó. 

La temporada 1998-1999 el Manchester United la rompió. Ganó la Premier League, la FA Cup y llegó a la final de la Liga de Campeones. Para Ole venía siendo una temporada más agria que dulce, no había jugado todo lo que esperaba, sólo nueve partidos de titular en toda la temporada en Premier y uno en Champions. Eso sí, siempre fue cambio fijo, porque era el mejor de los reservas. Cuando él entraba, sus compañeros daban por sentado que se vendría un gol más, o al menos, que se iba a romper el culo por conseguirlo. 

El formato de la Champions League de ese año contemplaba una fase de 6 grupos, donde se clasificarían a cuartos de final los ganadores de cada grupo junto con los dos mejores segundos. Tras eliminar al LSK Lodz de Dinamarca en la fase previa, los Red Devils esperaban ansiosos conocer sus rivales en la siguiente etapa. Ferguson deseaba contrincantes accesibles, ojalá con un equipo portugués, holandés o francés. No quería por ningún motivo caer sorteado con españoles o con alemanes, pero parece que God no estaba de su lado, porque quedó cuadrado con el Bayern Múnich, Barcelona y Brondby.

En ese grupo D se pudo ver fútbol de alto calibre. Mientras el Bayern Múnich se disparó en el primer lugar, Barcelona y Manchester United libraron batallas épicas para asegurarse un segundo puesto que les permitiera estar en la ronda de ocho mejores. Tanto en Manchester como en Barcelona empataron a tres goles. Finalmente, se clasificó el equipo inglés con 10 puntos como uno de los mejores segundos. 

En la fase final sir Alex rogaba que no le tocaran italianos. Le decía a sus cercanos que en ese tipo de instancia los tanos eran los más complicados porque iban a la guerra. Y el sorteo nuevamente no lo favoreció, porque lo cuadró con el Inter de Milán en cuartos de final y con la Juventus en las semis. Ante el Internazionale no sufrió tanto como esperaba, sorteando la eliminatoria con relativa tranquilidad, pero con la Juventus fue otro mambo.

Empataron a un gol en Manchester y se definía todo en el Delle Alpi. A los 11 minutos de juego, la Juventus ganaba 2-0 con goles de Pipo Inzaghi. Tras la segunda anotación, la línea café que adornaba el calzoncillo del escocés era escandalosa. Tenía el colon destruido. Estaba preparando la puteada que les iba a poner a sus dirigidos en el entretiempo, que los dejaría con ganas de matar por conseguir el triunfo.

Pero por suerte para aquel grupo de jugadores no fue necesario, porque igualarían el partido antes del descanso. Con los dos goles de visita cambiaba el escenario para los ingleses y la charla técnica no se daría en los términos inicialmente imaginados. Al final, Andy Cole pondría el 3-2 definitivo para asegurar el pase a la definición ante el Bayern Múnich. 

Champions League: PSG vs Manchester United analysis, Ole Gunnar ...

Barcelona fue el escenario de un increíble juego, donde  las ilusiones de ingleses y alemanes radicaban en los pies de veintidós futbolistas que lo darían todo por llevarse la gloria. Cada uno de esos titulares, contaba con suplentes de lujo, situación que se evidenciaría aquella noche primaveral. 

El partido lo comenzó ganando tempranamente el cuadro bávaro con gol de Mario Basler. Un tiro libre dirigido al palo del golero danés, quien esperaba que la bola tomara otro rumbo y fue sorprendido a contrapié. Manchester buscó contrarrestar la desventaja inicial de múltiples formas, pero la pelota no quería entrar. Entre la zaga alemana y Oliver Kahn, la posibilidad de conseguir la igualdad se hacía cada vez más difícil conforme avanzaba el reloj.

El infortunio que los Diablos Rojos creían tener de cara al gol, lo obtenían en su propia guarida. Dos claras opciones de aumentar el marcador rebotaban en los palos del pórtico defendido por Schmeichel. Primero lo había intentado Scholl con una vaselina y luego Jancker con una semi chilena. 

En la mitad de la segunda parte, Ferguson decidió tirar toda la carne a la parrilla. Primero entró Sheringham a la cancha, pero no pasó nada. No había forma con el cerrojo de los alemanes, por lo que el coach británico decidió ocupar su último as bajo la manga. Fue así que en el minuto 81 de juego, se produjo el ingreso del seísmo con cara de bebé. 

Previo a esa modificación, Solskjaer calentaba por si le tocaba entrar y mientras lo hacía, no paraba de pensar en lo que había soñado, sabía que si entraba al menos una tendría. Y en eso estaba, navegando en el submundo de los sueños, cuando un grito desaforado lo despertó abruptamente trayéndolo a la realidad: "ya pues, concha de tu madre, cámbiate rápido que entras ahora". Ferguson decidía poner en cancha a su amuleto de la suerte.

Entró y de inmediato avisó que no había hecho ingreso solo para recibir patadas. Tuvo dos cabezazos y una asistencia que dejó solo a Sheringham, todo lo cual fue controlado por el blondo Kahn. Al germano nada lo intimidaba. 

Hubo que esperar hasta el minuto 90+1, fracción del tiempo en que se desató la algarabía en el banco de los Diablos Rojos, puesto que Sheringham igualaba el marcador. Se habían asegurado al menos el alargue, pero los de Manchester seguirían pujando, sabían que el gol del tío Teddy había golpeado fuerte a los bávaros y querían aprovechar ese golpe anímico para llevarse al triunfo. 

Dos minutos después del milagro del veterano goleador, el asesino con cara de bebé hacía realidad su sueño y el de toda una comunidad de fanáticos que no celebraban un título europeo hace décadas. David Beckham sirve un córner, Teddy Sheringham se anticipa a toda la defensa alemana cabeceando en dirección hacia el pórtico defendido por Kahn y ahí estaba él, el killer de Kristiansund, para desviar el balón y colocar el 2-1 definitivo con que los Diablos Rojos se coronarían campeones de la Champions League 1998-1999. 



Aquél día Solskjaer dejaría su nombre grabado a fuego en la piel de todos los fanáticos del United, haría realidad el sueño de definir con una anotación suya una final de Liga de Campeones y dejaría el nombre de los jugadores noruegos en un pedestal, abriéndole paso a muchos otros en el futuro.

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