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El Principito versión finlandesa



Un día 17 de abril de 1996, Atenas, Grecia, estadio Olímpico Spyros Louis, ante 77.433 espectadores, un mago de origen nórdico se matriculó con un doblete para encaminar al gigante de Ámsterdam a su segunda final de Liga de Campeones consecutiva. 

Jari Olavi Litmanen nació un 20 de febrero de 1971 en la ciudad de Lahti, ubicada al sur del territorio de Finlandia. El país escandinavo era gobernado por el sempiterno Urho Kekkonen, que a principios de los setenta se encontraba en su tercer mandato consecutivo. El líder del partido agrario gobernó por veintiséis años. Se dice del caballero que era un adelantado, un verdadero artista de la diplomacia que llevó adelante su labor con astucia y estrategia. El actor de House of Cards tomaba lecciones con el finés.

Supo contentar a liberales, políticos de izquierda y hasta a los conservadores en el ámbito local, mientras que en el internacional soportaba las constantes presiones de la URSS por sumarlo a su Dream Team. Por geografía compartían setecientos kilómetros de frontera, por lo que la política exterior se englobó en lo que expertos llamaron "finlandización", que básicamente consistía en mantener una postura neutra acerca de sus preferencias entre capitalismo y socialismo. 

"Me caen bien los dos", "Oye, si ambos tiene su punto" o "A ver, por qué no me pueden gustar los dos", eran algunas de las clásicas excusas de Finlandia ante el resto del mundo. Y les resultó perfecto, porque mantuvieron relaciones comerciales con Occidente que les permitieron un cierto grado de crecimiento, una relativa autonomía en su forma de gobierno y lo que fue más importante, evitaron molestar al vecino del Este con alguna conducta que pudiese considerar inapropiada.

Mientras en Helsinki se preocupaban de tener esta actitud condescendiente con todos, en Lahti estaba todo pasando con un muchacho que brillaba con el balón. Lo llevaba en los genes, porque tanto su madre como su padre eran futbolistas. 

Con sus amigos practicaba deportes, pero no precisamente balompié. La popularidad se centraba en el hockey sobre hielo, disciplina en que los finlandeses lograban armar planteles competitivos, en cambio, de fútbol nada. Solo sabían algo por los logros obtenidos por los suecos, que habían algunos daneses que jugaban bien, pero por casa no pasaba mucho. 

Toda esa decepción respecto del fútbol se centraba en la falta de referentes a nivel mundial. Pero como en la religión y la cultura, hacía falta la llegada de un referente que les cambiase la perspectiva de las cosas. Finlandia necesitaba uno que les hiciera creer que podían ser buenos en eso también y fue ahí donde apareció el Sr. Litmanen. 

Fue reclutado por el Reipas Lahti, equipo de la ciudad que le dio la posibilidad de darse a conocer en el medio local. Estuvo hasta los veinte años ahí y luego pasó al gigante de la capital, el HJK Helsinki, donde estuvo una temporada, convirtiendo dieciséis goles en veintisiete partidos. 

Curiosamente, el HJK lo dejó partir al Mypa. En aquella institución coincidió con otra gloria del fútbol finlandés como Sami Hyppiä, histórico central del Liverpool. En el cuadro de la ciudad de Kuovala, Jari terminaría por consagrarse a nivel local y consiguió su primer título profesional, ganando la "Finland Cup" de 1992, en un partido en que vencieron al FF Jaro por 2-0. El medio creativo convirtió un gol y fue la gran figura de la cancha.

MYPAN JOULUKALENTERI, LUUKKU 13: JARI LITMANEN | Myllykosken Pallo

Su nombre se hacía conocido en el viejo continente, por lo que un reclutador del Ajax, que se encontraba visitando a una amante en Helsinki, asistió a esa final en el Estadio Olímpico, para ver qué tan bueno era el chico. Cuando regresó a Holanda sus compañeros de trabajo pensaban que había cambiado su orientación sexual, porque previo a viajar hablaba de una muchacha de tes blanca y pelo largo negro que le quitaba el sueño, mientras que al regresar transmitía acerca de un muchacho de tes blanca y de pelo largo negro. 

Al poco tiempo, sus compañeros de trabajo se percatarían que el individuo que había concentrado la atención de su colega se llama Jari Litmanen y estaba destinado a hacer historia en el cuadro donde brillaban los mejores neerlandeses del momento. 

Por aquel entonces, en el cuadro principal de la capital neerlandesa brillaba con luces propias Dennis Bergkamp, un artista que no se veía de la época de Van Gogh. Por lo mismo, su equipo buscaba anticiparse a una segura marcha del crack a una liga más poderosa. Y se apostó por el finés.

La primera temporada le tocó comer banca porque seguía el genio local ocupando el puesto de 10 en el equipo. Asimismo, Van Gaal consideraba que era bueno para aterrizarlo que le tocara jugar con los reservas un tiempo. Quería que esta perla escandinava supiera lo que era romperse el culo para conseguir un puesto de titular en el Ajax. Y Litmanen aceptó el reto. 

Acabada la temporada 1992-1993, Bergkamp fue transferido al Inter de Milán, quedando libre la vacante de volante ofensivo. Jari esperaba tranquilo, pero en su corazón albergaba dos emociones: seguridad en sus condiciones para asumir el liderazgo e incertidumbre, porque con el guaton Lucho nunca se sabía. 

A principios de 1993, Dennis ya estaba en Italia y la prensa local quería saber las repercusiones que dicha partida tendría para el Ajax. Fue ahí donde el adiestrador tulipán, al ser consultado sobre quién reemplazaría al emigrado, fue categórico señalando “el reemplazo lo tengo acá hermano. Lo vengo preparando hace un año. Su nombre es Jari Litmanen y tomen nota, porque esta temporada va a dar un concierto”.

Dicha campaña ocurrió lo que el guatón Luis había predicho. El finés se consagró como el mejor jugador de la liga local, goleador del torneo con 26 anotaciones y campeón con su club. Ese fue sólo el inicio de la era del Principito, quien adoraba que lo tildaran de esa forma porque su ídolo era Enzo Francescoli. 

La temporada 1994-1995 fue la consagración de Jari, no solo en el concierto holandés, sino que en el mundo. Ese Ajax lo ganó todo, culminando el año calendario 1995 con cinco títulos en sus vitrinas, dentro de los cuales destacó la Champions League en que derrotaron al AC Milán en la final, que era lo mejor del mundo en esa fecha. 

AFC Ajax | 1994-1996 | Van Gaal Era | UCL Winner + UCL Finalist - PES Stats  Database

Convertido en un súper héroe para la fanaticada local, en un líder en el vestuario y en una nueva deidad nacional en su Finlandia querida, el tipo se puso una meta más compleja aún, que era reeditar los éxitos obtenidos la campaña anterior. Triunfar es muy difícil, pero renovarse en la gloria lo es aún más, porque el ser humano tiende a conformarse. 

Mantenían la base del Ajax campeón, con un esquema 3-4-3 que de solo mirarlo resultaba espeluznante para todos aquellos que debían tenerlos como rival. Van der Saar al arco, Franck De Boer, Reiziger, Bogarte o Blind en la retaguardia, Davids, Ronald de Boer y Litmanen en el medio, para dejar arriba a punteros como Overmars o Finidi, y centro atacantes como Kluivert y Kanu. 

La Liga de Campeones 1995-1996 era la obsesión de los holandeses. Van Gaal había pegado el combo en la mesa cuando le vendieron a Seedorf a la Sampdoria. “Ninguno más. Clarence es mi primer y último titular que se va, sino me voy yo”, les dijo el adiestrador a la junta directiva, asustado de que tras el éxito copero le desmantelaran el plantel. Eran la vedette de Europa y lo sabían. 

Esa selecta Champions que solo aceptaba campeones locales y al último ganador, los recibía con alfombra roja. Asimismo, se mostraba en cierta medida benevolente con el sorteo de grupos para esa edición, dado que los cuadraba con el Real Madrid, el Ferencvaros húngaro y el Grasshopper suizo. 

Comenzarían su marcha triunfante al título enfrentando a los españoles en casa. Ese conjunto madrileño volvía a la principal cita europea, tras romper con la hegemonía impuesta por el Barcelona de Cruyff en el plano local. De la mano de Valdano, con grandes jugadores como Hierro, Redondo, Laudrup y Zamorano, los merengues metían miedo. Sin embargo, el Ajax estaba un escalafón más arriba y se lo puso en su conocimiento. Un gol de Overmars le daba un 1-0 a los neerlandeses para comenzar su defensa del trono de la mejor manera. 

Luego, se dieron un paseo con los otros dos rivales. Le fueron a meter cinco al Ferencvaros en Hungría y tres al Grasshopper de locales. Con la clasificación encaminada y para no ser tan groseros, concedieron un empate de visita en Suiza, para después visitar la Casa Blanca de Madrid. 

El Real se había puesto las pilas y tenía en la mira la punta de la tabla de clasificaciones. Si ganaban, alcanzaban a los holandeses en la cima, por lo que era un partido crucial para las expectativas de ambos. 

Lamentablemente para los hispanos, el Ajax estaba a otro nivel y fue una visita muy desagradable. El bueno de Jari abrió la cuenta con una gran jugada de equipo y Kluivert terminó de bajarle los humos a la tropa española. Un 2-0 que pudo ser más abultado para la constelación de estrellas de Lucho.

Así fue la última vez que el Ajax le ganó al Real Madrid en el Bernabéu

Un 4-0 ante el Ferencvaros de local, como una forma de culminar su labor de manera magistral y entregar una ópera de fútbol a sus aficionados, los posicionó cómodamente en el primer lugar, permitiéndoles evitar a los mejores de la fase de grupos. 

En los cuartos de final se vendría el Borussia Dortmund. Si había un rival bueno en el lote de los segundos, ese era el club alemán. Una escuadra que contaba con Sammer, Möller, Riedle y Kohler, entre otros. Una poderosa camada de ganadores que al año siguiente se llevaría el trono de Europa y que tenía subyugado al siempre poderoso Bayern Múnich a nivel local. 

Pero desafortunadamente también para los germanos, al frente estaba el Ajax. En el partido de ida, para no complicarse la vida, derrotaron a la máquina amarilla de la región de Westfalia por 2-0, con goles de Davids y Kluivert. Con ese resultado, hicieron de la vuelta un mero trámite, la cual resolvieron de manera positiva, volviendo a ganar, esta vez por 1-0 con anotación de Kiki Muzampa. 

La confianza que les daba haber derrotado al Dortmund con tranquilidad, los llevaba a enfrentar relajados la semifinal ante el Panathinaikos griego. Ese equipo que utilizaba una base local donde destacaba Apostolakis, el argentino Juanjo Borrelli y el polaco Warzycha. 

Acá vendría el primer gran susto del club holandés. En un partido que se presuponía sencillo para el Ajax, la sorpresa sería mayúscula cuando los griegos establecieron un candado impenetrable para los liderados por Jari, quienes no solo se vieron sorprendidos por esa imposibilidad de meter la pelota en las redes, sino que también por el gol de Warzycha, quien a tres minutos del final culminó una maravillosa contra con una definición de categoría ante el achique de Pinocho Van der Saar. 

Esa derrota en casa que cortaba una racha de veinte partidos invicto a nivel europeo para el club holandés, caló hondo en el vestuario. Van Gaal los empapeló a puteadas porque en su cuadrada cabeza no existía la posibilidad de ceder puntos en casa. Al igual que el adiestrador, los jugadores tampoco entendían el extraño duelo que habían tenido ante el cuadro ateniense. 

La tarea de remontar en tierras socráticas era titánica, porque las escuadras solían mejorar sus rendimientos en condición de local. Y el Panathinaikos no era la excepción. En la fase de grupos se había bajado al Nantes y al Dinamo de Kyev, mientras que en cuartos le había dado un baile al Legia Varsovia.

Si bien ir al coloso ateniense era duro, Jari estaba configurado genéticamente para enfrentar este tipo de desafíos con categoría. Si bien la banda holandesa no tendría la posibilidad de contar con Kluivert ni Overmars, las esperanzas de acceder a la finalísima no disminuían en lo absoluto. "¡Hay que hacer la gracia mierda!", se juramentaban previo a entrar a la cancha

Litmanen enfrentaba ese partido como líder del equipo. Las esperanzas de gol recaían completamente en sus botas. Lo sabía y le gustaba. Era parte de los sueños que él había configurado en su cabeza de chico y este reto lo motivaba. Atenas era una ciudad histórica y lo seducía volver a escribir un nuevo capítulo en el listado de hitos que albergaba la urbe griega. 

A los 4 minutos de juego, el rugido de Litmanen se hacía sentir en el monumental estadio repleto de camisetas verdes. Un córner servido por De Boer al segundo palo, que pivoteó Davids hacia el medio del área encontrando solo a Finidi, éste remató de zurda, quedó un rebote y esto fue aprovechado por El Principito, quien vio un espacio al costado izquierdo del pórtico y la ubicó ahí. 

Con el marcador igualado, los equipos comenzaron a jugar de cero. Los locales pujaban dentro de sus limitaciones, mientras el Ajax exhibía su talento confiado en que eso los llevaría a la gloria. Y fue así como llegó al minuto 77, en que una jugada por la derecha de Nwankwo Kanu concluye con un centro al área que encuentra perfectamente ubicado a Litmanen. 

Ante esa situación un jugador cualquiera hubiese buscado definir apresuradamente, dado que se encontraba ante la inminente marca de dos zagueros griegos, sin embargo Jari era distinto, por lo que controló el envío con el muslo derecho y definió de zurda, dejando sin opción a Wandzik. 

Una orgía de abrazos y besos se desató en la banca neerlandesa con la conversión del poeta escandinavo. Una verdadera joya que regalaba al mundo y que sufrían los más de setenta y siete mil espectadores que se encontraban en las gradas. Las famosas tragedias atenienses de Sófocles o Eurípides se volvían a presentar varios siglos después. 

A cuatro del final, Wooter coronaba el terrible asesinato de las esperanzas del cuadro del trébol y consolidaba el acceso de la banda de Lucho a la gran final de Europa por segundo año consecutivo. 


En el juego de desenlace se encontrarían con la Juventus. Fueron, sin lugar a dudas, los dos mejores equipos de la competición, por lo que existía una duda tremenda acerca de quien se llevaría el trono. El cuadro turinés era una locura en aquella época. Tenía a Peruzzi al arco, Ferrara con Montero en la zaga, Conte, Deschamps y Jugovic en el medio, para dejar a Vialli, Ravanelli y Del Piero en ataque. 

La cita fue en Roma, los veintidós gladiadores vestidos de gala para entregar un fútbol de primer nivel y un enorme lote de espectadores que anhelaban apreciar todo ese talento en el rectángulo de hierba de la misma ciudad donde siglos antes otros luchaban contra leones. 

El primer tiempo tuvo emociones para ambos lados, pero permitió ver que los errores forman parte del ser humano y como se habrían de notar aquella final. A los 14 minutos, el pícaro Fabrizio Ravanelli aprovechó una desinteligencia entre Pancho de Boer y el muñeco de madera Van der Saar, para birlarles el balón y definir con el arco vacío. 

A los 41 minutos pasaba lo mismo, pero en el pórtico contrario. Tiro libre del central De Boer y Peruzzi, pudiendo controlar, puñetea la esférica dejándola a merced del genio finés, quien controló en área chica y definió a placer a un costado del pánfilo de Angelo. Litmanen con aquella diana, llegaba a la cifra de nueve goles en la competición, erigiéndose como el capo cannonieri de la misma. 

El segundo tiempo sería un carrusel de llegadas. Ambos equipos tuvieron opciones claras de desnivelar, pero la bola no quiso entrar, debiendo dirimir al campeón mediante lanzamientos de pena máxima. El motorcito Davids y Silooy fallaron sus tiros, dejando al serbio Jugovic la posibilidad de darle un nuevo título a la Vecchia Signora, situación donde no fallaría y dejaría al Ajax ad portas del bicampeonato. 

La tristeza se apoderó de las huestes holandesas. Aquella batalla perdida sería decepcionante para todos los grandes cracks que formaron ese Dream Team del Ajax de los noventa y marcaría el comienzo del éxodo masivo de buena parte de sus héroes.

Si bien esa campaña europea culminó en un fracaso en la recta final para el gigante de Ámsterdam, la figura de Litmanen terminaría de consagrarse como un mito para los hinchas del club, dado que por su obra y gracia alcanzaron esa final que sólo el azar de los penales les quitó la chance de levantar una nueva orejona. 

En la historia se recuerda la famosa historieta del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, donde se narra la historia de un piloto que se encuentra con un príncipe venido del más allá. Dicha obra se llama "El Principito". Muchos niños en Holanda y en Finlandia, al leer dicho cuento, no tenían dudas que aquel personaje que se describía en esa novela tenía vida real. No apareció en el desierto del Sahara, sino que en canchas de fútbol por toda Europa y permitió replantearnos cosas, como si el balompié podía ser considerado arte o si aquella disciplina podía perfeccionarse tanto en los pies de un solo individuo. 

Jari Litmanen fue ese mago de fin de siglo y le tocó ser la voz de un pueblo que cayó por muchos años, pero que ya no se silencia más y tiene en él un comunicador de lo que su país puede entregarle al mundo entero.  

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