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El arquero de pocos amigos


Un día 22 de marzo de 1996, Buenos Aires, Argentina, Estadio José Amalfitani, ante 35.000 espectadores, un aguerrido golero paraguayo se graduó como el máximo ídolo de la historia de Vélez Sarsfield.

José Luis Félix Chilavert nació en Luque, Paraguay, el día 27 de julio de 1965. Para aquella época, Paraguay vivía bajo la dictadura de Alfredo Stroessner, que fue la más larga que hubo en Sudamérica durante el siglo XX, nada menos que treinta y cinco años se instaló el caballero. Su despotismo enfadó a sus enemigos, pero también a sus cercanos. Dentro del mismo ejército se planeó y ejecutó el golpe de estado que lo sacaría, siendo su propio consuegro Andrés Rodríguez el gestor de su salida. 

Para el año que se fue, Paraguay tenía una de las reparticiones de la tierra más desiguales del mundo, engrosaba la lista de los "honorables" mandatarios sudamericanos que violaron derechos humanos como quisieron, había un desbordado clientelismo político donde se ofrecían puestos de trabajo previa suscripción en el Partido Colorado y una aguda crisis con la iglesia católica, institución que se transformó en uno de los principales opositores a su gobierno. 

Durante esa década de los 60 en que el totalitarismo estatal se consolidaba, en Luque estaba pasando de todo con el deporte rey. Cinco años antes que José Luis viera la luz, nacía en la misma ciudad Julio César Romero, conocido mundialmente como "Romerito", uno de los mayores cracks de la historia del balompié paraguayo. 

En la casa de los Chilavert se hablaba solo de fútbol. Por cariño hinchaban por el Sportivo Luqueño, que no era de los mejores, pero tampoco de los peores. Una que otra vez sorprendía y eso los entusiasmaba, llevándolos a soñar con algún día ser parte de esas hazañas. Hablo de Chila y de su hermano Rolando, quien era cuatro años mayor y le iba a los mismos colores.

Cuando tenía solo nueve, Rola se sumaba al primer equipo del Sportivo Luqueño, indicándole el camino a seguir. El próximo tenía que ser él, habían imaginado muchas veces jugar juntos para el club de Luque. Es por ello que el guerrero de raza guaraní se aferró al fútbol como el deporte que le permitiría conseguir sus objetivos de vida, no solo personales, sino que también familiares. 

El tipo tuvo un ascenso meteórico en cadetes, que le permitió debutar en el arco del Auriazul a los 15 años. Al poco tiempo, se hizo con la titularidad y defendió el pórtico luqueño durante la histórica campaña de 1983 donde salieron subcampeones de liga. Con la mayoría de edad recién cumplida, lograba hacer realidad uno de sus sueños de chico, que era llevar al Azul y Oro a una temporada memorable, cosa que además conseguiría hacer con su brother.

Ese segundo lugar les dio la posibilidad de competir en la Copa Libertadores de 1984, donde quedarían eliminados en fase de grupos ante Independiente de Avellaneda. Luego, como si fueran un pack, el Guaraní contrataba a los hermanos Chilavert para que fortalecieran al equipo liderado por Cayetano Ré. Seis meses después se consagraban campeones del torneo local. 

Las actuaciones de José Luis no pasaban desapercibidas y fue San Lorenzo de Almagro quien ofertó para llevar a este diamante en bruto del pórtico paraguayo a atajar a Argentina. Tres temporadas estuvo con Los Gauchos de Boedo y se lo llevaron a jugar a España. Su nueva casa sería el Zaragoza.

José Luis Chilavert - Wikipedia, la enciclopedia libre

Estamos hablando de una época donde los equipos europeos tenían cupos limitados para incorporar jugadores extranjeros, por lo que llegar a Europa era una travesía muy difícil. Y el Chila lo hizo. Su aventura en la madre patria le permitió codearse con algunos de los mejores futbolistas del mundo, adquirir la experiencia necesaria para volver a Sudamérica y consagrarse como el mito que es hoy en día.

A mediados del año 1991, tiene lugar el hecho que marcaría para siempre la historia futbolística del guerrero guaraní. Ese minuto de la vida donde ocurren una serie de circunstancias que juegan a favor de una persona y de una institución que estaban destinadas a juntarse para marcar una época dorada.

A comienzos de la temporada 1991-1992, Chilavert no se encontraba conforme en Europa, quería mandar a tomar por culo a los aragoneses que lo habían contratado y le pidió a su agente que comience a buscar equipo en Sudamérica. Su primera opción fue volver a San Lorenzo, pero éstos lo rechazaron porque preferían dar rodaje a Óscar Passet. 

Como segunda opción apareció Vélez Sarsfield. José Luis debe haber pensado en aquel minuto que por sus capacidades podía aspirar a un club más importante en el concierto sudamericano, pero la oferta del club de Liniers le sedujo bastante, porque vio a una directiva ambiciosa que quería conformar un plantel competitivo para el medio argentino y lo tenía a él como pilar fundamental. 

El fútbol es como el amor a veces. Imagínese que a usted le atraía una determinada persona, pero ese interés no fue correspondido de la manera que deseaba, y en el proceso termina conociendo un amigo/a de aquél o aquella que suscitaba su atención inicial, con quien logra una mayor conexión y le demuestra mayor preocupación y afecto. Lo anterior lleva a que usted adopte la decisión de involucrarse sentimentalmente con esa persona y con el tiempo pase a ser el amor de su vida. Eso pasó con el arquero paraguayo y el club argentino. 

En aquel entonces, Vélez Sarsfield era un equipo pequeño en el fútbol argentino. Tenía sólo un título en ochenta años de historia. Su clásico rival es Ferrocarril Oeste, que en aquella época tenía más títulos de primera división que ellos y que unas temporadas antes había revolucionado al medio local bajo la dirección de Carlos Timoteo Griguol. 

Llegar al Fortín era como llegar hoy en día al Getafe en la Liga Española, al Sassuolo en la Liga italiana o al Crystal Palace en Inglaterra, que son elencos que de vez en cuando tienen buenas campañas, pero jamás pelean títulos. Llegó Chilavert en su presentación y dijo "Vengo a ser campeón con Vélez". Los periodistas se reían en su cara. Después de Nelson Mandela que quería frenar el Apartheid en Sudáfrica, era el tipo más idealista de la época. 
 
A esta unión exitosa le faltaba una tercera pieza fundamental, que se completó con la llegada a la dirección técnica de un ex jugador de la institución llamado Carlos Bianchi. El profesor vio que tenía plantel para competir con los mejores equipos de Argentina y les imprimió una mentalidad ganadora a ese conjunto de guerreros. Y al poco tiempo de su llegada haría historia consiguiendo ganar el Torneo Clausura 1993, lo que les daba derecho a competir en la máxima competición continental.

Torneo Clausura 1993. José Luis Chilavert, Héctor Almandoz ...

La fase de grupos de la Copa Libertadores de 1994 los ubicaba con Palmeiras, Cruzeiro y Boca Juniors. Tres equipos coperos y ellos. La experiencia para el club de Liniers era similar a cuando te cambiaban de colegio cuando chico. Entrabas a un lugar donde los otros conocían las dinámicas hace años, mientras que para ti todo era nuevo. Habían dos opciones, ser víctima de bullying o imponer respeto. Velez optó por esto último y salió primero del grupo. 

En octavos de final les tocó con Defensor Sporting. No se lograron sacar ventajas en los dos partidos y se fueron a penales, donde El Fortín se impuso con dos soberbias atajadas de José Luis Félix. En cuartos de final, enfrentaron a Minervén de Venezuela y lo derrotaron cómodamente por un 2-0 global. Dos duelos que sortearon mostrando una jerarquía importante, pero en semifinales venía lo bueno.

En la ronda de cuatro mejores, apareció el Junior de Barranquilla comandado por el Pibe Valderrama. Una derrota en la húmeda ciudad colombiana por 2-1 los puso contra las cuerdas, sin embargo, devolvieron el golpe en la capital argentina ganando por el mismo marcador. La regla mandaba a definir al finalista mediante lanzamientos de los doce pasos.

En aquel desenlace del juego ocurrió de todo, pero sin lugar a dudas la nota alta la dio el técnico Julio Comesaña. El adiestrador decidió ingresar al terreno de juego, interrumpiendo el lanzamiento del gordo Valenciano para protestar que Chilavert provocaba a los pateadores rivales. El paraguayo estaba insoportable, les decía de todo a sus contrincantes antes de sus remates, pero es parte del folclore del fútbol en esta parte del planeta. Lo que hacía Chila no era ajeno a lo que habían hecho miles antes que él, por lo que el arbitro desestimó los reclamos.

Los cuatro primeros lanzadores de cada equipo habían convertido y le tocaba al Turu Flores seguir la serie. El joven delantero falló y se desató la locura en el medio terreno. Los rayados de Barranquilla se burlaron de sus rivales y se armó una pelea que tuvo que ser intervenida por la fuerza policial. Entre titulares, reservas y cuerpo técnico de ambos elencos se recordaron la descendencia entera. Mientras eso pasaba, Méndez caminaba al círculo central para mandar al Junior a la final, sin embargo la figura de Chilavert se agigantó para detener el lanzamiento.

Volvían a fojas cero. Le tocaba a Basualdo por Vélez y convirtió. Le correspondía patear al Valderrama malo por los colombianos y falló. Ronald, el hermano del Pibe, mandaba el balón al vertical derecho de Chila y el modesto club del barrio Liniers avanzaba a la final. 

El último escollo para bajar su primera estrella continental era San Pablo, que había ganado las dos últimas ediciones. Un triunfo por 1-0 para los argentinos en Buenos Aires, fue contrarrestado por los paulistas en el Morumbí con el mismo marcador. El campeón se definiría nuevamente en los doce pasos. Ante más de 92.000 personas, la figura del guerrero guaraní se crecería para detener el remate de Palinha y posibilitar que el talentoso Roberto Pompei metiera el penal que lanzaría a Vélez al estrellato mundial.

José Luis Chilavert se metió en el desplante de Mauro Zárate a ...

Esa temporada culminó con Vélez ganando la Intercontinental en Japón al AC Milan de Fabio Capello con goles de Trotta y del Turco Assad. Chilavert cumplía su promesa de sacar campeón al club que lo contrataba, tanto a nivel local como mundial. Ese mismo 1994, Nelson Mandela, el idealista que quería combatir pacíficamente el Appartheid en Sudáfrica, salía elegido democráticamente presidente de su nación, siendo el primer hombre de raza negra en asumir ese cargo en el país africano. 

Había un aspecto del juego de Chilavert que ya sobresalía. No quería ser sólo un arquero más. Su ambición apuntaba al pórtico rival, no como un mero espectador de las jugadas de ataque de sus equipos, sino que como protagonista de las mismas mediante la única vía en que podía llegar a serlo: las pelotas paradas. Con el tiempo y a medida que adquiría mayor importancia en su club, comenzó a exigir su designación como primer lanzador. Mediante esa vía llegó a convertir un total de 62 goles en su carrera profesional. Dos de los más recordados los sufrió Germán Burgos. 

Por la tercera fecha del Clausura de 1996 jugaba Vélez contra River, los dos equipos más fuertes de Argentina en ese momento. Se daba un choque entre los mejores técnicos también, donde por un lado estaba el consagrado Carlos Bianchi, y por el otro, uno que no tardaría en ubicarse como un grande en la cabina técnica, el ex jugador Ramon Ángel Díaz.  

Tras un primer tiempo igualado, todo cambió en el minuto 22 del segundo tiempo. 

El balón se disputaba en medio terreno, recibe Raúl Cardozo y Francescoli le entra con fuerza. El juez cobra falta para Vélez. Christian Bassedas se aprestaba para reanudar el balón, seguramente con un pase para buscar una jugada de ataque. Súbitamente, se escucha alguien que viene corriendo como un rayo gritando "agáchate" e impacta la esférica. Acto seguido, todos los presentes en el estadio pudieron observar como la pelota impactada por Chilavert encontraba adelantado al Mono Burgos y se colaba vestida de gala por el centro del arco. Un gol de otro planeta, la pelota recorrió más de 50 metros para adherirse en las redes. El grito iba dirigido al árbitro del encuentro Carlos Mastrángelo.


Los hinchas de Vélez se tomaban la cabeza, gritaban eufóricos, porque no podían creer lo que habían visto. Chila ya los había acostumbrado a contener y convertir penales claves, anotar tiros libres, pero nunca se imaginaron un gol desde atrás de la mitad de cancha, ni menos que dicha conversión se produjera frente a River. El arquero con un bulldog en su camiseta, signo de personalidad, fiereza e instinto asesino volvía a hacer de las suyas en el Amalfitani. 

Ese partido lo terminó ganando Vélez 3-2 con un gol de Marcelo Popeye Herrera en los descuentos. Para dimensionar la importancia del gol, hay que pensar que ese Torneo Clausura lo ganó Vélez con 40 puntos, uno más que Gimnasia de La Plata. Sin esos tres puntos a River, sin ese aporte fundamental del Chila, el trofeo se encontraría en La Plata y no en Liniers. 

Muchos admiradores del balompié nos hemos preguntado cómo este chico de Luque pasó a convertirse en el mejor portero del mundo en la década de los 90. 

La explicación es que además de ser un tipo que tenía cualidades innatas que facilitaban su evolución en su puesto, como que medía 1,88 metros, no daba rebotes, tenía grandes reflejos y hacía portentosas tapadas, eso no hubiese sido nada sin el carácter fuerte, triunfador y aguerrido que tuvo durante toda su carrera. Los aspectos futbolísticos se trabajan y mejoran a lo largo del tiempo, pero con la personalidad se nace y éste traía el liderazgo desde la cuna. 

A Chilavert se le reconocerá en el mundo del fútbol por la capacidad que tenía de sorprendernos permanentemente a los aficionados. Cuando creías que el tipo ya lo había hecho todo, te sorprendía una vez más, como con aquel gol de atrás de mitad de cancha ante el rival más fuerte. Para los hinchas de Vélez, su arribo viene a cumplir la profecía de los textos sagrados que anunciaban la llegada del Mesías, motivo por el cual en el José Amalfitani se lo recuerda como una deidad que muchos privilegiados tuvieron la oportunidad de conocer. Y sí, éste hacía milagros.

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