Un día 11 de marzo de 2020, Liverpool, Inglaterra, estadio Anfield Road, ante 52.267 espectadores, un estratega argentino volvió a dar cátedra de fútbol desde un punto de vista táctico, ratificando que es uno de los mejores directores técnicos de la década.
El fútbol argentino se divide, al igual que el cristianismo, en un antes y un después de la aparición del Mesías. El año cero, que marca el nacimiento de Cristo para los cristianos, es el año 1960 para los fanáticos del balompié allá, que es el año en que nació Diego Maradona. Es más, en Argentina existe la religión maradoniana.
Si te llamas Diego y te dedicas al fútbol, olvídate de que te van a decir por tu nombre. El mejor consejo sería que te consiguieras un seudónimo que te guste, o bien, limítate a ser popularmente conocido por tu apellido. Eso se explica porque hay un sólo Diego. Al único que a veces lo tratan de Diego es a Milito, pero con el único fin de diferenciarlo de su hermano Gabriel que también es futbolista. Seguro en el futuro se hablará de Leo o Lio a secas, para referirse a Messi.
Vinieron muchos Diego antes y después que él. Algunos pasaron sin pena ni gloria, pero hubo uno que hizo y sigue haciendo historia, no sólo como jugador, sino que como entrenador también. Ese otro Diego se apellida Simeone.
Vinieron muchos Diego antes y después que él. Algunos pasaron sin pena ni gloria, pero hubo uno que hizo y sigue haciendo historia, no sólo como jugador, sino que como entrenador también. Ese otro Diego se apellida Simeone.
Diego Pablo Simeone nació en Buenos Aires, Argentina, el día 28 de abril de 1970. Sus orígenes nos llevan al barrio de San Nicolás, histórico lugar ubicado en el centro de la capital argentina, que debe su nombre a la construcción de la basílica de San Nicolás de Bari en 1935. Hoy en día, dentro de los límites de este barrio, se encuentran importantes instituciones públicas y financieras del país.
Cholo nace en 1970, en pleno período histórico llamado la "Revolución Argentina", que comprendió tres gobiernos de facto comandados por militares. Particularmente ese año, el general Marcelo Levingston le hizo un golpe de estado al general Onganía y tomó el poder de la nación. Trescientos días duró su aventura, que se caracterizó por un liderazgo carente de apoyo, donde su ideal de construir una nueva nación quedó en eso, en una idea.
Tras intentos infructuosos de establecer mandatos democráticos por la clase política de la época, las sombras de la dictadura militar se posarían definitivamente en 1976, infundiendo el pánico en toda la población.
Mientras todo eso pasaba en Argentina, el joven Diego sólo pensaba en fútbol. Su padre revelaba que la primera palabra que dijo no fue ni "mamá" ni "papá", sino que fue "gol". De chico fue muy inteligente, se fascinó con este deporte y se propuso ser uno de los buenos, que si no iba a ser así mejor estudiaba, porque cabeza tenía para dedicarse a otras cosas.
Comenzó su carrera futbolística en el año 1987 en Vélez Sarsfield, donde fue bautizado como "Cholo", debido a que ese era el seudónimo utilizado para referirse a un histórico jugador del club de Liniers, llamado Carmelo Simeone. Las características de juego de ambos Simeone eran similares, por lo que su técnico en las inferiores empezó a decirle de esa forma y él lo naturalizó.
Después Diego Pablo vestiría las camisetas de Pisa, Sevilla, Atlético de Madrid, Inter, Lazio y Racing Club. Jugó de todo, porque tenía cualidades futbolísticas para hacerlo, pero principalmente se desempeñaba en el centro del campo, donde se caracterizó por ser un perro de caza a la hora de recuperar el balón y un arquitecto a la hora de construir jugadas de ataque.
Comenzó su carrera futbolística en el año 1987 en Vélez Sarsfield, donde fue bautizado como "Cholo", debido a que ese era el seudónimo utilizado para referirse a un histórico jugador del club de Liniers, llamado Carmelo Simeone. Las características de juego de ambos Simeone eran similares, por lo que su técnico en las inferiores empezó a decirle de esa forma y él lo naturalizó.
Después Diego Pablo vestiría las camisetas de Pisa, Sevilla, Atlético de Madrid, Inter, Lazio y Racing Club. Jugó de todo, porque tenía cualidades futbolísticas para hacerlo, pero principalmente se desempeñaba en el centro del campo, donde se caracterizó por ser un perro de caza a la hora de recuperar el balón y un arquitecto a la hora de construir jugadas de ataque.
La selección argentina fue su gran amor. Se entregaba como ninguno y era un apasionado cada vez que se ponía la camiseta albiceleste. Formó parte de la última generación de futbolistas argentinos que obtuvieron títulos a nivel adulto, la de los noventa, que tenía una calidad excepcional.
Sin el aporte de un complicado Maradona, en esa década Argentina tuvo que aprender a funcionar como un colectivo más que depender de la figura de una superestrella, y los chicos respondieron a cabalidad. Clasificaron a los mundiales de Estados Unidos y Francia, ganaron dos Copas América (1991 y 1993) y establecieron un predominio fuerte a nivel continental. En todo eso, el Cholo fue esencial con su entrega en el mediocampo.
Hay un par de anécdotas de su paso por la Selección que permiten definir lo que vendría a ser como técnico.
La primera, la cuenta Bilardo. Los futboleros sabemos que Carlitos era el rey de la obsesión, un tipo que estaba en cada detalle del juego. Una de las reglas que establecía era que los jugadores que se posicionaban del mediocampo hacia la defensa no podían cruzar la mitad de la cancha para ir a celebrar un gol, porque se cansaban al atravesar corriendo todo o parte del terreno de juego. Cuenta el DT que Simeone, con sólo 20 años, entendía mejor esa instrucción que muchos compañeros de equipo de mayor edad y que, a su vez, cuando los otros, producto de la emoción partían a festejar, era él quien a punta de puteadas los mandaba a no perder su puesto habitual.
La segunda, la cuentan varios de sus compañeros de selección. Dicen que nadie quería irse sentado al lado de él en el bus de vuelta de cada partido, porque se iba transmitiendo todo el trayecto las cosas que, a juicio suyo, el equipo había hecho bien o mal y las que tenía que corregir. Asimismo, eran las criticas individuales, donde tomaba un compañero y le analizaba en detalle las cosas que debía mejorar.
Era que no, el Cholo ya en su última etapa como jugador de Racing Club se preparaba para ser director técnico. Una vez que anunció su retiro, fue la misma dirigencia de la Academia la que le ofreció continuar en el club, esta vez en el banquillo. Su periplo en el equipo de sus amores fue corto, porque no contó con la venia de sus superiores para seguir a cargo.
Hay un par de anécdotas de su paso por la Selección que permiten definir lo que vendría a ser como técnico.
La primera, la cuenta Bilardo. Los futboleros sabemos que Carlitos era el rey de la obsesión, un tipo que estaba en cada detalle del juego. Una de las reglas que establecía era que los jugadores que se posicionaban del mediocampo hacia la defensa no podían cruzar la mitad de la cancha para ir a celebrar un gol, porque se cansaban al atravesar corriendo todo o parte del terreno de juego. Cuenta el DT que Simeone, con sólo 20 años, entendía mejor esa instrucción que muchos compañeros de equipo de mayor edad y que, a su vez, cuando los otros, producto de la emoción partían a festejar, era él quien a punta de puteadas los mandaba a no perder su puesto habitual.
La segunda, la cuentan varios de sus compañeros de selección. Dicen que nadie quería irse sentado al lado de él en el bus de vuelta de cada partido, porque se iba transmitiendo todo el trayecto las cosas que, a juicio suyo, el equipo había hecho bien o mal y las que tenía que corregir. Asimismo, eran las criticas individuales, donde tomaba un compañero y le analizaba en detalle las cosas que debía mejorar.
Era que no, el Cholo ya en su última etapa como jugador de Racing Club se preparaba para ser director técnico. Una vez que anunció su retiro, fue la misma dirigencia de la Academia la que le ofreció continuar en el club, esta vez en el banquillo. Su periplo en el equipo de sus amores fue corto, porque no contó con la venia de sus superiores para seguir a cargo.
Luego, vendrían Estudiantes de La Plata, River Plate y San Lorenzo de Almagro. Con el Pincha ganó el Torneo Apertura 2006 y con los Millonarios obtuvo el Torneo Clausura 2008.

Su experiencia dirigiendo en su país fue de dulce y de agraz, porque si bien obtuvo esos dos títulos, su etapa final en River Plate fue desastrosa. En su última campaña en el club de la banda sangre, logró sólo un triunfo en 13 jornadas, lo que sería la antesala del histórico descenso a la B.
Casi llegó a Chile a principios del 2011. La U tenía dos candidatos a la banca azul: Diego Simeone y Jorge Sampaoli. Fue elegido el calvo y el resto es historia. Eso sí, el Cholo no lo lamentaría mucho, porque tras haber sido rechazado por el club universitario lanzaría su carrera en el Viejo Continente, específicamente en el Catania de la Serie A italiana, club con el que hizo una campaña más que aceptable salvándole del descenso.
A mediados del año 2011, rescindió contrato con el Catania y vuelve a Racing Club por segunda vez, donde permanece sólo 6 meses. Esto porque el otro club de sus amores lo vino a buscar para llevárselo. Ese equipo era el Atlético de Madrid.
Hasta antes de la llegada del Cholo, el Atlético llevaba 15 años sin levantar una copa a nivel local. La última había sido el doblete de Liga y Copa del Rey de la mano de Radomir Antic en 1996, donde Simeone estuvo presente como jugador. Ese mediocampo colchonero era de miedo, dado que al argentino se sumaban Vizcaíno, el serbio Pantic y José Luis Pérez Caminero, con quien habría existido un lío de faldas.

Casi llegó a Chile a principios del 2011. La U tenía dos candidatos a la banca azul: Diego Simeone y Jorge Sampaoli. Fue elegido el calvo y el resto es historia. Eso sí, el Cholo no lo lamentaría mucho, porque tras haber sido rechazado por el club universitario lanzaría su carrera en el Viejo Continente, específicamente en el Catania de la Serie A italiana, club con el que hizo una campaña más que aceptable salvándole del descenso.
A mediados del año 2011, rescindió contrato con el Catania y vuelve a Racing Club por segunda vez, donde permanece sólo 6 meses. Esto porque el otro club de sus amores lo vino a buscar para llevárselo. Ese equipo era el Atlético de Madrid.
Hasta antes de la llegada del Cholo, el Atlético llevaba 15 años sin levantar una copa a nivel local. La última había sido el doblete de Liga y Copa del Rey de la mano de Radomir Antic en 1996, donde Simeone estuvo presente como jugador. Ese mediocampo colchonero era de miedo, dado que al argentino se sumaban Vizcaíno, el serbio Pantic y José Luis Pérez Caminero, con quien habría existido un lío de faldas.
La prensa rosa de la época sostuvo que Pepe habría compartido ring de cuatro perillas con la ex pareja de Diego, la modelo Carolina Baldini. ¡No te juzgamos Caminero!, hay que tener muchos cojones para rechazar una propuesta de cualquier tipo de la señorita en cuestión.
Quince años después el destino los volvería a unir, puesto que José Luis era el director deportivo del Atlético a la llegada de Simeone. Si le dio trabajo como forma de recompensar una traición del pasado o si lo hizo por sus antecedentes como director técnico, o por ambas razones, es un enigma no resuelto aún.
Quince años después el destino los volvería a unir, puesto que José Luis era el director deportivo del Atlético a la llegada de Simeone. Si le dio trabajo como forma de recompensar una traición del pasado o si lo hizo por sus antecedentes como director técnico, o por ambas razones, es un enigma no resuelto aún.
Sea como haya sido, la etapa de Simeone en el club colchonero es la más exitosa de su historia. En los poco más de 8 años que el Cholo lleva dirigiendo al Atlético de Madrid, el club obtuvo tres títulos locales y cuatro títulos internacionales.

En la memoria colectiva quedan las dos finales de Liga de Campeones perdidas por el Atlético ante su clásico rival de la ciudad, pero curiosamente, en la era Simeone, el club colchonero ha jugado cinco finales de copas con el Real Madrid, con un registro de tres victorias y dos derrotas.
El primer golpe lo propinó el Atlético venciendo al Real a domicilio en la final de Copa del Rey del año 2013, con aquel recordado gol en la prórroga de Miranda.
La respuesta del club merengue no se haría esperar, dado que vencerían a su vecino en la final de Champions League de la temporada 2013-2014, con ese recordado cabezazo en los descuentos de Sergio Ramos y después la violación en tiempo extra con anotaciones de CR7, Gareth y Marcelo.
Un nuevo puñetazo daría el Atlético derrotando al Real Madrid en la final de la Supercopa Española del año 2014, que terminó ganando por un 2-1 global, tras vencer por 1-0 en el Vicente Calderón con un tanto de Súper Mario Mandzukic.
Un nuevo puñetazo daría el Atlético derrotando al Real Madrid en la final de la Supercopa Española del año 2014, que terminó ganando por un 2-1 global, tras vencer por 1-0 en el Vicente Calderón con un tanto de Súper Mario Mandzukic.
El Real volvería a contestar con un nuevo triunfo en otra final de Champions League, en este caso la de la temporada 2015-2016, donde los Cholo Boys pierden en lanzamientos de penales. Esa final será recordada porque Griezmann malogra un penal en tiempo reglamentario, que le pudo haber otorgado la copa a los rojiblancos.
El último cachetazo lo repartió el Atlético en la final de la Supercopa Europea del año 2018, donde exhibió su superioridad en el tiempo extra con goles de Saúl y Koke, tras igualar a dos tantos en los noventa minutos. Con la obtención de ese título, Simeone superó a Luis Aragonés como el técnico más ganador de la historia de los colchoneros.
Y la leyenda de Simeone sumó un nuevo capítulo hace algunas semanas.
Después de pasar una dura fase de grupos, el Atlético de Madrid quedó emparejado con el Liverpool en octavos de final de la presente Champions League. El equipo inglés es el mejor del mundo actualmente, es el vigente campeón de la competición, a lo cual se suma que esta temporada batió el récord del mejor arranque liguero en la historia de la Premier League y se aprestaba a batir el de mayor cantidad de puntos y victorias.
El último cachetazo lo repartió el Atlético en la final de la Supercopa Europea del año 2018, donde exhibió su superioridad en el tiempo extra con goles de Saúl y Koke, tras igualar a dos tantos en los noventa minutos. Con la obtención de ese título, Simeone superó a Luis Aragonés como el técnico más ganador de la historia de los colchoneros.
Y la leyenda de Simeone sumó un nuevo capítulo hace algunas semanas.
Después de pasar una dura fase de grupos, el Atlético de Madrid quedó emparejado con el Liverpool en octavos de final de la presente Champions League. El equipo inglés es el mejor del mundo actualmente, es el vigente campeón de la competición, a lo cual se suma que esta temporada batió el récord del mejor arranque liguero en la historia de la Premier League y se aprestaba a batir el de mayor cantidad de puntos y victorias.
Cualquiera hubiese pensado que era una tragedia que te tocara un equipo con ese prontuario... menos para el Cholo. Al contrario de como funciona el normal de los entrenadores y jugadores, Simeone y sus dirigidos se prenden aún más cuando les toca competir contra los mejores.
El Atlético llegó a Anfield con una ventaja de 1-0 obtenida en su cancha, donde los soldados colchoneros se partieron el alma para conseguirla. Todos los amantes del fútbol, menos los hinchas del Atlético, creían que en Anfield el Liverpool mostraría su superioridad y se impondría fácilmente. No había forma de que ese equipo, con la delantera extraordinaria que tiene, pudiese quedar afuera. Pero el Cholo y sus jugadores tenían otros planes.
Acabados los 90 minutos del partido de vuelta, el Liverpool vencía 1-0, por lo que correspondía irse al alargue. Durante el tiempo regular, el Cholo había hecho un sólo cambio: al verse en desventaja en el marcador y a sabiendas de que el local trataría de abrochar el partido, decidió poblar el mediocampo reemplazando a Diego Costa por Marcos Llorente. Le tocaba a Joao Félix hacer todo el desgaste sólo en ataque.
Llegado al alargue, se notaba mejor el Liverpool. Los jugadores del Atlético lucían cansados por el desgaste que arrastraban de los 90 minutos jugados y se preveía lo peor. El vaticinio general comenzaba a hacerse realidad cuando Firmino ponía el 2-0. Pero al equipo madrileño nunca se lo puede dar por vencido hasta el pitido final.
Como todo general de guerra, uno tiene su soldado estrella, ese que brilla en una batalla puntual. En la que libraban en Anfield Road, el guerrero destacado fue Marcos Llorente. Tres minutos después del gol del Liverpool, un error garrafal de Adrián al despejar el balón, le permite a Llorente convertir el 2-1, con un gran remate de media distancia que reflejó las falencias del guardameta español que defendía el arco británico. Con ese gol de visita pasaban los hispanos, pero el Cholo pedía calma.
El minuto 102 resultó clave, porque Simeone ve que los defensores de Liverpool están dejando espacios por estar volcados en búsqueda del tercer gol y Joao Félix está muy cansado como para aprovechar esas ventajas, motivo por el cual lo cambia por Morata, inclusión que resulta clave para el desenlace del partido.
En el minuto 105, Morata inicia una contra, recorre un buen trayecto, se acerca al área del Liverpool y lo ve a Llorente, le pasa el balón y qué le dijeron al soldado estrella, encara a los defensores, genera un espacio donde puede gatillar para hacer daño y remata convirtiendo un verdadero golazo, desatando así la locura total de la banca y la hinchada rojiblancas, porque ya la misión que parecía imposible se veía más posible que nunca.
El Atlético llegó a Anfield con una ventaja de 1-0 obtenida en su cancha, donde los soldados colchoneros se partieron el alma para conseguirla. Todos los amantes del fútbol, menos los hinchas del Atlético, creían que en Anfield el Liverpool mostraría su superioridad y se impondría fácilmente. No había forma de que ese equipo, con la delantera extraordinaria que tiene, pudiese quedar afuera. Pero el Cholo y sus jugadores tenían otros planes.
Acabados los 90 minutos del partido de vuelta, el Liverpool vencía 1-0, por lo que correspondía irse al alargue. Durante el tiempo regular, el Cholo había hecho un sólo cambio: al verse en desventaja en el marcador y a sabiendas de que el local trataría de abrochar el partido, decidió poblar el mediocampo reemplazando a Diego Costa por Marcos Llorente. Le tocaba a Joao Félix hacer todo el desgaste sólo en ataque.
Llegado al alargue, se notaba mejor el Liverpool. Los jugadores del Atlético lucían cansados por el desgaste que arrastraban de los 90 minutos jugados y se preveía lo peor. El vaticinio general comenzaba a hacerse realidad cuando Firmino ponía el 2-0. Pero al equipo madrileño nunca se lo puede dar por vencido hasta el pitido final.
Como todo general de guerra, uno tiene su soldado estrella, ese que brilla en una batalla puntual. En la que libraban en Anfield Road, el guerrero destacado fue Marcos Llorente. Tres minutos después del gol del Liverpool, un error garrafal de Adrián al despejar el balón, le permite a Llorente convertir el 2-1, con un gran remate de media distancia que reflejó las falencias del guardameta español que defendía el arco británico. Con ese gol de visita pasaban los hispanos, pero el Cholo pedía calma.
El minuto 102 resultó clave, porque Simeone ve que los defensores de Liverpool están dejando espacios por estar volcados en búsqueda del tercer gol y Joao Félix está muy cansado como para aprovechar esas ventajas, motivo por el cual lo cambia por Morata, inclusión que resulta clave para el desenlace del partido.
En el minuto 105, Morata inicia una contra, recorre un buen trayecto, se acerca al área del Liverpool y lo ve a Llorente, le pasa el balón y qué le dijeron al soldado estrella, encara a los defensores, genera un espacio donde puede gatillar para hacer daño y remata convirtiendo un verdadero golazo, desatando así la locura total de la banca y la hinchada rojiblancas, porque ya la misión que parecía imposible se veía más posible que nunca.
El broche de oro de la noche fue una extraordinaria combinación entre Morata y Llorente, donde este último habilita al primero con espacio, quien echa a correr el balón de cara al arco rival, enfrenta a Adrián, define con un zurdazo raso que pasa entre las piernas del desagraciado guardameta y sella el definitivo 3-2.
Ese partido en Anfield se lo gana Simeone a Klopp desde un punto de vista táctico. El tipo debía resolver cómo enfrentar al mejor equipo de Europa, que demuestra solidez en cada una de las líneas del campo de juego, siendo el poderío ofensivo su fuerte. No puedes ir a atacarlo con muchos hombres porque son expertos en aprovechar espacios que los equipos contrarios dejan. Debes partir de la base de construir una buena defensa, con rigidez táctica, que cada uno de tus jugadores entienda su rol dentro del campo de juego, pero no se logrará la victoria sólo con eso, lo que te obliga a trabajar en la elaboración de jugadas de ataque que cumplan el doble objetivo de generar peligro y no producir espacios en la retaguardia que puedan ser usados por el rival para anotar de contra.
Se puede apreciar que era una tarea titánica, pero como en tantas ediciones de competencias europeas en estos ocho años, el Atlético del Cholo volvió a dar una clase magistral de cómo derrotar a uno de los grandes equipos del continente. Lo había hecho antes con el mejor Barcelona, el mejor Bayern Múnich, o uno de los mejores Chelsea, entre otros.
La historia futbolística argentina no permite otro Diego en el pedestal divino, pero sin lugar a dudas este es uno que debe tener un sitial cerca del cielo, por todo lo que ha entregado al fútbol como jugador y entrenador, exhibiendo niveles de profesionalismo y excelencia de otro nivel. Un maestro dentro y fuera del campo, una biblioteca del fútbol, un ganador, un chico de San Nicolás que se entregó como nadie a su pasión y a sus grandes amores.
La historia futbolística argentina no permite otro Diego en el pedestal divino, pero sin lugar a dudas este es uno que debe tener un sitial cerca del cielo, por todo lo que ha entregado al fútbol como jugador y entrenador, exhibiendo niveles de profesionalismo y excelencia de otro nivel. Un maestro dentro y fuera del campo, una biblioteca del fútbol, un ganador, un chico de San Nicolás que se entregó como nadie a su pasión y a sus grandes amores.
Comentarios
Publicar un comentario