Un día 6 de septiembre de 1995, Londres, Inglaterra, estadio Wembley, ante 20.000 espectadores, un alocado arquero sudamericano exhibió ante el mundo del fútbol su famosa pirueta conocida como "El Escorpión".
José René Higuita Zapata, colombiano, nacido y criado en Medellín, llegó al mundo un día 27 de agosto de 1966. Aquel año se estaba poniendo brava la cosa en Colombia. Tras un período de fuerte y violenta rivalidad entre liberales y conservadores en la década de los cincuenta, ambos grupos se pusieron en la buena y acordaron gobernar conjuntamente durante 16 años, alternándose en el poder y repartiéndose los cargos públicos en partes iguales. Para 1966 comenzaba el tercero de estos mandatos, liderado por Carlos Lleras Restrepo del Partido Liberal.
Dos años antes, se creaba el movimiento guerrillero conocido como las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y un año después de eso surgía el ELN (Ejército de Liberación Nacional), quienes tomando como ejemplo la revolución cubana creían en una vía alternativa para tomar el poder basada en la lucha armada. Lo que el pueblo colombiano no se imaginaba en esa fecha, que más que unos libertadores de las oligarquías que gobernaban el país, tendrían unos grupos de terroristas que harían historia por los ríos de sangre derramados a consecuencia de sus acciones.
Totalmente ajeno a los sucesos históricos que vivía la nación para esa época, residían los Higuita en una casa en el barrio Castilla. De pequeño le tocó una vida dura a nuestro amigo René. Hijo de madre soltera, perdió a ésta cuando era niño, quedando a cargo de su crianza su abuela Ana Felisa. "Sea juicioso mijo", "Que el divino niño de Atocha me lo proteja" o "No deje sus estudios por andar jugando fútbol o por salir a camellar", eran algunas de las frases que escuchó en su infancia y que lo habrían de formar como un caballero.
De milagro que se convirtió en arquero, puesto que a él le gustaba marcar goles. Fue siempre nueve, hasta que para un torneo escolar donde se iban a escoger jugadores para el Independiente de Medellín, el portero de su equipo no llegó y René se puso las guantes. Con esa inconsciente decisión de parchar al guardameta marcaría su destino para siempre, convirtiéndose en uno de los más grandes de la historia del país cafetero.
Cuando Higuita actuaba parecía que el tiempo se paralizaba porque todas las miradas se concentraban en él, dado que tenía una forma de concebir el puesto de arquero muy osada. Era de esos que salía jugando, eludía rivales llegando con balón dominado a medio terreno, habilitaba compañeros en acciones ofensivas, tenía visión de juego, era férreo achicando espacios y marcando delanteros rivales cuando la situación así lo ameritaba. Podría haberse desempeñado en cualquier posición, pero se quedó con el arco, porque así tenía una panorámica general de cómo se estaba desarrollando el partido. Ese tipo de portero quedó lamentablemente en desuso, puesto que la preparación de hoy en día, se limita única y exclusivamente a su condición de guardianes del tesoro que los once piratas rivales desean conseguir.
Cuando Higuita actuaba parecía que el tiempo se paralizaba porque todas las miradas se concentraban en él, dado que tenía una forma de concebir el puesto de arquero muy osada. Era de esos que salía jugando, eludía rivales llegando con balón dominado a medio terreno, habilitaba compañeros en acciones ofensivas, tenía visión de juego, era férreo achicando espacios y marcando delanteros rivales cuando la situación así lo ameritaba. Podría haberse desempeñado en cualquier posición, pero se quedó con el arco, porque así tenía una panorámica general de cómo se estaba desarrollando el partido. Ese tipo de portero quedó lamentablemente en desuso, puesto que la preparación de hoy en día, se limita única y exclusivamente a su condición de guardianes del tesoro que los once piratas rivales desean conseguir.
Para la década de los ochenta, el fútbol colombiano podía competir fácilmente a nivel económico con los principales equipos de América producto del dinero del narcotráfico. Los principales capos de la droga "invertían" en los clubes profesionales como un mecanismo para lavar dinero. Fue así que los Rodríguez Orijuela estaban detrás del América de Cali, Gonzalo Rodríguez Gacha en Millonarios y Pablo Emilio Escobar Gaviria en los dos clubes de Medellín, el DIM y el Atlético Nacional. Este último sería el equipo de René.
El año 1986 marcaría el inicio de la meteórica carrera del Loco como golero con su llegada al Atlético Nacional, así como también sellaría el comienzo de su estrecha relación con Pablito. El club verdolaga armaría un equipo histórico de la mano de Francisco Maturana. Imposible no recordar esa columna vertebral con Higuita al arco, Andrés Escobar en la defensa, patrón Leonel Alvárez en el medio y Tréllez o el Palomo Usuriaga en ataque que ganó la Copa Libertadores de 1989, obra cúlmine del trabajo del Pacho en Medellín, que lo llevaría más tarde a la Selección Colombia.

El club paisa llegaba a ese torneo continental como subcampeón del Campeonato Colombiano de 1988. Para la edición en que lograrían el triunfo, compartieron grupo con Millonarios, Deportivo Quito y Emelec. Obtendrían el segundo lugar tras el gigante de Bogotá, superando a las dos escuadras ecuatorianas.
En octavos de final les tocó enfrentar a Racing Club de Avellaneda. Fue una eliminatoria dramática que se definió a cuatro minutos del final en el partido de vuelta en Argentina. A la ida había ganado el Nacional por 2-0 y en Buenos Aires se imponía la Academia por el mismo marcador, hasta la aparición de Felipe Pérez Urrea, quien descontó y clasificó a los colombianos.
En cuartos de final se volvían a ver las caras con sus queridos amigos de Millonarios. El plantel del club capitalino para esa temporada era brutal. Partía con el histórico portero argentino Sergio Goycoechea y finalizaba con el delantero titular de la selección colombiana de la época, el gran Arnoldo Iguarán. Sin embargo, dichas estrellas no fueron obstáculo para que el verdolaga dejara en el camino a su rival, derrotándolo por un 1-0 en Medellín y empatando a 1 en El Campín de Bogotá, con gol de Julián Tréllez a diez minutos del final.
En semifinales enfrentaron a Danubio, que venía precedido de buenas actuaciones, sin embargo, lo sacarían a bailar rumba, bachata y ballenato en Medellín. Tras un empate a cero en Montevideo, los charrúas se comieron 6 goles en Culombia. Cuatro de esas anotaciones fueron convertidas por el Palomo Usuriaga, quien pudo haber hecho un quinto de haber sido egoísta, pero le cedió los honores a Arboleda. Con ese desplante escénico llegaban a la final contra Olimpia de Paraguay.
El club paraguayo era dirigido por una vieja gloria uruguaya, el otrora puntero Luis Cubillas. A medida que transcurrió la competición se fueron haciendo un sólido equipo y resultaban un rival duro a batir en el partido decisivo.
Esa Copa los elencos paraguayos tuvieron una particular forma de clasificarse a la siguiente ronda. Salieron sorteados con los chilenos en la fase regular. El último duelo lo debían librar Sol de América y Olimpia. Un día antes en Calama, igualaban a dos goles Cobreloa y Colo Colo, lo que los dejaba clasificados a ambos, salvo un milagro: que Sol de América le ganara 5-4 a Olimpia.
No me va a creer, pero Dios estaba de lado de los guaraníes en esa Copa y "sorprendentemente" se dio el resultado que ambos necesitaban para pasar a la siguiente ronda. Ganó Sol de América por 5-4, eliminando a Colo Colo. El defensa central titular de ese Olimpia, que lamentablemente tuvo un partido nefasto al fallar en numerosas marcas a los delanteros rivales, se llama Gustavo Benítez, y seis años después fue técnico del equipo chileno.
Fuera de esa particular vía que los llevó a la fase final, el Decano del fútbol paraguayo hizo los méritos para disputar el partido decisivo. Dichas memorables actuaciones las ratificaron en el partido de ida de esa definición, en la cual derrotaron por 2-0 a los paisas en el Defensores del Chaco.
El Atlético Nacional se veía obligado a remontar un resultado complicado. Por el tema del aforo de los estadios en las finales de Copa debía jugar en El Campín de Bogotá, elemento adverso que se sumaba a la desventaja obtenida en Paraguay. No obstante lo anterior, ese plantel tenía gónadas y las habría de exhibir ante toda América esa noche. Ganaron 2-0 con autogol de Fidel Miño y una nueva conversión del Palomo Usuriaga. Se decidiría al campeón en penales.

La historia la recuerda como una de las definiciones más increíbles que se haya visto en Copa Libertadores. Patearon un total de nueve jugadores por equipo. Tras las cinco penas máximas iniciales, estaban igualados a cuatro goles y entraban en la muerte súbita. Se erraron siete penales seguidos: Higuita atajó los lanzamientos de González, Guasich y Balbuena, que le dieron tres oportunidades al Nacional para vencer, pero Felipe Pérez, Gildardo Gómez y Luis Carlos Perea fallaron sus tiros. Noveno penal de Olimpia y Vidal Sanabria manda el balón a Medellín, quedándole una nueva oportunidad al patrón Leonel Álvarez.
Para esa definición, Leonel vio que estaba noveno en la lista y se fue a armar un porrito. "No pateo hoy día. Cómo no se va a definir esta vaina antes del noveno penal", pensaba un relajado Álvarez. Cuando vio que Ever Almeida le atajaba formidablemente el penal a Perea se quería cortar un huevo. "Este hijueputa falló el penal", le dice a uno de sus compañeros. Se relajó cuando vio que los paraguayos malograban una nueva oportunidad, porque así la mochila no le caía tan pesada. Se puso frente a frente con el arquero guaraní, consciente de que era el responsable de patear el lanzamiento que llevaría a su equipo a la gloria. Es así que, con toda la tranquilidad que le había dado el consumo de cannabis, decidió a un lado que no fue descifrado por su rival y anotó el gol del título. Atlético Nacional campeón.
René fue un goleador dentro y fuera de la cancha. Aparte de ser un conquistador innato y un maestro de la ginecología sin necesidad de cursar estudios de medicina, fue un tipo que se animó a patear pelotas paradas y replicó la manera de jugar como arquero-líbero. Dicha forma de actuar sobre el terreno de juego le trajo una consecuencia catastrófica en Italia 90, cuando en el duelo por los octavos de final de la Copa Mundial, Roger Milla le birló el balón y convirtió el gol definitivo que clasificaría a los cameruneses a cuartos de final por primera vez en la historia.

Para la temporada 1991-1992, tendría su oportunidad en Europa. Pacho Maturana era contratado como DT en el Real Valladolid de España y decidía ocupar las plazas de extranjero con René, Leonel Álvarez y el Pibe Valderrama. Duraría un sólo año en tierras pucelanas y regresaría a su querida Colombia. A su vuelta, terminaría haciendo noticia por cosas extrafutbolísticas.
Buen amigo de sus amigos, le jugó en contra en 1991, cuando se le ocurrió ir a visitar a su pana Pablo Emilio a la cárcel La Catedral. Un ingenuo René confesó a los medios tras ser descubierto en la entrada de aquella "prisión", su amistad con el caballero que estaba llenando de bombas las calles de las principales ciudades del país, cosa que lo perjudicó un par de años después, cuando se lo involucró en el secuestro de una menor y se lo condenó a pasar un tiempo en "Canadá", coloquial manera de llamar a la cárcel. Curiosamente, ese año 1994, sus compañeros de selección irían al país limítrofe de aquel donde se encontraba Higuita, a Estados Unidos me refiero, para competir en el Mundial, acabando como la gran decepción del torneo.
Tras su pretemporada forzada en la república canadiense, el Loco Higuita se propuso volver con todo. Tuvo una gran actuación en el cuadrangular del torneo carcelario de "Medallo" conformado por cuatro equipazos: Culicagados FC (equipo de jóvenes entre 19 y 21 años), los Arrechos (elenco formado principalmente por delincuentes sexuales), los Hijueputas (que comprendía a homicidas) y los Camellos de Dios (grupo de evangélicos). René era el arquero y capitán de este último elenco, con el cual hicieron historia en la temporada 1993-1994.
Cuando recuperó la libertad, se incorporó al Atlético Nacional nuevamente, apoderándose de un lugar en el pórtico verdolaga. Sus grandes actuaciones, particularmente en Copa Libertadores donde los paisas llegaron a la final, le valieron un nuevo llamado a la selección cafetera, esta vez comandada por el Sancho Panza de Francisco Maturana, el gran Hernán Darío Gómez, conocido universalmente como Bolillo. Consciente de que debía formar bases sólidas para su equipo, llamó a René para empezar a formar esa columna vertebral. Y así llegó una invitación a jugar en Wembley con Inglaterra.
En el apogeo del verano europeo, los colombianos partían a jugar a la Catedral del fútbol. Bolillo paró un once estelar con el Pibe, el Tino, Freddy, patrón Bermúdez, Harold, el gordo Valenciano y, como no, René al arco. Los ingleses no querían ser menos y formaban con Seaman, Adams, McManaman, Shearer y el guatón Gascoigne. El partido prometía un flow intenso, pero no tuvo nada de eso, terminando empatado a cero. Hubiese sido un duelo más en el universo de amistosos futbolísticos internacionales de no ser por René, que patentaría sus derechos de autor en la jugada conocida como "El Escorpión".
Minuto 20 de partido, Inglaterra buscando protagonismo en su campo pujaba por acercarse al arco del loco paisa y ocurre un centro de Redknapp con intención de buscar a Shearer que se encontraba merodeando el área colombiana, pero al hacerlo, su ejecución fue directo al lugar donde estaba René. Viéndose con tiempo, calculando altura y velocidad del balón, más su ubicación en el área, se le ocurre despejar el balón ejecutando una pirueta donde posiciona su cuerpo en forma horizontal e impacta el balón con la planta de sus pies, que se encontraban, producto de dicha contorsión, a la altura de su cabeza. Fue tan fantástica la forma en que despejó el balón, que las más de 20.000 almas que tuvieron el placer de presenciar esa jugada, lo ovacionaron al unísono y le rindieron pleitesía por el resto del cotejo.
En el camarín Bolillo lo puteó por la insensatez cometida al exponer a su selección a un posible gol absurdo por hacerse el gracioso ante los alcohólicos hinchas locales. Y René le respondió "Pero me salió bien".
Los amantes de lo extraordinario en el fútbol nos maravillábamos ante esta verdadera creación del paisa, porque sabíamos que estábamos en presencia de un hecho histórico, que inevitablemente se robó la atención de ese aburrido empate. Vaya que trascendió el famoso escorpión de Higuita, porque en el año 2008 saldría elegida la Mejor jugada de la historia del fútbol. Gracias Loco por entender que el fútbol no es sólo una competencia, sino que también es un espectáculo.
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