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El zar Andriy


Un día 17 de marzo de 1999, Kiev, Ucrania, estadio Olímpico, ante 85.000 espectadores, un joven prometedor delantero ucraniano de 22 años, eliminaba al Real Madrid, vigente campeón de la Champions League.

Andriy Shevchenko nació en Dvirkivshchyna, Ucrania, el 29 de septiembre de 1976. En aquel entonces, y hasta el año 1991, el actual territorio ucraniano formaba parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que para ese año lideraba Leonid Brezhnev, un hombre que fuera tildado de "moderado" en su época. Claro, si tomamos en consideración que sus antecesores como secretarios generales del Partido Comunista fueron Nikita Kruschev y Iosif Stalin cualquiera es una guagua de pecho. 

Por esa época se celebró el vigésimo quinto Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, instancia en la que se reflexionó principalmente acerca de la desaceleración de la tasa de crecimiento económico y la baja productividad agrícola de los países del bloque. Asimismo, se vislumbró cierta preocupación por la renovación del plantel del Politburó, la burocracia política del PC, ya que el promedio de edad de los miembros llegaba a los 66 años. 

Mientras en Moscú los soviéticos sostenían reuniones para decidir el futuro de la nación, en la región de Oblast de Kiev el futuro crack crecía dando sus primeros toques al balón. Esa era su principal preocupación para 1986, cuando le tocó vivir el episodio más duro de su infancia, que fue el desastre de Chernobyl, localidad que se encontraba a 245 kilómetros de su cuidad. El saldo fue de 600.000 personas afectadas por la radiación generada a causa de la explosión de hidrógeno contenido al interior de la central nuclear.

La familia Shevchenko se vio obligada a emigrar a la costa ucraniana y a partir su vida de cero. Andryi, como cualquier niño, entendía lo que pasaba, pero no dimensionaba la magnitud de la tragedia ocurrida en Chernobyl. A esa edad lo único que le importaba era que no fueran a suspender los partidos del Dínamo de Kyev, club del cual era fanático junto con sus amigos de infancia. 

Cuando era cabro chico el equipo le dio muchas alegrías, porque durante los ochenta salió cinco veces campeón de la liga de la URSS, 3 veces çampeón de Copa, otras tantas de la Supercopa local, e incluso obtuvo un título internacional que fue la Recopa europea de la temporada 85-86, donde derrotaron por 3-0 al Atlético de Madrid en el estadio Gerland de Lyon. La gran estrella de ese equipo era Oleg Blokhin, mejor delantero ucraniano de la historia hasta la aparición del joven Andriy, quien lo tuvo como ídolo en su juventud.

El zar ucraniano tenía cualidades de sobra para llegar al fútbol profesional y se propuso esa meta. A los catorce años fue el máximo anotador de un campeonato europeo representando a Ucrania, a los 18 fue goleador del Dínamo Kyev B y además se levantaba a todas las minas. Era el modelo a seguir para todos sus compañeros de inferiores, por lo que su debut en el fútbol profesional no se haría esperar. El día 28 de octubre de 1994, comenzaría la revolución de Sheva en el club de sus amores. 

Харри Реднапп: «В 1994-м на просмотре в «Вест Хэме» был Андрей ...

Para mediados de los noventa, el Dinamo tenía a los mejores jugadores de Ucrania, en un minuto donde el fútbol en dicho país explotó exponencialmente. Dentro de este contexto de auge del balompié local, el gigante de Kyev fue el principal animador, dominando todas las competiciones nacionales y logrando actuaciones memorables en el terreno internacional, siendo la gran sensación de las Champions League 97-98 y 98-99. 

Su primer gran acierto a comienzos de la temporada 97-98 fue la recontratación de Valery Lobanovsky, uno de los mejores técnicos de la historia según medios deportivos como France Football, ESPN y World Soccer. Se le llamó el "científico del fútbol", porque incorporó modelos matemáticos para diseñar los programas de entrenamiento, focalizado en el cálculo preciso de la carga de trabajo que podía adjudicar a cada uno de sus jugadores y al plantel entero en su conjunto. Fue así uno de los precursores de la ciencia deportiva.

Era tan buen DT de equipos y generó tal diferencia con sus colegas en el medio local, que mientras conducía desde la banca al Dínamo dirigía al mismo tiempo a la selección soviética. El tipo tenía que cumplir con su labor patriótica y mal no le fue. Además de ser el mánager que logró conseguir todos los títulos internacionales que detenta hasta el día de hoy el club de Kyev, llevó a la URSS a la final de la Eurocopa 1988, en la cual caería derrotado ante Holanda, que era conducida por Rinus Michels. Esa final fue una locura, se enfrentaban dos escuelas de juego muy exitosas, por lo que para la época generó una gran expectación.   

Para la Champions League 97-98, el Dinamo protagonizó la gran sorpresa del torneo derrotando en la fase de grupos por 4-0 al Barcelona en el Camp Nou, siendo un joven Andriy Shevchenko el actor principal de la película, convirtiendo tres de los cuatro goles esa noche. Genera morbo mirar cómo le pintó la cara a Vitor Baia y Fernando Couto.

El Barça no perdía en casa por más de tres goles desde el 1997

Se rumoreó durante mucho tiempo que fiscales españoles persiguieron durante años a Sheva como autor material y cabecilla de la organización ucraniana que perpetró tamaña violación en territorio catalán, sin embargo, las acciones judiciales no surtieron el efecto esperado y éste, junto con sus cómplices, no fueron procesados. Venían siendo investigados desde el triunfo por 3-0 en Kyev, que para los jurisconsultos hispanos fue un asesinato que atentaba contra la patria y los derechos humanos. Es más, el reconocido juez investigador y persecutor de crímenes de lesa humanidad Baltazar Garzón, fue contactado por el Estado para ver qué pasaba con esta tropa de criminales. 

Con grandes actuaciones como las libradas en el Nou Camp, no resultó extraño que el Dínamo se impusiera en su grupo, obteniendo el paso a cuartos de final. En dicha instancia se encontraron con el vigente campeón Juventus de Turín, eliminatoria en la cual cayeron derrotados por un "estrecho margen", donde se comieron cuatro goles en Kyev, en un concierto de Zidane y Del Piero. 

Quedaron ganosos los ucranianos, se dieron cuenta que le podían competir a los mejores del continente y se tenían que organizar para el año siguiente. Debían traerse nuevamente la Champions League a Europa del Este. Los “occidentales” llevaban varias copas ganadas consecutivamente y correspondía situar a los “orientales”, y en particular a Ucrania, en el pedestal más alto del fútbol europeo. 

Cabe recordar que en aquella época los equipos que competían en la Champions aún preservaban la esencia del fútbol de sus países. No existía aún una liberalización del mercado como la que hay ahora, donde los equipos con mayores recursos económicos acaparan a los mejores jugadores del mundo. La Ley Bosman sólo llevaba en funcionamiento un par de años. Para aquel entonces, el poderío de los elencos se basaba principalmente en la materia prima del país de origen, por eso no era sorpresa ver que conjuntos escandinavos, balcánicos, escoceses, rusos o ucranianos pelearan palmo a palmo con los de las principales ligas europeas. 

Para la Champions League 98-99, el Dínamo volvía a meterse en cuartos de final tras superar un grupo con RC Lens, Arsenal y Panathinaikos. No sirvió de nada salir primeros, porque al igual que en la edición anterior, les volvía a tocar con el campeón vigente, en este caso el Real Madrid. Una nueva prueba para demostrar su categoría enfrentaba la tropa ucraniana y en especial Andriy, que le fascinaba competir ante los mejores.

La ida terminó 1-1 en el Santiago Bernabéu, con gol de Shevchenko para los ucranianos y todo se definía en casa. La temporada pasada el panorama era exactamente igual, pero el desenlace había sido nefasto, por lo que se juramentaron que no les volvería a pasar lo mismo. La charla técnica de Lobanovsky se enfocó en saber administrar de buena forma la ventaja inicial que tenía su equipo por el gol convertido por Sheva en Madrid. Les dijo: "Ellos tienen la obligación de convertirnos. Debemos estar concentrados los 90 minutos. Y háganlo por la afición, permítanles olvidar por noventa minutos que son pobres y que no tienen dinero para comer. Que las pocas grivnas que tienen en sus bolsillos, las gastan para venir a la cancha a apoyar". 

La hinchada local respondió repletando el estadio Olímpico de Kyev. Presentían que algo histórico iba a pasar. Todas las miradas apuntaban al 10 de los ucranianos, ese chico de 22 años oriundo de Dvirkivshchyna que ya los había ilusionado el año pasado. Y Andriy habría de responder magistralmente.

Tras un primer tiempo igualado sin goles, el cotejo se resolvería para los ucranianos en la segunda mitad. Al comenzar la parte final, el escenario representaba a un Real Madrid volcado en ataque, buscando el gol que le permitiera la clasificación. El Dínamo, buscando manejar el partido con la ventaja de la anotación de visitante, se replegaba y buscaba dar estocadas mediante contragolpes. Para eso tenía dos expertos: Rebrov y Sheva.

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En el minuto 63, Andriy recibe un pase en profunidad, con ventaja para avanzar libremente en dirección a la portería, elude a Illger, pero el guardameta alemán lo derriba en el área. El árbitro cobra un evidente penal en su contra, que el mismo número diez se encargaría de transformar en la apertura de cuenta, tras fallar en el lanzamiento inicial, pero aprovechar el rebote que el golero y definir con el arco a disposición. 

Con el resultado adverso, el club merengue necesitaba un gol si quería llevar en partido a la prórroga y dos si quería acceder a la siguiente ronda directamente. Por tal motivo, el profesor Toshack ordenó entrar a Suker y a Guti, pero no había caso con la muralla de los Bilo-Syni. Nueve estaban encargados de defender, dos de atacar: la fantástica dupla Rev-chenko. 

La pareja ofensiva de los ucranianos aparecería en gloria y majestad en el minuto 80 de partido. El Dinamo replegado jugando a la contra, tratando de resistir los embates del Real, apesadumbrados, urgidos y súbitamente ocurre uno de esos momentos donde el espectador se cuestiona si lo que acaba de presenciar es ficción o realidad. La toma Sheva al borde del área, combina con Rebrov, quien espera y ve como Andriy atraviesa la feble defensa madrileña, pica el balón por sobre ésta, dejando absolutamente sólo al 10 quien define ante el achique de Illgner. 

Tras esa segunda puñalada, el Real Madrid se quedaría sin respuesta, catapultando el paso de los guerreros de Kyev a las semifinales de Liga de Campeones. Ahí se encontrarían con el Bayern Múnich, que los eliminaría de la competición, dejándolos ad portas de una hazaña con ribetes históricos, no sólo para el Dinamo, sino que para Ucrania y toda Europa del Este también. En dicha semifinal, Andriy volvería a brillar, convirtiendo dos goles en el empate a tres de la ida de esa semifinal jugada en Kyev. Con dichas anotaciones, el joven ucraniano se pondría al tope de la tabla de goleadores de la Champions de ese año, junto con el moreno Dwight Yorke.


Tras esa notable actuación en las fases finales de la Liga de Campeones, Sheva sería traspasado al AC Milán y el resto es historia. Los hinchas Bilo-Syni se lo perdonarían, porque aquella fría noche de invierno en Kyev, gracias a la obra del zar ucraniano, habrían de olvidar que no tenían dinero para poner un pan en la mesa. Ese sería un problema del ciudadano del futuro, dado que en el presente el fanático del Dínamo podía irse a acostar, cagado de hambre, pero feliz.

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