Un día 26 de mayo de 2007, en Turín, Italia, estadio Delle Alpi, ante unos 19.613 espectadores, uno de los últimos ídolos de la Juventus contribuía con un gol para sellar el retorno del equipo a la Serie A.
Pavel Nedved nació un día 30 de agosto de 1972 en la ciudad de Cheb, ubicada en la región de Karlovy Vary, en la actual República Checa. Para la época en que Pavel llegó al mundo, su país con los límites actuales no existía, dado que se encontraba comprendido en la antigua nación llamada Checoslovaquia.
Cuatro años antes del nacimiento de este virtuoso, tenía lugar la "Primavera de Praga", que fue un intento de liberalización política del Partido Comunista Checoslovaco liderado por Alexander Dubcek, duramente reprimido por las tropas enviadas desde Moscú por Brezhnev. Toda la razón tenían los soviéticos, cómo se les vino a ocurrir a los checoslovacos impulsar ideas como la formación de un gobierno multipartidista, la apertura económica a países fuera del bloque o la libertad de prensa, de expresión y de desplazamiento. ¿En qué mundo creían que vivían?.
Ese año, la voz de miles de ciudadanos sería acallada por los mismos que exactamente 50 años antes habían hecho una revolución justificándose en el clamor del pueblo. Es lo que llamo la paradoja de la voluntad popular. Los soviéticos no fueron los únicos que lo hicieron en la historia. Las dictaduras militares que azotaron Latinoamérica durante el siglo XX, llevaron a cabo sangrientos golpes de estado que le costaron la vida a miles de personas. Cuando les preguntaron porqué lo habían hecho, señalaron "la gente lo pidió". Tomando en consideración lo anterior, la "voluntad popular" debería ser considerada una pandemia por la OMS, dado que ha matado más gente que todas las otras epidemias.
No todo era tristeza en territorio checoslovaco eso sí. Cuando Pavel era un pequeño saltamontes que estaba aprendiendo a orinar de pie, su padre y tíos celebraban un logro futbolístico histórico, dado que la selección nacional ganaba la Eurocopa de 1976. En una final electrizante, que acabó igualada a dos goles, los checoslovacos superarían a Alemania Occidental en definición a penales. El último lanzamiento fue ejecutado por Antonín Panenka, quien habría de quedar en la memoria colectiva por darle el título a su país de una forma poco habitual: impactó el balón suavemente con la punta de su botín generando un efecto parabólico.
La forma en que Antonín convirtió ese tiro de los doce pasos, sería universalmente conocida como "penal a lo Panenka". 39 años después, el jugador chileno Alexis Sánchez, repetiría esa maniobra en el último penal de la definición por el título de la Copa América 2015, que le permitiría por primera vez en su historia a Chile ganar una competición adulta a nivel continental.
La ciudad donde creció Pavel tenía 20.000 habitantes a mediados de los 80´. Todos se conocían, por lo que todo lo bueno y malo que hacía cada persona se sabía. Era vox populi que el hijo de Vaclav era un talento en bruto para el fútbol. Así fue como un día se encontró con Jakub, el borracho de cantina del pueblo, que cayó en desgracia cuando su mujer lo dejó por un médico llamado Tomas. Era alcohólico pero cuerdo, y le gustaba mucho el juego de balón, por lo que acudía regularmente a los partidos del Ruda Hvezda Cheb. Un día vio a Nedved junior saliendo de un entrenamiento y le dijo: "La clave es que entrenes cómo pegarle a la pelota con ambas piernas. Así tendrás una ventaja respecto a tus rivales".
Al cabo de un tiempo, se enteró de que el hombre que lo aconsejó en la calle había muerto de cirrosis, pero sus palabras las atesoraría como un adolescente con su primera revista Playboy en las manos. Destacó en el club local cuando joven y después jugó por el Viktoria Plzen y el Dukla Praga, para en 1992 llegar al equipo más grande del país: Sparta de Praga. En el conjunto de la capital estuvo cuatro temporadas, ganando tres títulos: la última versión de la primera división de la liga checoslovaca y, tras la disolución de ese país en las actuales República Checa y Eslovaquia, logró con su Sparta las dos primeras versiones de la Gambrinus League (Primera División de República Checa).
El año 1996 marcó un giro en la carrera de este director de orquesta. Formaba parte de una camada de jugadores jóvenes del fútbol checo que prometía, donde aparte de él estaban Poborsky, Smicer, Berger, Bejbl o Novotny. Con esa patrulla no tan juvenil a esas alturas, más los veteranos de guerra que ya formaban parte de las tropas nacionales, acudieron a la Eurocopa 1996 celebrada en suelo inglés. Para esa versión, la competición había cambiado sus reglas: registraba un aumento de ocho a dieciséis equipos, divididos en cuatro grupos.
La primera ronda los enfrentaría con Alemania, Italia y Rusia. El campeón de 1990, el finalista de 1994 y la siempre peligrosa camada rusa. En el primer partido, cayeron derrotados ante los alemanes, luego derrotaron 2-1 a los italianos con un gol de Pavel y, en el partido de cierre, se clasificaron con un gol de Smicer a dos minutos del final, que cerró un 3-3 dramático con los rusos.
En los cuartos de final se verían las caras con la Portugal de la camada dorada que había ganado dos campeonatos juveniles, donde destacaban Figo, Rui Costa, Fernando Couto, Vitor Baia y Joao Pinto. Pero los checos no se amedrentaron, venciendo a esa peligrosa Portugal por 1-0 con gol de su socio Poborsky.
En semifinales enfrentarían a Francia. Un equipo que se estaba diseñando para ser dominador del continente y del mundo unos pocos años después, que ya exhibía esa fantástica sociedad de Djorkaef con Zidane. Si bien fue un partido duro para las huestes checas, lo lograron sacar adelante en los lanzamientos de penales tras un 0-0 en el tiempo reglamentario. Kouba estuvo a nada de atajar tres penales anteriormente, hasta que paró con los pies la pena máxima de Pedros, otorgándole a Kadlec la posibilidad de meter a la Czech Republic en la final, instancia en la que no fallaría.
En un Wembley con más de 70.000 personas, se enfrentaron en una sorprendente final Alemania con República Checa. Los germanos fueron el único equipo que los había derrotado en ese torneo, por lo que los checos sabían a qué se enfrentaban. Veinte años antes, en huestes de la ex Yugoslavia, los derrotaron, y eso que venían de ser campeones del mundo. Podían hacer lo mismo en la catedral del fútbol. Lamentablemente, no contaban con la astucia de Oliver Bierhoff, quien inventó dos situaciones para alojar la pelota en las redes checas y llevarse el trofeo a Alemania.

Las grúas de las mejores ligas del fútbol europeo acudieron a la cita continental a observar jugadores. La Lazio no era un equipo tan grande en el concierto italiano de mediados de los 90´, pero de la mano de Sergio Cragnotti quería dar pelea a los topoderosos de Turín y Milán, así como a su clásico rival de ciudad: AS Roma. Tenía el dinero, pero no podía gastar cifras estratosféricas, por lo que debía ser estratégico a la hora de contratar. Le gustó el número 4 de los checos, encajaba dentro de lo que el club romano buscaba en aquél entonces y se lo llevaron, pagando 1,2 millones de libras.
Sin saberlo, Pavel tomaba la mejor decisión de su vida en ese verano europeo. Vistió la camiseta de la Lazio por cinco temporadas, conformando el mejor equipo que haya tenido el cuadro romano en su historia. Era una verdadera constelación de estrellas lo que se veía en esa escuadra a fines de la década del 90. Bajo la conducción del sueco Sven Goran Eriksson, ganaron dos Copa Italia, dos Supercopa Italiana, una Recopa (en la que Pavel convirtió el gol del triunfo por 2-1 sobre Mallorca), una Supercopa europea y la Serie A de la temporada 1999-2000.
Como era de esperar, los principales clubes europeos pusieron sus ojos en esa verdadera mina de oro que era el equipo capitalino, fichando a la mayoría de sus jugadores. Nesta y Pancaro se fueron al Milan, Stankovic, Mihailovic, Vieri y Crespo al Inter, Verón al Manchester United y Salas con Nedved a la Juventus de Turín. El año 2001 marcaba el inicio del idilio amoroso de Pavel con la bianconeri, que ninguno de los dos sabía que sería para toda la vida.
Cuando llegó a la Juve, Pavel era una realidad en el fútbol europeo. Estaba en el top de los mejores jugadores de ese continente, se había convertido en el gran líder de una potente selección checa de inicios de la década del 2000 y mostraba características de juego que lo distinguían del resto, por eso no fue sorpresa que los bianconeri lo hayan elegido para reemplazar a uno que algo sabía de fútbol, el francés Zinedine Zidane.
Desde el primer minuto fue un todoterreno que recorrió el pasto del Delle Alpi como un maestro de sinfonía de la ópera de Viena. El tipo era una máquina, no había forma de pararlo, desequilibraba en velocidad, tenía control, potencia y remataba con ambas piernas. Cuántos recuerdos de adolescencia donde uno miraba el resumen informativo de los partidos del fútbol italiano y aparecían los goles de Pavel por la Juventus. Uno se preguntaba, cómo clavó ese pelotazo en el ángulo. Y una semana uno veía ese tipo de conversión con la pierna derecha, pero a la semana siguiente hacía exactamente lo mismo con la izquierda.
Su peak en el cuadro turinés ocurrió en la Champions League de la temporada 2002-2003. Fue clave en las fases finales de la competición. En cuartos de final convirtió el empate en el Nou Camp ante el Barcelona, que facilitó que su escuadra llegara a la prórroga, donde el héroe fue el bronceado jugador uruguayo Marcelo Zalayeta. En semifinales volvió a tener una actuación superlativa, convirtiendo el gol que desniveló la serie ante el Real Madrid. El destino no quiso que jugara la final por acumulación de tarjetas y la bianconeri cayó derrotada ante el Milan en penales.
Tras esa actuación descollante en la Champions de la temporada 2002-2003, la revista francesa France Football le otorgó el Balón de Oro. En esa votación superó ampliamente a un tal Thierry Henry (que uno que otro gol hizo en el Arsenal esa temporada) y a un defensa italiano llamado Paolo Maldini (que algún título debe haber ganado en el Milan).

El "Calciopoli" fue un escándalo deportivo que tuvo lugar en Italia a mediados de la década del 2000, donde se acreditó que directivos de diversos clubes de la Serie A utilizaban sus influencias con el encargado de designar a los árbitros de la FIGC (Federazione Italiana di Giuoco di Calcio), para que éste adjudicara la labor de impartir justicia a referees con ciertas simpatías por esos elencos. Los principales acusados fueron Luciano Moggi y Antonio Giraudo, dos altos directivos de la Vecchia Signora.
La investigación realizada por la FIGC concluyó que la responsabilidad no sólo debían asumirla los directivos involucrados en los escándalos, sino que también los clubes deportivos que éstos representaban. En este sentido, la Juventus fue despojada de sus dos últimos scudettos, sancionada a descender a la Serie B partiendo el torneo con -30 puntos y una multa de 120.000 euros.
A raíz de esa sanción deportiva, los tifosi de la Juve vieron quiénes eran de verdad, porque para algunos futbolistas de la élite no resultaba atractivo ir a jugar partidos a "los potreros" (que de potreros no tienen nada claramente). Es así como dejaron el equipo Cannavaro, Thuram, Vieira, Ibrahimovic o Zambrotta. Por su parte, otros se quedaron a defender los colores de la escuadra que tanto les había dado deportivamente, cuando ésta, a causa de unos inescrupulosos que nada tenían que ver con el fútbol, estropeaban todo lo que ellos habían logrado.
Más que quedarse pensando en lo injusto que era la falta de reconocimiento de los títulos conseguidos en cancha o la imposibilidad de competir en Europa que tanto los seducía, se propusieron volver a poner a la Vecchia Signora en el lugar que se merecía. Dentro de esos valientes estuvo Pavel.
Con un ex jugador de casa como Didier Deschamps en la cabina técnica y con estrellas como Buffon, Del Piero, Trezeguet o Camoranesi, más la incorporación de jóvenes canteranos como Chiellini y Marchisio, el gran León Checo volvería a escribir una nueva y gloriosa historia en la Biblia juventina.
Cuadraron una temporada mágica exhibiendo su fútbol a lo largo y ancho de Italia. En canchas donde nunca habían tenido la posibilidad de ver jugadores de primer nivel, llegaban estos verdaderos íconos del calcio local e internacional. Finalmente, comenzaron el torneo con una penalización de -9, lo cual no fue obstáculo para que se hicieran con el título con un registro de 28 triunfos, 10 empates y 4 derrotas. Obtuvieron 85 puntos (94 en realidad) aventajando por seis a un Napoli que los acompañaba a la división de honor. Curiosamente, una década después, esas dos escuadras animarían la lucha por el título de la Serie A durante varias temporadas.
En la jornada 40, la Juventus tenía la posibilidad de quedarse con la corona de la Serie B si es que vencía al modesto Mantova. La afición ya ilusionada con la vuelta a la Serie A, quería que lo hicieron a lo grande, como exigía la tradición: saliendo campeones. No podían creer la temporada surrealista que había tenido lugar ese año. Ni en sus peores pesadillas imaginaron que pasarían de animar al club de sus amores en el Olímpico de Roma o en San Siro, a hacerlo en el Ezio Scida del Crotone o el Nereo Roco de la Triestina.
Iniciado el segundo tiempo de ese partido ante Mantova, el franco-argentino Trezeguet comenzaba a materializar el título con un cabezazo que dejaba sin opción al guardameta. Podía haber terminado así, porque la Juve controlaba tranquilamente el juego, pero Pavel quería ser protagonista de esa fiesta. Le debía eso a los tifosi que no los dejaron solos durante esa dura temporada.
En el minuto 73 llegaría esa tan anhelada oportunidad. Recibe un pase fuera del área, el balón venía bombeado y con velocidad lo que impidió un control óptimo, pero para su ventaja, la pelota salió eyectada hacia el centro del área rival y ahí, como un león en busca de su presa, corrió hacia él, lo controló y definió picándosela al arquero. El genio de Pavel aseguraba el título bianconeri con la misma parsimonia que cuando uno está eligiendo una película para ver en Netflix.
Después de esa campaña, el nombre de Pavel Nedved quedó grabado a fuego en la piel de los hinchas de la Vieja Señora italiana, porque además de ir a jugar a la B o de deleitarlos todas las semanas con sus extraordinarias jugadas durante años, el tipo ponía huevos. Sabía lo que era tener coraje, venía de un país donde muchos murieron por defender su libertad y a él se le pedía un poco de valentía en una cancha de fútbol. No era difícil para el felino checo.
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