Un día 30 de julio de 1997, Lima, Perú, estadio Nacional, ante 45.000 espectadores, un joven volante derecho de la cantera, catapultaba el acceso de Sporting Cristal a la final de la Copa Libertadores.
Nolberto Albino Solano Todco, más conocido como el "Ñol", nació en Callao, un día 12 de diciembre de 1974. Para la familia Solano fue un regalo anticipado de Papá Noel la aparición de este nuevo integrante, porque décadas más tarde los llenaría de orgullo a ellos y a toda una nación con sus grandes actuaciones deportivas.
Para esa época, Perú vivía una realidad política compleja. Los militares se habían tomado el poder el año 1968, creando lo que ellos mismos denominaron "Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas". Fue un gobierno socialista y anticapitalista, que impulsó reformas sociales sustantivas como la agraria, la educacional o la de planificación económica, nacionalizó numerosas empresas de recursos naturales, de telefonía e incluso la banca, y expropió empresas extranjeras, siendo la principal la International Petroleum Company, que extrajo petróleo en Piura durante décadas sin pagarle un sol al estado peruano.
Mientras en Lima ocurría todo eso con el poder central, en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, en la ciudad de Ayacucho, el profesor de filosofía Abimael Guzmán seguía acumulando adeptos a sus ideas revolucionarias de corte maoísta, que darían forma a lo que el mundo entero conoció como "Sendero Luminoso" a partir de la década del 80. Lamentablemente, fue la misma población campesina con la cual pretendían tomarse el poder, la que padeció los peores horrores de esta banda.
Si bien el pueblo vivía momentos complejos, la alegría la encontraban en el deporte más popular del país: el fútbol. El año 1975 Perú se quedaba con la Copa América, tras derrotar en tres partidos a Colombia. La selección que contaba con Meléndez y Chumpitaz en la retaguardia, Cholo Sotil, Percy Rojas, Teo Cubillas y Oblitas para generar las acciones ofensivas, constituía un equipazo. En esa competición no existía sede única y los combinados jugaban idas y vuelta para determinar al ganador. Fue así como en semifinales, esa generación dorada de los 70´, se dio el lujo de derrotar a Brasil de visita, eliminando al Scratch de la disputa por el título.
Imagine lo que era para el Ñol crecer viendo a esa constelación de estrellas. Por mientras, él se rompía el lomo jugando en la cancha de barrio, aprendiendo a hacer trucos, mientras ganaba dinero apostando con los equipos rivales al ganador. Fue así que se armaban conflictos entre los distintos grupos, porque todos querían a Solano con ellos. Uno decía: "Solano es más amigo mío que tuyo huevón", a lo que el contrario replicaba: "Solano se lo pasa en mi casa visitando a mi hermana, somos como familia". Mientras todo eso pasaba, Nolbertito soñaba con pisar el Nacional de Lima representando a la rojiblanca.
Entró a las juveniles del Sporting Cristal, destacando por sus condiciones físicas inmediatamente. Era rápido, tenía buena resistencia y gran liderazgo. Los profesores de cadetes veían que este chico era el primero en llegar al entrenamiento y el último en irse, que ensayaba su disparo en balones parados permanentemente y que evidenciaba progresos notables en su juego.
Fue así como lo recomendaron al técnico del club de aquel entonces, el gran ídolo peruano Juan Carlos Oblitas, quien lo fue a mirar jugar y se percató inmediatamente que estaba frente a un distinto. Es así que se acerca a Nolberto y éste pensaba: "yo crecí escuchando las hazañas de este señor por parte de mi padre y ahora lo tengo al frente mío ofreciéndome la incorporación al primer equipo". Sentía que de a poco los sueños se iban cumpliendo. Tenía solo 17 años en esa época.

Para 1994, Solano ya era una realidad. Llevaba dos años en el primer equipo y Oblitas confiaba mucho en sus cualidades. El equipo cervecero de aquel entonces era una mina de oro. Al Ñol se sumaban Roberto "Chorri" Palacios, Flavio Maestri, los hermanos Jorge y José Soto, y el brazuca Julinho. Para esa temporada arrasarían en la liga peruana y se quedarían con el trofeo, alcanzando un 85,13% de rendimiento, que hasta la fecha constituye un récord en la liga peruana.
La temporada siguiente repetirían el mismo éxito. La verdadera Máquina Celeste aparecía en el torneo local exhibiendo un fútbol bien trabajado, con buenas transiciones y con una efectividad goleadora importante. Tal fue el nivel que alcanzó el Cristal, que tras la obtención de ese campeonato la Federación Peruana de Fútbol contrataría como DT de la selección al profe Oblitas.
Los directivos del bicampeón peruano de la época se encontraban en un aprieto, porque venía Copa Libertadores y tenían que reeditar los grandes logros a nivel nacional. Para continuar con la obra de JC, miraron a la vereda del clásico rival y le birlaron el técnico al Universitario, un villano de la serie Batman: El Pingüino Sergio Markarián.
Ese fue un año de renovaciones, tanto en jugadores como en éxitos. Se marchaba "Chorri" Palacios al Puebla de México y Maestri al Hércules de España, pero Markarián lo tenía controlado: Rivera para reemplazar a Palacios y el argentino Bonnet por Flavio. También le daría confianza a jóvenes jugadores peruanos que años más tarde serían frecuentes en las nóminas del Rimac: Andrés Mendoza, Leao Butrón, Miguel Rebosio o Carlos Zegarra.
La campaña de 1996 concluiría con el tricampeonato cervecero. En el partido decisivo, Sporting se enfrentó con Universitario de Deportes en el estadio Monumental. Toda la hinchada local abucheando e insultando desde el minuto 1 a los jugadores de la Máquina Celeste, situación que lejos de aminorarlos terminó por motivarlos, logrando el empate que necesitaban para coronarse y dando la vuelta olímpica en la cancha de su máximo rival, con un escándalo de proporciones por la reacción de la barra crema.
El Sporting del Ñol controlaba tranquilamente el torneo peruano, pero no había logrado ratificarlo con una actuación de renombre en la Copa Libertadores. El profe Markarian los agarró en la pretemporada y los arengó de la siguiente forma: "Corten la joda muchachos, los futbolistas peruanos no tienen nada que envidiar a los otros, hay calidad en esta plantilla para cerrar una actuación histórica en la Copa. ¡Vamos que podemos carajo!".
La gran preparación previa al inicio de la campaña 1997 sumado a la arenga de Markarian quedaron en nada cuando vieron el grupo, dado que jugaban con Alianza Lima, Cruzeiro y Gremio. Enfrentar a los brasileros es lo peor que te puede pasar en Sudamérica hasta el día de hoy, pero los guerreros celestes lo tomaron como una oportunidad de medirse con los mejores, para en caso de acceder a la siguiente ronda, estar mejor preparados.
Esa fase grupal la empezaron de manera fantástica. Igualaron de visita con Alianza Lima y vencieron por 1-0 a los dos equipos brasileros en suelo peruano. En el 1-0 con Gremio, el autor del gol fue un joven de 22 años que, a esas alturas, se hacía cargo de todos los balones parados del team, sean dentro o fuera del área. En esa oportunidad, el Ñol metió el penal que dejó puntero a la sorprendente escuadra cervecera. Tras otro empate con Alianza y dos derrotas en suelo brasilero, el equipo se clasificó a octavos de final.
En la siguiente ronda les tocó un sorteo espantoso, su rival: Vélez Sarsfield. Ir a enfrentar al último campeón argentino podía ser una tortura para cualquiera, pero para la banda del Nolberto no era tal. Igualaron a cero en Lima y se esperaba lo peor a la vuelta, pero nadie contaba con la sorprendente aparición del todoterreno Jorge Soto, quien cumplía funciones defensivas, pero regularmente se proyectaba en ataque dada su velocidad, y así fue como surgió la contra que lo enfrentó cara a cara con Chilavert, triunfando el peruano, para con ese solitario gol darle el pase a su club a la siguiente ronda de Copa.
En cuartos de final se cruzaron con sus buenos amigos del Bolivar. La ida fue un durísimo encuentro en la altura de La Paz que terminaron ganando 2-1 los bolivianos, lo que condicionaba al Sporting a ganar por más de dos goles. Qué le dijeron a Nolberto en el camarín previo a entrar a la cancha del Nacional limeño en el partido de vuelta, que a los 12 minutos del primer tiempo clavó un tiro libre hermoso que igualaba la serie. La película erótica se completaría con goles de Soto nuevamente y el ghanés Amoako.
En semifinales se encontraron con otro complicado escollo: Racing Club de Avellaneda. Chelo Delgado, Mago Capria, Ubeda, Nacho González, y otros varios más que formaban un plantel de primer nivel. La ida en Argentina terminaría con un triunfo de los locales por 3-2, debiendo definirse todo en el Nacional limeño.
Los muchachos del Pingüino Markarian estaban frente a la posibilidad de hacer historia. Lo sabían, pero al mismo tiempo respetaban y dimensionaban el adversario que tenían frente a ellos. La liga argentina concentraba no sólo grandes jugadores a nivel continental, sino que también mundial. La preparación futbolística que había ahí no era tan diferente de la que existía en Europa, por lo que debían exhibir un nivel de juego con altísimos estándares.
El Ñol sabía que algo iba a hacer. De pequeño cuando jugaba las pichangas en Callao, cuando era objeto de burla por parte de sus amigos por su carácter tímido y reservado, porque no había querido caer en las drogas cuando era un panorama mucho más entretenido que pegarle a una pelota de fútbol, todo eso lo hacía merecedor de estar presente en algo histórico. Nunca el club peruano había disputado una final de Copa Libertadores.
A los 5 minutos de juego ya ganaba el cervecero con un gol de Bonnet. Chelo Delgado igualó el marcador, sembrando el pesimismo en la barra local. Sin embargo, la alegría le duraría pocos a los argentinos, porque "Coyote" Rivera les metía un golazo antes de terminar el primer tiempo. Con el marcador igualado se iban al descanso.
Los chicos llegaron al camarín y sabían que lo que se venía era un carnaval. Lo estaban haciendo mejor, su rival se había visto disminuido ante su poderío ofensivo y sabían que presionando un poco la salida podían obtener réditos para definir el partido a su favor. Comenzado el segundo tiempo, Bonnet vuelve a introducir la pelota en las redes y desata la furia de la Academia..
Minuto 71 de partido, infracción al borde del área de Racing. Los albicelestes buscaban desesperadamente el gol que les permitiera igualar la serie y llevar la definición a penales. Los peruanos se defendían de gran forma, pero podían verse sorprendidos en cualquier momento, debido al poder ofensivo de su contrincante. Había que asegurar el chancho.
El Ñol tomó la pelota con la seguridad de que al momento de impactar el balón el partido se definía. Sector derecho del área rival, perfil abierto para un diestro como él, por lo que tenía la opción de patear al palo del arquero o de intentar pasar la barrera y colarla pegada al veritcal más lejano del guardameta. Cerró los ojos, golpeó la bola y acto seguido un ruido estremecedor se coló por sus oídos... había metido un bombazo hermoso dejando sin opción a Nacho González. Con ese cuarto gol el partido estaba liquidado.
Nolberto era un jugador que tenía mucha velocidad que la utilizaba para recorrer toda la banda derecha, caracterizándose principalmente por su proyección ofensiva mediante centros o remates de larga distancia. Al mismo tiempo, gozaba de una técnica exquisita que le permitía deleitar a miles de fanáticos con la especialidad de la casa: los tiros libres.
En la final de la Copa, Sporting se enfrentó con Cruzeiro y perdió esa final. Cayó derrotado en Belo Horizonte por 1-0, tras haber igualado en Lima, esfumándose así la ilusión de todo un país de ver a uno de sus equipos en la cima del continente.
Ese año fue de dulce y agraz para el Ñol, porque tras esa Copa Libertadores sería traspasado a Boca Juniors, donde tuvo el placer de estar en cancha en el único partido que Maradona y Riquelme jugaron juntos por el Xeneize.

A fines de 1997, Marcelo Salas se convertía en su peor pesadilla, no sólo porque le daba títulos a River Plate, sino que con tres goles suyos sepultaba las ilusiones peruanas de acceder al Mundial de Francia 1998, tras una notable victoria chilena por 4-0. A eso se suma que en la votación por el Mejor Jugador de América de ese año, "El Matador" también se quedaría con el trono, dejando a un sorprendente Solano en segundo lugar.
Los hinchas de Sporting Cristal recordarán con cariño y admiración a ese joven canterano llamado Nolberto Solano que puso gónadas, personalidad y goles hermosos vistiendo la camiseta celeste, que les permitieron rozar la otra mitad de la gloria esa fantástica campaña. Mientras Perú seguía horrorizado por los atentados terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA, por la mano más que dura de Alberto Fujimori y por la pobreza extendida a lo largo del país, la Máquina Celeste comandada por el teniente Solano los había hecho olvidar sus desgracias por seis meses y les hacía creer que valía la pena vivir para sentir cosas como esas.
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