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El Diego bueno del otro lado del río


Un día 24 de julio de 2011, Buenos Aires, Argentina, estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti, ante 52.000 espectadores, un guerrero charrúa volvía a aparecer para consagrar a su país como el mejor de América. 

Diego Forlán Corazzo nació en Montevideo, capital de Uruguay, un día 19 de mayo de 1979. En aquel momento, la nación vivía bajo el yugo de una dictadura cívico-militar liderada por el abogado designado por el Consejo de la Nación (organismo tutelado por las Fuerzas Armadas) Aparicio Méndez.

Al igual que Brasil, se optaba por otorgar cierta apariencia democrática a los regímenes dictatoriales al posicionar a civiles a la cabeza de los países, bajo la noble y patriota colaboración de estas blancas palomas vestidas de verde que masacraban adversarios políticos con el pretexto de controlar el caos. Fue por esa época, que el futuro presidente José Mujica, junto con Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro, cumplían seis años recluidos en distintos centros de detención, donde eran sometidos a permanentes vejámenes con objeto de "volverlos locos"

Al año siguiente al del nacimiento de Diego, las esperanzas retornaban al corazón de los uruguayos, cuando la opción NO vencía en el plebiscito constitucional que pretendía validar las múltiples disposiciones legales aprobadas por los gobernantes de facto, así como la "loable" colaboración de las FF.AA. Cinco años desde esa votación habrían de esperar los ciudadanos para volver a tener el derecho a elegir a su gobernante. 

Cachavacha es hijo de Pablo Forlán (campeón del mundo con Peñarol) y nieto de Juan Carlos Corazzo (ex DT de la selección uruguaya), por lo que usted podrá entender que el material genético que daba origen al futuro niño estaba impregnado de fútbol por ambos lados. Viniendo de una familia donde el balompié era un elemento central y de un país donde se respira ese deporte en cada esquina, no era extraño pensar que el chico se dedicaría a jugar a la pelota.

Creció yendo al Centenario a ver jugar a Peñarol. Recuerda como si fuera ayer aquella final de Copa Libertadores de 1987, donde fue con su viejo a ver jugar al Manya con América de Cali. Los colombianos habían ganado en la ida e igualaban en territorio uruguayo hasta el minuto 87, lo que los convertía en campeones de América. Fue en ese momento donde apareció el delantero Jorge Villar para convertir un tiro libre que permitía extender la definición a un tercer match. Un pequeño rubio de ocho años de edad sintió que perdía las cuerdas vocales con el grito de gol desaforado que brotó de su garganta. 

En su adolescencia Diego se debatía entre el fútbol y el tenis. Le gustaban por igual y tenía muchas facilidades para la práctica de ambos deportes, sin embargo, una tragedia familiar terminó por inclinar la balanza hacia el balompié, permitiéndonos a los egoístas amantes de este deporte disfrutar de su talento por más de una década. En el año 1991, su hermana Alejandra sufrió un accidente automovilístico que la dejó parapléjica. Con afán de contribuir a solventar los gastos que implicaba su nueva realidad, su hermano decidió dedicarse profesionalmente al soccer. 
 
Hizo inferiores en Danubio y Peñarol, hasta que las grúas del fútbol argentino lo reclutaron. Tenía dos opciones: Boca Juniors e Independiente. Se quedó con el Rojo de Avellaneda porque su abuelo había sido gran ídolo del club en la década del 30. Llegó al país vecino con 17 años y el sueño de convertirse en una leyenda en una de las ligas más competitivas del continente.

Estuvo en los Diablos Rojos de Avellaneda por cinco años destacando por su capacidad goleadora y su multiplicidad de recursos para jugar, lo que llamó la atención de los Red Devils de Manchester, que finalmente lo ficharon el año 2002. Terminó recalando en el United, sin embargo, cuando tomó el avión a Inglaterra fue para cerrar contrato con el Middlesbrough. Estando todo listo con el club del noreste inglés irrumpió el Man Utd., igualando la oferta económica a Independiente y proponiendo mejores condiciones al jugador, por lo que el yorugua no lo pensó dos veces y fichó en el gigante europeo.

Desopilantes anécdotas de Forlán en Manchester United

Si bien tuvo buenas actuaciones en territorio británico nunca logró consolidarse como titular indiscutido, debido a la decisión de Sir Alex de jugar con un 9 de punta que era Van Nistelrooy. Dada la necesidad de contar con una mayor cantidad de minutos en cancha para convertirse en un referente en el fútbol europeo, fue que decidió comunicarle a su representante que buscase opciones que le permitieran jugar de forma recurrente. La Liga Española apareció en el horizonte, donde Levante y Athletic de Bilbao quisieron ficharlo (Forlán es descendiente de vascos, por lo que no incumplía la tradición del club bilbaíno), pero finalmente fichó en Villarreal.

El club castellonense para esa temporada 2004 contrató al DT chileno Manuel Pellegrini, quien formó un Submarino Amarillo a la americana. Múltiples jugadores de ese continente fueron fichados durante el mandato del Pelle, pero sin lugar a dudas los que quedaron en la memoria colectiva de los fanáticos fueron Riquelme y Forlán. Formaron una de las mejoras duplas de las que se tenga recuerdo en la década del 2000 en la liga española, consiguiendo posicionar a un modesto equipo entre los mejores del continente. 

En su primer año, Cachavacha se convirtió en el pichichi de la liga española con 25 goles, compartiendo el cetro del Botín de oro europeo con un tal Thierry Henry. A la temporada siguiente, fue clave para que el Villarreal alcanzara las semifinales de Champions League, en una campaña mágica de los hispanos, donde un penal atajado por Lehmann a Riquelme les privó el pase a la gran final. 

Remembering when Diego Forlan was the best striker in Europe ... 

El año 2007 marcaría dos hitos claves en la carrera de Diego. El primero, fue su traspaso al Atlético de Madrid para reemplazar a Fernando Torres, en una operación que dejaría en las arcas del Submarino Amarillo la no despreciable suma de 23 millones de dólares. El segundo, la llegada a la cabina técnica de la selección uruguaya de Oscar Washington Tabárez.

Mientras Forlán seguía rompiendo redes en el viejo continente, la situación con la Celeste era un poco más compleja. En unas electrizantes eliminatorias mundialistas, Uruguay consiguió su boleto a Sudáfrica en la penúltima fecha, tras un histórico triunfo contra Ecuador en Quito por 2-1, donde Diego hizo el gol del triunfo. Sin embargo, en el último juego, perdieron la posibilidad de acceder directamente a la cita planetaria, tras perder 1-0 con Argentina de locales, lo que los forzó a jugar un repechaje americano con Costa Rica, el cual sortearon con éxito. 

En Sudáfrica el año 2010, los charrúas exhibirían ante el mundo de qué estaban hechos. Si bien tenían un gran plantel, su clasificación no exenta de complicaciones generaba incertidumbre acerca del nivel que podían llegar a alcanzar en un Mundial. El sorteo los encuadró en un equilibrado grupo con Sudáfrica, México y Francia.

Forlán llegaba a ese Mundial con la esperanza de hacer un buen papel. Venía prendido por la obtención del título de la Copa UEFA con el Atlético de Madrid, cerrando una buena temporada con el club colchonero, por lo que tenía confianza de repetir esas actuaciones con la camiseta que le hacía latir más fuerte el corazón.

En el primer partido de la fase de grupos, Uruguay empató a cero con Francia. Para el segundo partido ante Sudáfrica, Tabárez realizó una modificación táctica que resultaría clave para el devenir del conjunto rioplatense: la inclusión en el once titular de Edinson Cavani. Pasaba de un 3-5-2 a un 4-3-3, con un tridente ofensivo formado por el ya mencionado ariete de pelo largo junto a Forlán y Suárez. Ese match ante los locales, terminó con goleada de la Celeste con dos anotaciones de Diego.

El último juego ante México definía al primero y segundo de grupo. Los cuates venían de derrotar a Francia, por lo que se esperaba un duelo bravo. El desnivel lo generó Suárez, quien con un gol antes de finalizar el primer tiempo selló el resultado final, permitiendo a los orientales pasar como punteros en primera ronda, evitando así a Argentina. 

En octavos de final el rey fue nuevamente Lucho, quien con un doblete ante Corea del Sur metió a Uruguay en cuartos. En el horizonte se avisoraba una sorprendente Ghana, que sería mucho más difícil de lo que pensaban los sudamericanos, quienes finalmente accederían a semifinales, en un encuentro que tuvo mano incluida de Suárez para evitar el gol africano, posterior penal desperdiciado por Gyan en los minutos finales y una definición desde los doce pasos que concluyó con una genialidad del "Loco" Abreu. El gol charrúa en el tiempo reglamentario fue obra de Forlán, con un tiro libre precioso que dejó sin opción al meta rival.
 
En semifinales se venía una fuerte Holanda. La banda oriental había superado considerablemente sus expectativas cifradas al inicio de la cita mundialista, pero estando en esa instancia soñaban con alcanzar la final ante España. El primer tiempo terminó igualado a uno con dos obras de arte de Van Bronkhorst y de Cachavacha, quien vacunó al metal holandés con un zurdazo bestial de fuera del área. Para el segundo tiempo, la Naranja Mecánica activaría su plan letal y acabaría con la férrea resistencia charrúa mediante dos estocadas de los "malos del equipo": Sneijder y Robben. 

Previo a jugar el tercer y cuarto puesto ante Alemania, los expertos en elegir al Mejor Jugador del Mundial habían dirimido que ese premio debía ser otorgado al señor Diego Forlán de Uruguay. Lo logrado por el 10 uruguayo a esas alturas era sencillamente extraordinario, pero tenía preparada una sorpresa más. 

Entregan a Forlán, Müller y Casillas premios a lo mejor del Mundial

Se acababa el primer tiempo ante los germanos, el marcador se encontraba igualado a un tanto y ocurre lo inesperado. Una patriada de Arévalo Ríos por la banda derecha concluye con un centro a media altura que la Saeta rubia oriental impacta de volea con su pierna derecha, dejando sin reacción a Neuer, quien miraba atónito como ese misil se colaba pegado a su palo izquierdo. La anotación fue tan espectacular que sería escogido el Mejor gol del Mundial.

El match con los alemanes terminaría con una derrota 3-2, privando a los uruguayos de instalarse en el podio de la competición planetaria, no obstante, el 10 de los suyos se llenaba de premios de carácter individual: MVP, Mejor Gol, Mejor Delantero y Goleador de la copa igualado con Müller. Lo realizado por Forlán ese Mundial fue increíble, dada la superioridad que exhibió frente a rivales de gran envergadura. Ante los mejores el tipo mostraba su más alto nivel de juego, se agrandaba, asumía la responsabilidad como líder ofensivo de su selección y cumplía con creces.

Tras esa gran experiencia, la gran mayoría de esos jugadores se volvía a reunir para acudir a la cita continental en Argentina. Existía confianza en poder repetir una gran actuación y, quién sabe, quedarse con la Copa. La fase de grupos no sería nada sencilla: Chile, Perú y México. La selección chilena venía envalentonada tras un buen Mundial de Sudáfrica, los incaicos son siempre un duro escollo y los chamacos aztecas te pueden sorprender en cualquier momento. 

Sendos empates con peruanos y chilenos sembraban nerviosismo en el conjunto oriental de cara al último partido de grupo ante los peligrosos mexicanos, pero un 1-0 obra de Álvaro Pereira los metía en cuartos de final. Tras la victoria de la Roja sobre el conjunto del Rimac, Uruguay se clasificaba en segundo lugar, lo que implicaba jugar nada más ni nada menos que con Argentina.

El estadio Estanislao de Santa Fe sería el escenario de un nuevo clásico del Río de la Plata. En una épica batalla, los equipos no se sacaron ventaja durante 120 minutos, debiendo dirimir el clasificado a semifinales mediante lanzamientos desde los doce pasos. Ahí Muslera le atajó un penal a Tevez y los uruguayos dejaban en el camino a una decepcionante selección local. 

El mencionado encuentro con los argentinos tuvo un grado de heroicidad importante, porque los charrúas jugaron con uno menos casi todo el segundo tiempo, resistiendo los múltiples embates de los atacantes albicelestes, donde la línea defensiva y el golero fueron claves en el pase a la siguiente ronda. Como premio por el esfuerzo, el escenario se les presentaba muy favorable, tras la eliminación de Colombia, Brasil y Chile, que junto con la local eran las selecciones más fuertes en dicha Copa. Venía Perú en semis.

Tanto en el Mundial como en la Copa América, si no aparecía Forlán para hacer los goles, el que asumía el rol de inflar las redes rivales era Suárez. Y frente a Perú no fue la excepción. Diez minutos le bastaron a Lucho para definir la eliminatoria ante los incaicos con dos goles y posibilitar el paso a la última ronda para enfrentar a Paraguay.

El combinado guaraní accedía a la final de la cita continental sin ganar ningún partido. Con un juego mezquino y actuaciones memorables de Justo Villar, el equipo del Tata Martino accedió a la definición por el título sin convencer a nadie, recordándonos de alguna forma a aquellos que han obtenido campeonatos practicando un juego poco vistoso. Pero al frente tenían una de las selecciones que mejor volumen ofensivo había exhibido en la competición, por lo que resultaba un choque más que interesante de presenciar. 

Forlán era un jugador que impactaba por su pegada ambidiestra, por su capacidad de moverse por todo el frente de ataque y por su inteligencia al momento de leer las diferentes jugadas. Tenía una virtud que cuesta encontrar en el fútbol que fue su habilidad para rematar sin necesidad de tomar distancia con el balón, lo que lo convertía en un delantero completamente impredecible. Espacio que tenía en los treinta metros finales lo aprovechaba con creces, castigando a los defensas que lo enfrentaban con el castigo grupal de la puteada, al permitirle expedir sus potentes disparos.

Aquella final en el Monumental será recordada por la notoria superioridad de los uruguayos sobre los paraguayos. El último goleador del Mundial aún no se estrenaba en las redes para esa cita continental, por lo que en pleno conocimiento de esa deuda futbolística se prometió destaparse ante los guaraníes. Debía hacerlo, porque se lo merecía la hinchada, sus compañeros que se habían matado en cada cotejo y sobretodo por él mismo, ya que su sacrificio por la Celeste merecía una consagración.   

A los 11 minutos Suárez puso el 1-0. Enganche ante el pelado Darío Verón y remate que rebota en la pierna de su marcador, descolocando al excelente Justo Villar. Con la ventaja inicial, Uruguay sabía que debía administrar correctamente su ventaja, porque cualquier desconcentración te la hacían pagar caro los paraguayos. Pero Diego no quería pasar por esa incertidumbre que te da la ventaja por un gol, deseaba asegurar el resultado asumiendo un rol protagónico y lo conseguiría.

Minuto 41 de partido. Ofensiva uruguaya, avanza Arévalo Ríos, la defensa paraguaya desarticulada deja libre a la Saeta Rubia Oriental, quien de manera inteligente se abre lo suficiente para evitar el cruce del defensor rival y tras pase del sicario Egidio clava un zurdazo imposible de atajar para el golero Villar. Diego lograba hacerse presente en la final, pero no sería todo.

Los paraguas antifútbol decidieron atacar por primera vez en el torneo y tuvieron sus ocasiones para batir la portería de Muslera. Uruguay, con el marcador a su favor, decidió manejar el partido, cediendo la iniciativa a su rival y buscando salir desde su sector con rápidos contragolpes. Fue así como en el minuto 89, una jugada del mejor threesome futbolístico que recuerde la historia yorugua en los últimos 30 años, acabó con una nueva conquista de Cachavacha. Cavani envió un pelotazo largo a Suárez, quien de cabeza le pone una habilitación magistral a Diego, quien solo tuvo que tocar el balón hacia un costado del guardameta para establecer el 3-0 final. Al igual que en 1987, la Celeste se coronaba en suelo argentino.


Al día siguiente de dicho éxito deportivo, los ganadores serían recibidos en el Palacio Estévez por el presidente José Mujica, el mismo que cuando Diego nació se encontraba detenido en un pozo de tres metros de profundidad sin ningún derecho garantizado, dado que sus captores buscaban que se "volviera loco". Por suerte, las fuerzas represivas no consiguieron su objetivo y el pueblo uruguayo lo premió eligiéndolo su mandatario por cinco años.

Esa Copa América terminó por posicionar a Forlán en el sitial de los mejores futbolistas charrúas de todos los tiempos, y vaya que hay que hacer méritos para estar, dado que ese pequeño pedazo de tierra ubicado entre el Río de la Plata y el Océano Atlántico, de poco más de 3 millones de habitantes, es uno de los semilleros más importantes del balompié mundial. Esa generación marcó una época, pero Diego fue definitivamente el gran artífice de esos logros deportivos. Era bueno para la pelota el rubio.

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