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El Mesías del continente negro


Un día 19 de mayo de 2012, Múnich, Alemania, estadio Olímpico, ante 62.500 espectadores, un jugador de origen marfileño definía la copa de clubes más importantes de Europa y ubicaba su nombre en el pedestal de los mejores africanos de la historia.   

Didier Yves Drogba Tébily nació en Abiyán, Costa de Marfil, un 11 de marzo de 1978. En aquella época, el país africano estaba presidido por Félix Houphouët-Boigny, líder del partido demócrata, que fue el gran impulsor de la independencia nacional de dominio francés. Amado por sus adeptos y odiado por sus rivales, las principales críticas provenían de grupos radicales que despreciaban su "política francófona", que se tradujo en una excesiva colaboración con empresas transnacionales para invertir en suelo marfileño. 

Dichas compañías podían retirar hasta el 90% de las ganancias obtenidas en Ivory Coast, lo que convertía a la nación centroafricana en un paraíso para los extranjeros. Corresponde cuestionarse acerca de cuál sería la respuesta de los países originarios de esas transnacionales, si fueran compañías africanas o americanas las que se instalasen en sus territorios, explotasen sus recursos naturales, hicieran pedazos su medio ambiente y se llevaran prácticamente la totalidad de las ganancias generadas. 

No me cabe duda que la respuesta de Francia, Inglaterra o Estados Unidos sería en estos términos: "Por favor, ven a mi territorio, arma tu negocio, contrata mano de obra lo más barata posible y no se te ocurra pagarme un dólar más en impuestos. Nosotros somos socios comerciales y estoy encantado de ayudarte. Ah, y por la cagada medioambiental, no te preocupes que yo la arreglo". 

Didi nace en un momento en que la política y la economía de su país iban en franco declive. Los 80 fueron duros en todas partes, especialmente en la capital, donde se concentraban poblaciones importantes sumidas en una aguda pobreza. Los Drogba no fueron indiferentes a esta situación y decidieron emigrar a Francia, en búsqueda de mejores oportunidades y porque un tío de Didier jugaba fútbol allá.

Si bien en su país natal ya practicaba el deporte rey, fue en territorio galo donde definitivamente se propuso tomárselo en serio. Desde pequeño tuvo conciencia de las ventajas que tenía con respecto a todos sus amigos de infancia y otros miles de chicos a lo largo de Costa de Marfil, que soñaban con jugar al mismo deporte de manera profesional. En tierras napoleónicas contaba con buena infraestructura, preparación de juveniles adecuada y una importante especialización de los entrenadores, que permitía potenciar las habilidades de cada uno de los jóvenes.

Los Drogba se radicaron en la ciudad francesa de Antony. Ahí Didi comenzó a jugar a nivel juvenil en el Levallois SC, club local en que destacó por su capacidad goleadora. En el colegio en el cual cursaba sus estudios secundarios, todos sabían de sus grandes condiciones futbolísticas. Los amigos intentaban persuadirlo para que se dedicara profesionalmente al fútbol, pero él dudaba. ¿Qué pasaba si fracasaba?. Esa era una interrogante que lo llevó a profundas interrogantes existencialistas acerca del rol que cada ser humano tiene al momento de llegar a este planeta.

Mientras resolvía ese cuestionamiento de vida, tomó la decisión de estudiar contabilidad en la ciudad de Le Mans. Paralelamente jugaría fútbol en el club local. Fueron años duros para el ídolo marfileño, porque debía conjugar sus materias de la universidad con su afición por el balompié, lo que provocó que no tuviese tiempo para nada más. Tanto familia como amigos, quedaron relegados a un segundo plano en ese momento para Didi.

Un día lo interceptó el DT del Le Mans y le dijo: "Didier, te veo condiciones para ser un buen jugador de fútbol, pero tienes que tomar una decisión. Esa doble militancia que llevas entre estudios y deporte me tiene las huevas hinchadas. Pregunto dónde estás y me responden que en la biblioteca. ¡¿Qué mierda hace mi mejor jugador en la biblioteca?!". 

Fue así que sus estudios para ser contador auditor quedaron suspendidos y pasó a firmar su primer contrato profesional el año 1999. Tenía 21 años cuando tomaba la decisión más importante de su vida. En el Le Mans estuvo dos años, hasta que fue transferido al Guingamp, donde empezó a ser conocido en Francia. En dicha entidad hizo dupla ofensiva con un interesante jugador francés que se adueñaría de la banda izquierda de Le Blues unos años después: Florent Malouda.

Su producción goleadora lo llevó a pasar al Olympique de Marsella, uno de los poderosos del fútbol galo. Ahí Didier se terminó de consagrar como un crack capaz de jugar con los mejores y hacerlo a muy buen nivel. Estuvo solo una temporada donde anotó 19 tantos en Liga y fue galardonado como el Jugador del Año de la competencia francesa.   

When Drogba drove Marseille to the UEFA Cup final - BeSoccer

Tras esa campaña 2003-2004, llovieron las llamadas en las dependencias del club marsellés, siendo el nuevo rico de Londres quien puso la oferta mas gordita para las arcas del Olympique y las personales de Didi. Fue así, como en el verano del 2004, Chelsea adquiría el pase de la bestia marfileña por 38 millones de euros.

Era el primer mercado de fichajes con Roman Abramovich, importante empresario ruso del rubro petrolero, como controlador del club londinense. El flaco tenía billete para derrochar a destajo y quería hacerle frente a los dos dominadores del fútbol inglés de la última década, que habían sido el Manchester United y el Arsenal. Para tal efecto, contrató a José Mourinho como Director Técnico, y junto con éste llegaron Ricardo Carvalho, Paulo Ferreira y Tiago de Portugal, Mateja Kezman y Arjen Robben del PSV holandés y Petr Cech con Didi de la liga francesa.

El año 2005 fue especial para Drogba. Concluía la temporada ganando la Premier League y la Copa de la Liga, título que se definió con un gol suyo en un marcador final de 3-2 favorable sobre Liverpool. Así también, al reanudarse la temporada tras el parón veraniego, convirtió dos goles en la victoria de su equipo sobre el Arsenal, para quedarse con la Community Shield. El broche de oro sería la clasificación al Mundial de Alemania 2006 con la selección de Costa de Marfil.

Mientras Drogba aniquilaba arqueros rivales en el continente europeo, su país estaba sumido en una guerra civil. El origen está relacionado con el surgimiento de grupos nacionalistas que se autodenominaban los Ivoirité, como forma de pertenencia a su nación. Se reconocían entre ellos y despreciaban a los "otros marfileños", que no eran tan marfileños como ellos claramente. Esa diferenciación surgió a principios de los 90´, pero fue especialmente grave cuando asumió el poder Laurent Gbagbo.

Dicho mandatario llevó a cabo una política de hostilidad contra los "otros marfileños". Esos "distintos" eran las etnias musulmanas, que se ubicaban en el norte y oeste. Mientras tanto, los católicos, autodesignados como los de "raza pura", eran mayoría en el centro, sur y este del país. Comenzó como una política de privaciones de derechos civiles y políticos, después con un ahogo económico y, por último, con asesinatos cuando los del northwest se rebelaron. 

Bajo ese contexto entraban los once guerreros a la cancha en Sudán, donde debían enfrentar al combinado local y esperar a que Camerún no ganase a Egipto. Dios y Alá se pusieron de acuerdo esta vez, compartían unos tragos en el paraíso y concordaron que era buen momento para que sus creyentes tuvieran una alegría, ejerciendo su "influencia" para que los Leones Indomables no derrotaran a Los Faraones, permitiendo así que Les Elephants, tras vencer 3-1, accedieran al primer lugar del grupo y consiguieran sus tickets a Alemania. 

Terminado el partido, aprovechando el ambiente de júbilo que existía en el país, Didier tomó la palabra:

"Ciudadanos de Costa de Marfil, del norte, sur, este y oeste, les pedimos de rodillas que se perdonen los unos a los otros. Perdonad. Perdonad. Un gran país como el nuestro no puede rendirse al caos. Dejen sus armas y organicen unas elecciones libres."

Ese discurso fue el principio del fin de la Primera Guerra Civil en Costa de Marfil. Más gestos del ídolo nacional vendrían con posterioridad. 

El año 2006 volvió a ser igual de bueno para la pantera de Abiyán. Llevó al Chelsea a ganar un nuevo título de liga, aumentando su contribución goleadora, y tuvo la oportunidad de comandar el ataque de su país en el debut en Copas Mundiales.

Costa de Marfil quedó encuadrado con Argentina, Holanda y Serbia. Si bien el grupo era durísimo para representar su pérdida de virginidad en este tipo de competiciones, Los Elefantes tenían un equipazo. Atrás estaba Eboue, Boka y Kolo Touré. Al medio iba su hermano Yaya Toure, Romaric y Yapi Yapo. Arriba Drogba podía hacer dupla con cualquiera de los dos Koné: Arouna o Bakary.

Si bien había un plantel de renombre, la inexperiencia en este tipo de competición les pasó la cuenta. Cayeron 2-1 contra Argentina y Holanda, derrotando en el partido por el premio de bronce a Serbia por 3-2. Didi anotó un solo gol: el descuento ante la albiceleste.

En diciembre de 2006, la Federación Africana de Fútbol lo premió como el Mejor Jugador de ese continente, oportunidad que aprovechó para agradecer el galardón y reiterar el llamado a la paz en su país. Días después, decidió ir a exhibir su trofeo ante su pueblo, escogiendo Bouaké como el lugar donde lo haría. Al año siguiente, pujó para que la selección jugara un partido amistoso en la misma ciudad.

Didier Drogba, el futbolista que paró una guerra civil a través de ...

Usted se preguntará ¿por qué Bouaké?. Era la principal ciudad tomada por los rebeldes opositores al gobierno y donde tenían su cuartel general. Ahí se libraron varias batallas, siendo su población víctima de las crueldades de la guerra, con miles de muertes y desplazamientos de inocentes. Que el gran capitán pusiera sus esfuerzos en visibilizar una de las urbes más afectadas por la disputa local era un claro mensaje para el alto al fuego. Poco tiempo después de aquel partido se ponía fin a la fiesta de balas para dar paso a la fiesta de balones. 

Con su país en calma, Drogba se focalizó en su carrera deportiva y se cansó de ganar títulos locales en Inglaterra, pero tenía una deuda pendiente con Europa, al igual que sus compañeros. Habían rozado el éxito en aquella final que perdieron en penales con Manchester United, otras quedaron en semifinales (como aquella recordada del gol de Iniesta a pocos minutos del final) y unas pocas con actuaciones para el olvido.  
 
La temporada 2011-2012 comenzaba con una nueva cara en el banquillo. André Vilas-Boas sería el encargado de comandar al club. Venía de grandes actuaciones con el Porto, con el cual había obtenido la Copa UEFA. Los chelseanos creyentes pensaron que estaban en presencia de un Mourinho 2.0 y así se los vendieron. Duró siete meses y lo reemplazó Di Mateo.

Con el portugués en la banca, Chelsea superó una fase de grupos que lo confrontó con el Bayer Leverkusen, Valencia y el Racing Genk. Rivales relativamente accesibles para el conjunto inglés, quien no tuvo grandes problemas para acceder a la siguiente ronda. Ganó con tranquilidad sus tres partidos como local, empató en Bélgica y España, cediendo únicamente en su visita a Alemania.

Para los octavos de final quedaron emparejados con el Napoli. Las cosas no venían bien con Vilas Boas, quien para el partido de ida con los tanos dejó a Lampard, Essien y Ashley Cole en la banca. La razón: le tenían las pelotas hinchadas. Esos y otros más. Pero los muchachos eran de los mejores del plantel y el portugués no tenía mucho brillo. Con esas desacertadas decisiones técnicas, los napolitanos ganaron 3-1, dejando a Chelsea al borde de la eliminación.

Tras ese juego, el jefe estaba enfurecido. La historia dice que llegó Abramovich y en un inglés fluido le preguntó a André: "¿can you explain me what you did?, I lost money with your stupid decision". Al no encontrar una respuesta satisfactoria, el ruso agarró el celular, llamó a Di Mateo, le dijo que empezaba al día siguiente como DT interino y echó de una patada en el culo al joven luso. 

En su primera charla técnica, Di Mateo agarró a los muchachos y les dijo: "Hagamos una cosa práctica. Pelear la liga no es opción porque ya estamos lejos de la punta. Pero seguimos vivos en la FA Cup y la Champions. ¿Les gustaría empezar a jugar bien y ganar ese par de Copas?. Let´s do it".  

El cambio anímico se sintió inmediatamente en el plan, lo que se tradujo en dar vuelta la eliminatoria antes los italianos, derrotándolos por 4-1 en Londres. Didier abrió los fuegos de ese acceso carnal con uso de la fuerza o intimidación, en el cual la víctima (Nápoles en este caso) resultó incapaz de oponer resistencia. Con ese envión anímico debían ir a Portugal. 

Los cuartos de final lo enfrentaron al Benfica. No fue una eliminatoria sencilla, pero el Chelsea exhibió gran categoría para superarla. Ganaron 1-0 en Lisboa con gol de Kalou, mientras que en Inglaterra lo hacían por 2-1. El último gol, del loco Raúl Meireles, ex Porto. 

La semifinal los cruzaría con el Barcelona. Palabras mayores. Era sin dudas el mejor equipo del torneo y para esa temporada de Champions, el joven Lionel Messi venía intratable. Nada más que 14 goles llevaba convertidos a esa altura. El mundo del fútbol confabulaba para que ganaran los catalanes, porque en la otra llave se disputaban el acceso a la final el Bayern Múnich y el Real Madrid. El derby en el partido decisivo era el sueño de todos.

Pero Chelsea se pasó los deseos de los fanáticos a nivel mundial por el extravagante y nunca bien ponderado ano. Los Blues de Londres ganaron por la mínima diferencia en Stamford Bridge. El autor de la maldad fue nuestro querido feligrés Didier, tras pase de su yunta del Guingamp, don Florent Malouda. Tras el gol, Barcelona tuvo innumerables opciones de igualar, pero el palo, los centrales y Peter Cech dijeron que no.

La vuelta en la República Independiente de Cataluña sería bravísima. Ese Barca jugaba de manera extraordinaria, era infalible, practicaba un fútbol de memoria, cada uno sabía a la perfección lo que debía hacer para conseguir el triunfo. Y fue exactamente lo que ocurrió una vez que el árbitro pitó el inicio del juego. Una tromba sedienta de gol atacó el búnker londinense, logrando penetrarlo en dos oportunidades, mediante goles de Busquets e Iniesta (su bestia negra en Champions). El adverso resultado se sumaba a la expulsión de Terry, quien creyéndose vivo le puso un rodillazo en el culeque a Alexis Sánchez y el árbitro lo vio

Pero el Chelsea resurgió como el ave fénix. Nadie se explica cómo hasta el día de hoy. Un pase filtrado, encuentra mal parada a la defensa catalana y Ramires se la pica con mucha categoría a Víctor Valdez, estableciendo el 2-1 que clasificaba a los ingleses.   

El resto del partido en Barcelona fue un equipo con diez atacantes y otro con nueve defensas. Jugando con el resultado, el conjunto inglés no pasó la mitad de la cancha y se dedicó a defender su guarida como si en eso se le fuera la vida. Messi estrelló un penal en el horizontal, Cech atajó como cinco mano a mano, entre los nueve defensas despejaron todo lo que llegó a su área y aún así parecía que podían perder, hasta que apareció "El Niño". Despeje desesperado desde el área británica, el balón le cae a Fernando Torres, quien inicia una aventura personal hacia el feudo defendido por Víctor Valdez, a quien elude con determinación para convertir el 2-2 y sellar el pase a Múnich para su team.

Ese mes de mayo de 2012 a Didier se le alinearon los planetas. Seguramente si se veía la carta astral, todas las energías del cosmos se encontraban en armonía para convertirlo en un héroe, si es que faltaba algo para otorgarle ese carácter. Mientras tanto, él rezaba a Dios Padre y su mujer a Alá, dado que era musulmana. 

La primera final que debían enfrentar era ante el Liverpool por la FA Cup. Un Wembley repleto para ver al equipo más popular de Inglaterra con el finalista de la Liga de Campeones. Ramires abrió la cuenta para los Blues y así se fueron al descanso. En el minuto 56, emergió la figura de Didier para ampliar las cifras:

"Obi Mikel conduce el balón, pasa con Lampard, quien al momento de recibir y viendo que lo venían a presionar, toca sútilmente la esfera con su pierna izquierda, generando una ventaja respecto a su marcador, quedando con campo libre para habilitar. Es ahí donde Drogba lee su intención y hace un leve movimiento para despegarse de la marca de Skrtel y esperar la bola con espacio para ensayar un remate. Lampard le envía la pelota, éste se acomoda e impacta un zurdazo que se clava en el segundo palo del golero."

Con ese gol de Didi, el posterior descuento de Carroll quedaba en nada. El mesías africano se volvía a poner la chapa de salvador de su equipo. Pero quedaba una última función.

Futbol de Inglaterra على تويتر: "Un día como hoy en el 2012 ...

Ese día en Múnich el ambiente era absolutamente hostil para los ingleses. El Bayern era tremendamente afortunado, porque le tocaba disputar la final en su cancha, siendo el único que ha tenido tal privilegio en la moderna edición de la Liga de Campeones. Di Mateo los intentaba relajar antes del partido, diciéndoles: "estos alemanes son malos, no le han ganado a nadie".

El once titular contaba con Neuer, Boateng, Lahm, Kroos, Schweinsteiger, Robben, Ribery y Muller. Pero si el profe Roberto decía que esos alemanes reforzados eran malos y les faltaba chapa para ser unos ganadores había que creerle. El tano tenía claro que su táctica proponía un fútbol de presión, marcaje, orden, buen trato de balón y excelentes traslaciones. El problema es que todo eso ocurría desde la mitad de cancha para atrás, porque el otro pedazo del terreno de juego, el Chelsea no lo tocaba. Ahí que se las arreglara Didier, que para eso es la estrella.

Hubo un control de las acciones absoluto del Bayern. Si uno creía que la zaga defensiva londinense había tenido trabajo en Barcelona, lo que se veía en Múnich era igual o peor. Desde la Segunda Guerra Mundial que no se veía un bombardeo tan salvaje de alemanes a ingleses. Balones sacados desde la línea, formidables contenciones de Cech y la suerte, permitían que los visitantes estuviesen a flote. No obstante, en el minuto 83, Kroos envía un centro al área que es conectado de cabeza por Muller, desatando la algarabía en las gradas. 

El trámite del partido, la evidente superioridad bávara y la falta de oportunidades de los british en las proximidades de la portería defendida por Neuer, permitían asegurar, con un alto grado de probabilidad, de que la Copa se quedaba en Alemania. Pero ahí es donde apareció Drogba, para dejar a todos los espectadores atónitos y llevar el juego a alargue.

"Córner servido por Mata, quien previo a impactar el balón se preguntaba ¿a quién coño se la mandó?. En eso, ve una oportunidad. Didi se acaba de despegar de su marcador y pica al primer palo, Mata la envía a esa posición y antes que lo puedan interceptar, cabecea con mucha violencia al ángulo del poste izquierdo del arco defendido por Manolo, el cual no alcanza a reaccionar para evitar que la pelota se clave en el fondo de la red".   

Era el minuto 88 y el Chelsea igualaba el marcador. El alargue sería un nuevo monólogo de los germanos, quienes desperdiciarían un penal en los pies del maldito Robben. A esas alturas de su carrera, al holandés no se le daba en las grandes instancias. Y ese día no sería la excepción. Los penales resolverían al nuevo campeón.

Con la tanda igualada a tres goles, Schweinsteiger la estrella en el vertical izquierdo, dejando la cena servida para la pantera marfileña, quien debía convertir para darle el primer título de Liga de Campeones al Chelsea. Caminó, acomodó sus medias, su camisa y su short. Debía lucir bien, porque haría el gol más importante de la historia de su equipo y esa imagen daría la vuelta al mundo. Sin titubear, definió a la derecha de Neuer, quien optó por volar hacia el lado contrario, otorgándole así la mayor alegría que un hincha Blue recuerde en su vida.


Quedará en la posteridad como un felino del área. Un tipo con múltiples recursos para convertir goles, le pegaba con derecha o izquierda, tenía buen cabezazo y hasta de rodilla la metía adentro. Fuerte, rápido, era impredecible en el tramo final del campo rival. Pero no sólo será recordado por sus anotaciones. En Costa de Marfil es considerado el Mesías, porque frenó una guerra civil de manera pacífica, tal cual lo hizo Ghandi sesenta años antes (con la diferencia que Mahatma nunca llevó a su selección a un Mundial de Fútbol). 

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