Un día 11 de junio de 2016, Lens, Francia, estadio Felix Boallert, ante 35.000 espectadores, dos hermanos se enfrentaron en una cancha de fútbol, uno defendiendo a Suiza y el otro a Albania. Esta es la historia de dos hermanos de origen kosovar, nacidos y criados en el país helvético.
Taulant y Granit Xhaka son hijos de Ragip y Elmaze Xhaka, pareja de origen étnico albano-kosovar, criados en la ciudad de Kursumlija, Serbia, que a principios de los 90´ pertenecía a la ex Yugoslavia. Tras la muerte de Josip Broz Tito en 1980, dicha nación fue gobernada por distintos líderes de las diferentes repúblicas socialistas que la conformaban, hasta su disolución en 1992. Luego, se formaría la República Federal Yugoslava sólo con los actuales estados de Serbia y Montenegro.
Ragip Xhaka fue un idealista como miles de jóvenes a lo largo de la historia. Su lucha era por vivir en un país democrático, en momentos en que la ex Yugoslavia seguía siendo una dictadura socialista. En 1986, estudiaba en la Universidad de Pristina en Kosovo, cuando en una manifestación contra el gobierno central de Belgrado fue arrestado por la policía y condenado a pasar seis años en prisión. Tres meses antes de ese episodio, se había puesto de novio con Elmaze.
Durante todo su presidio, la novia esperó día tras día que transcurriese rápido la condena de su amado. Finalmente, estuvo detenido tres años y medio, hasta que un día fue liberado sin razón aparente junto con su hermano. A sabiendas que la situación personal de Ragip era complicada, éste fue a hablar con su suegro para pedirle la mano de su hija, una vez aceptada la propuesta aprovechó de pedirle una dote que les permitiera cubrir los gastos del matrimonio y cuando menos se lo esperaban sus familiares, la pareja se encontraba camino a Suiza, previo pago de dos boletos con el dinero del abuelo materno.
Fue en dicho país, donde decidieron ampliar la familia. Taulant nació el 28 de marzo de 1991 y dieciocho meses después vería la luz Granit, el día 27 de septiembre de 1992. Ambos nacieron en la nortina ciudad de Basilea.
En esa década noventera, en que los jóvenes suizos querían ser Chapuisat o Sforza, los hermanos Xhaka comenzaban a dar sus primeros toques al balón en los suburbios de Basel. Grandes pichangas de barrio se armaban con niños de origen africano, nórdico, balcánico, germano y latinoamericano. Esa multiculturalidad les serviría para forjar relaciones humanas con personas de distintas razas, etnias y culturas, que eran justamente los motivos que separaban a los ciudadanos de su antiguo país.
Un día invernal de marzo de 1998, los niños volvían de la escuela y notaron que sus padres estaban extraños. Había un ambiente apesadumbrado en casa. Salieron a jugar fútbol al patio y no fueron regañados por pasarse de la hora límite que su madre les imponía habitualmente, por lo que inmediatamente sospecharon que había algo raro.
El día 5 de marzo de ese año, comenzó formalmente la Guerra de Kosovo, que enfrentó a las tropas de Yugoslavia con el Ejército de Liberación de Kosovo, comandado por un grupo rebelde albanés, quienes fueron apoyados por la OTAN. El ejército yugoslavo comenzó una masacre contra la población kosovar, por el atrevimiento de estos bárbaros de armarse para hacerles frente en una lucha por independizarse. El saldo de ese conflicto, que duró un año y medio, fue de 15.000 muertes y 470.000 personas desplazadas.
Conscientes de que la realidad en la que vivían era afortunada en comparación con lo que sufrían miles de sus compatriotas, los chicos decidieron redoblar esfuerzos por cumplir sus objetivos de vida, que en su caso fue el mismo: ser grandes jugadores de fútbol.
Iniciaron su carrera deportiva en el equipo de la ciudad, que es uno de los grandes de la liga helvética, el Basel FC. Tras destacar en las series menores, fueron nominados para los equipos juveniles de Suiza, desde la Sub 17 a la Sub 21. El año 2010, serían ascendidos al plantel estelar de los RotBlau, donde se coronarían campeones de liga esa temporada.
Granit comenzó a destacar de mayor forma que su hermano Taulant, siendo llamado a la Selección de Suiza para las clasificatorias a la Eurocopa de 2012, produciéndose su debut en Wembley ante Inglaterra en un histórico 2-2 para los rojos. En aquella oportunidad, el menor de los Xhaka reclamó ante la federación albanesa de fútbol que nunca mostraron interés porque él defendiera sus colores, siendo que su preferencia era vestir la camiseta de las Águilas Negras.
Tras ser bicampeón con el Basel (esta vez sin su hermano, quien partió cedido al Grasshopers), Granit fichó por el Borussia Moenchengladbach alemán, equipo en el que estuvo cuatro temporadas mostrando un nivel excepcional. Si bien no cosechó logros grupales, fue reconocido individualmente como el Mejor Jugador Suizo del año 2012 y miembro del Equipo del Año de la Bundesliga en la temporada 2014-2015.

En paralelo, tras un año y medio cedido, Taulant retornó a la disciplina del Basel. Comenzó a destacar en la liga local, pero sus actuaciones no resultaron convincentes para hacerse con un puesto en la selección suiza, entre otras cosas, porque el titular en su puesto era un tal Stefan Lichsteiner, que mal no lo ha hecho en su carrera. Así llegó la opción real de defender a Albania.
El año 2013, en una entrevista difundida por numerosos medios de comunicación, el mayor de los Xhaka manifestó su deseo de vestir la camiseta albanesa, influenciado principalmente por su hermano Granit, quien ya no podía cumplir ese sueño y anhelaba que su brother lo hiciera por él. Esta vez la Federación Albanesa de Fútbol no cometió el mismo error, tramitó la ciudadanía del jugador y, previa autorización de la FIFA, fue habilitado para ser seleccionado por Giovanni De Blasi, DT de las Águilas Negras en aquella época. Su debut se produjo el 2014, en un amistoso ante Malta.

Tras una correcta participación en el Mundial de Brasil donde fue eliminada en la prórroga por Argentina, la selección suiza se preparaba para hacer un correcto papel en las Clasificatorias para la Eurocopa 2016 a celebrarse en Francia. Por su parte, el combinado albanés soñaba con alcanzar un cupo en la cita continental, tras la modificación de las reglas que aumentaban el cupo de 16 a 24 participantes.
Los helvéticos quedaron en el grupo E con Inglaterra, Eslovenia, Estonia, Lituana y San Marino. Un grupo, a priori, accesible para los centro europeos, por la calidad de sus jugadores y el nivel de las selecciones rivales, donde salvo los ingleses, las restantes no alcanzaban su potencial. Si bien el fútbol, siempre entrega sorpresas, éste no fue el caso.
Comenzaron horrible con dos derrotas en el inicio de la fase grupal, viéndose superados ante Inglaterra de locales y en Eslovenia. Fue ahí donde se vio la furia de Vladimir Petkovic, bosnio de origen croata, quien se desempeña como seleccionador de Suiza. Los puteó fuerte en Maribor, les recordó quiénes eran, la furia roja que había clasificado a dos Mundiales consecutivos, que casi había eliminado a la Argentina de Messi, y ahora qué, perdiendo con una Eslovenia cuyo mejor jugador era el arquero.
El grito de Petkovic generó una rebelión personal en cada uno de los jugadores y desde esa derrota en Eslovenia, la selección helvética comandada por un talentoso Granit Xhaka en el medio terreno, exhibiría su calidad ante los demás rivales de grupo, imponiéndose en todos los encuentros restantes, a excepción de la visita a Inglaterra, donde volvieron a caer por 2-0. La notable racha de los suizos no pudo ser igualada por los eslovenos, adjudicándose de esta forma el segundo lugar con siete victorias y tres derrotas, logrando así acceder a la competición continental.
Por su parte, el grupo I acogería a los albaneses, quienes debían enfrentarse con Portugal, Armenia, Dinamarca y Serbia. A simple vista, un grupo donde los rojinegros no tenían nada que hacer, pero este grupo de jugadores pensaba distinto, sabían que podían dar la pelea y buscarían lograr la hazaña. En pedir y en soñar no hay engaño.
El inicio no pudo ser mejor. En un increíble partido, Albania derrotaba a la favorita Portugal por 1-0 en territorio luso. Ese resultado fue un envión anímico para la tribu albana, dado que comenzaban la fase clasificatoria con tres puntos rescatados en el partido más difícil del grupo en los papeles.
Posteriormente, igualarían de locales con Dinamarca, dejando una favorable impresión en la hinchada local. La victoria estuvo cerca ante los escandinavos, por lo que partían con toda la ilusión a jugar al hostil estadio Partizan de Belgrado en Serbia, donde no solo se respiraba la tensión dentro de la cancha, sino que también fuera, por todo el conflicto político que sigue dividiendo a ambos pueblos.
Igualaban 0-0 hasta el minuto 42, cuando se armó la batalla. Un drone sobrevolaba el campo sosteniendo una bandera de Albania con una leyenda política que fue interpretada como una provocación por los jugadores serbios. Fue ahí que Mitrovic cogió el trozo de tela, acto que los albaneses interpretaron como una ofensa y lo encararon, intervinieron los compañeros del provocador, tanto de la banca como del terreno y se empezaron a dar no precisamente consejos. El arbitro inglés Martin Atkinson suspendió el partido y la UEFA decidió finalmente otorgarle los tres puntos a las Águilas Negras.
Una victoria por 3-0 en Ereván, Armenia, sumado a la derrota de los daneses en Portugal, permitió a los albaneses apropiarse del segundo lugar del grupo y clasificar por primera vez en su historia a una competición continental. Atrás quedaban dos históricas selecciones del viejo continente como Dinamarca y Serbia, lo que revestía de un mayor heroísmo la hazaña obtenida por los muchachos del italiano De Blasi. Una orgía de abrazos y besos se desató en la plaza central de Tirana cuando esos 11 guerreros salían triunfadores del partido en territorio caucásico. En dicho juego decisivo, así como en gran parte de la eliminatoria, las Águilas Negras contaron con la presencia estelar de Taulant.
Ese mes de noviembre de 2015 la felicidad era absoluta en Suiza y Albania, pero en especial para la familia Xhaka, dado que sus dos amores animarían la máxima competencia de selecciones de Europa. Granit y Taulant se felicitaron mutuamente, hablaron de su realidad futbolística, de cómo veían las posibilidades de ambos combinados en el torneo y de su futuro profesional. Granit estaba siendo observado por el Arsenal, lo que enorgulleció a Taulant profundamente.
En esa conversación, medio en broma medio en serio, Granit le dice a Taulant: "Te imaginas nos toca enfrentarnos". Taulant le respondió: "Me encantaría, pero que sea en la final". Poco tiempo después, su deseo se haría realidad, pero no de la forma que ellos esperaban. En el grupo A de la Eurocopa 2016, la selección anfitriona Francia era encuadrada con Rumania, Suiza y Albania.
No sólo para Granit, sino que para otros jugadores que defendían la camiseta de la cruz blanca, era un partido especial desde lo emotivo. Shakiri y Behrami, titulares en el equipo helvético, son de origen kosovar también. Al otro lado del terreno de juego no estaban once futbolistas que buscaban derrotarlos en el campo solamente, esos tipos eran sus hermanos, por sus venas corría la misma sangre, independiente de que vistieran colores diferentes. Es más, los cracks suizos tenían más cosas en común con los albanos que con sus mismos compañeros de selección.
La atención mundial se centró en el histórico duelo entre estos hermanos. Antes había ocurrido lo mismo con los Boateng, pero las condiciones eran distintas. A estos muchachos los unía un sentido de pertenencia más fuerte que la mera representación de naciones opuestas, en esa cancha habían hijos de la guerra, existían historias de vida, dolores y alegrías, que por esas cosas locas del destino se encontraban representando ilusiones de pueblos diferentes. Uno de origen albano que representaba a Suiza, otro nacido en territorio helvético que vestía los colores de las Águilas Negras de Tirana.

Nada más comenzar ese partido en Lens, los suizos se pusieron en ventaja a los 5 minutos de juego con un cabezazo del central Fabian Schar tras un córner servido por Shakiri. Los albanos viendo vulnerada su resistencia tan tempranamente, se propusieron conseguir la igualdad, pero el orden defensivo de la zaga rival, sumado a un par de grandes intervenciones de Sommer, impidieron que lograsen su cometido.
En el minuto 36 de partido la desgracia se posó sobre Albania, cuando en un balón largo que Seferovic disputaba con Cana, éste último tropezó y para impedir el paso del balón puso su mano. El juez observó la jugada y al ver que el defensor obstaculizó una clara opción de gol decidió expulsarlo. Las Águilas Negras se quedaban con uno menos con más de un tiempo por disputar.
Tras la expulsión del gran central rojinegro, los suizos controlaron el partido a piacere. Fue ahí donde apareció la gran figura del arquero Berisha, quien con numerosas atajadas impidió que la ventaja inicial obtenida por su rival se agigantara. Los albaneses intentaron infructuosamente romper la paridad ante un ordenado combinado helvético, que comenzó su participación en el torneo continental con un esperado pero sufrido triunfo. Granit jugó tan bien que fue elegido el Man of the Match.
En las fechas siguientes, los suizos ratificaron su acceso a la siguiente ronda de la competencia empatando ante Rumania y Francia. Albania quedó eliminada tras caer 2-0 con los locales en la segunda fecha, pero en la última jornada, sin nada que perder, hicieron historia derrotando por 1-0 a los amarillos, consiguiendo su primer triunfo en la historia de la Eurocopa y, de paso, ayudando a sus hermanos suizos, quienes independiente del resultado ante Le Blues, clasificaban por la derrota rumana.
Las Águilas Negras se despedían con una victoria histórica, mientras los centroeuropeos de la cruz blanca debían enfrentar a Polonia por un paso a cuartos de final. Dicho emocionante partido terminó igualado a uno, debiendo dirimirse el ganador mediante lanzamientos de penal. Los polacos triunfaron 5-4. Quien erró la pena máxima en el cuadro helvético fue nuestro querido Granit Xhaka.
El fútbol comenzó como un deporte de la élite británica que se popularizó rápidamente en los barrios obreros de dicho país. Su universalización fue cosa de pocas décadas. Hoy en día, tenemos jugadores de cualquier etnia o raza representando selecciones que nada tienen en común con sus orígenes. Seguramente, el caso de los Xhaka será algo habitual en el futuro, donde avanzamos hacia sociedades sin barreras, en las cuales todo aquel que pueda ser aporte será bienvenido, independiente de sus rasgos distintivos respecto a la población nativa del lugar donde habita. Granit y Taulant nos recuerdan el refrán de que nadie es profeta en su propia tierra.
Comentarios
Publicar un comentario