Un día 22 de marzo de 2013, Zenica, Bosnia y Herzegovina, estadio Bilino Polje, ante 13.000 espectadores, el delantero estrella de la selección local anotó dos goles en el triunfo sobre Grecia por tres a uno, resultado que sería clave para clasificar al Mundial de Brasil 2014.
Edin Dzeko nació el 17 de marzo de 1986, en la ciudad de Sarajevo, actual capital de Bosnia. Para aquel entonces, su territorio formaba parte de la antigua República Socialista de Yugoslavia, la que solo un par de años después comenzaría su desintegración. En ese traumático proceso de desprendimiento, surgieron las diversas etnias pertenecientes a la nación que fuera liderada por Tito, exigiendo su independencia e iniciando los planes de conformación de gobiernos propios.
Para 1991, los gritos de rebelión de croatas y eslovenos alertaron a los compatriotas del futuro goleador, quienes se declararon libres en 1992. Dicha proclamación independentista cayó como puñetazo en el estómago a los serbios, quienes reaccionaron de muy mala manera, dando inicio así a la Guerra de Bosnia.
Los serbobosnios enfrentados a los bosniocroatas y a los bosníacos, se dieron como bombo en fiesta, generando uno de los episodios bélicos más brutales de los últimos años en Europa. Entre el genocidio, la limpieza étnica y las violaciones masivas, el número de víctimas que dejó el conflicto asciende a más de 250.000 personas. Si a eso se suma el millón trescientas mil que fueron exiliados o desplazados, la cifra de afectados alcanza ribetes desastrosos.
¿Quién le devuelve la felicidad a los afectados?. A esos miles que sufrieron brutales vejaciones o familiares de los asesinados por absurdas diferencias étnicas les eliminaron las sonrisas del rostro. Tres pueblos que jugaron a ver quién la tiene más grande, dejando secuelas imborrables para la memoria de un pueblo humillado. Los gritos de ¡basta ya! hicieron recular a los líderes de las tres naciones involucradas, quienes firmaron el alto al fuego a fines de 1995.
Los diez primeros años de vida del niño Edin fueron crudos. Vaya infancia que acompañó al muchacho, quien creció en un departamento de 35 metros cuadrados donde vivía con otras catorce personas. Su casa había sido destruida, así como su inocencia, dado que a corta edad normalizó los balazos y bombas como algo cotidiano. Ver las caricaturas de Tom y Jerry, Mickey Mouse o un partido de fútbol era un sueño para alguien que despertaba y no sabía si iba a llegar al día siguiente.
Una dolorosa anécdota vivida por el pequeño diamante bosnio refleja el estado de caos vivido en su territorio. Un día le pidió a su madre si le daba permiso para ir a jugar fútbol a la cancha vecinal, a lo que ella se negó. Él corrió a la pieza, pegó un buen portazo y lloró porque le impedían salir a disfrutar. Al cabo de un rato, las alarmas se encendieron en el barrio, porque en aquella canchita había reventado una bomba, falleciendo algunos de sus amigos, mientras otros quedaron gravemente heridos. El sexto sentido de Belma salvó a su hijo de una tragedia y al país de ser privado de su mayor exponente deportivo del nuevo milenio.
Inició su carrera en el FK Zeljeznicar de Sarajevo, cuyo campo de juego también fue terreno minado durante la guerra que azotó al país. Ya limpio y disponible para recibir espectáculos deportivos, fue el escenario donde Dzeko dio algunas luces del talento con el que deslumbraría en el concierto europeo unos años más tarde.
Su comienzo no fue dulce como se podría suponer. El DT lo encontraba "tronco", pero le servía. El "visionario" que lo dirigió en su club de origen lo ubicaba como mediocampista. Todo ese talento desperdiciado en una posición que no se condecía con sus cualidades naturales para meterla adentro. Mientras tanto el crack se esforzaba en cada entrenamiento para convencer al profesor, sus compañeros y a la afición de todo lo que podía entregar.
Un amigo de la vida le preguntó una vez: "¿Por qué no tiras la toalla?. Eres inteligente, podrías ser un buen profesional en lo que te propongas". Ante esa pregunta, Edin le respondió "Hermano, yo te esquivaba balas de francotiradores para ir a jugar al arco peleado. Créeme que esto no es nada. Yo ya decidí que el fútbol es lo mío desde pendejo y nada me hará cambiar de opinión. Voy a ser un clase mundial por mí y por todos mis panas que no lo podrán lograr jamás".
Tras dos temporadas con el equipo ferroviario de Sarajevo, las grúas de otras latitudes se posaron sobre ese adolescente consumido por el acné. El Teplice de la liga checa ofrecía una "millonada" por el palitroque Dzeko y se lo llevaba a las tiernas tierras de la ex Checoslovaquia. Los dirigentes del Zeljeznicar pensaron que habían cerrado un negocio redondo al venderlo, pero no imaginaban la verdadera joya de la cual se desprendían por unos cuantos miles de dólares.
En República Checa comenzó a explotar realmente el diamante nacido en la capital bosnia. Ya ubicado de delantero centro, para la temporada 2006-2007 se convertía en el segundo goleador de la liga local detrás de Lubos Pecka del Mlada Boleslav. Lo meritorio del logro de Edin es que su equipo era uno de medianía de tabla hacia abajo, por lo que adquirió el doble de valor la cantidad de anotaciones convertidas por el poderoso ariete.

Al finalizar esa campaña, Félix Magath, histórico jugador alemán y técnico del Wolfsburgo en aquella época, puso sus ojos marrones sobre los azules del novel artillero de Sarajevo y lo sumó a sus filas. En el Teplice todo era alegría tras esa venta, dado que lo habían comprado por solo 25.000 euros y lo traspasaban en 4 millones de la divisa que mueve a Europa. Al ojeador del modesto club checo que gestó la operación de llegada del balcánico, le regalaron un viaje al caribe con todos los gastos pagados y le hicieron una estatua afuera del estadio. Mientras ese funcionario se convertía en el puto amo, Dzeko empacaba maletas para viajar al norte germano.
En Alemania estuvo cuatro años. Brilló con luces propias y se puso en la órbita de los mejores clubes del mundo. Su recordada segunda temporada con Die Wölfe quedó en la retina de todos los hinchas del deporte rey. Especialmente, aquella histórica dupla formada con Grafite, que acribilló las redes rivales durante la 2008-2009 y que comandó al dream team vestido de verde al único título de Bundesliga de su existencia.
Esa campaña liguera tuvo un comienzo espantoso para las aspiraciones de los dirigidos por Magath, que lograron solo dos triunfos en siete partidos. Hasta fines de enero, la trayectoria de los Lobos del norte era tibia, con duras caídas ante sus principales opositores en la lucha por la punta, sin embargo, los dulces meses de febrero y abril los posicionaron en la disputa por el trono. Diez triunfos consecutivos, dentro de los que se cuenta la goleada por 5-1 que le propinaron al Bayern Múnich, los dejaron al tope de la tabla.
Con los todopoderosos de la región de Bavaria llegaron igualados en puntos a la fecha 33. El buen nivel del Wolfsburgo fue decisivo para inclinar la balanza a su favor. Mientras el Bayern no pasaba del empate en su visita a Hoffenheim, sus rivales goleaban por 5-0 a domicilio al Hannover 96, con tres goles de Edin y dos de Grafite. Esa leve ventaja obtenida sería clave para ratificar el título a la jornada siguiente con otra brutal exhibición de buen fútbol y eficacia, derrotando por 5-1 al Werder Bremen.
La localidad del norte de Alemania donde residía el campeón entró en absoluto frenesí. Los 120 mil habitantes no lograban concebir lo que tenían frente a sus ojos. La moderna ciudad conocida por ser la sede de los autos Volkswagen, festejaba por vez primera un título de Bundesliga. En un plantel donde brillaron grandes jugadores como el suizo Benaglio, los italianos Zaccardo y Barzagli, el brasilero Josué o el bosnio Misimovic, tuvo sin lugar a dudas dos figuras excluyentes: la dupla de ataque Dzeko-Grafite, que para esa temporada contribuyeron con 54 de los 80 goles en liga de su club.

Edin siguió rompiendo redes a la campaña siguiente, donde si bien su equipo se ubicó en octavo lugar en la Bundesliga, él saldría goleador con 22 goles. Llevaba dos años convirtiendo más de 30 anotaciones sumando todas las competiciones. Tenía 24 primaveras y llamaba la atención de toda Europa con sus brutales números. En una región balcánica que estaba acostumbrada a ver la aparición de grandes jugadores serbios y croatas, se colaba un bosnio entre la élite europea, un sobreviviente que estaba dispuesto a triunfar.
La ratificación de sus extraordinarias actuaciones en el país de Adolfo, llamaron la atención de la nación de Queen Elizabeth, donde los nuevos ricos de Manchester pusieron 32 "guatones" de la divisa europea para sumarlo a su rico ramillete de arietes. Ahí conformaría notables duplas de ataque con Balotelli, Tevez y Agüero, entre otros.
Mientras tocaba techo con la camiseta de los citizens, al diamante le preocupaba otra cosa. Lo exasperaba que cuando se hablara de las mejores selecciones del sureste europeo no se nombrara ni por equivocación a su querida Bosnia. Miraba a su lados y veía que material humano había, solo faltaba afinar detalles para aceitar la máquina de los Lirios Dorados.
La llegada de Safet Susic, consumado el fracaso en la Clasificación a Sudáfrica 2010, impulsó un gran cambio en el país balcánico. Histórico ex jugador yugoslavo de origen bosnio, su conocimiento de la idiosincracia del fútbol local resultó clave para darle forma a una camada de buenos exponentes que necesitaba ser encauzado al éxito. Los resultados se vieron de inmediato. Casi dejan fuera a Francia para la Eurocopa 2012 (perdieron en repechaje ante Portugal) y accedieron a Brasil 2014.
Para obtener el pase a la cita planetaria en Sudamérica, los bosnios debieron sortear un grupo de clasificación con Eslovaquia, Lituania, Letonia, Liechtenstein y la siempre complicada Grecia. La pelea se iba a dar con la tropa liderada por Marek Hamsik y con los adoradores de Atenea. Bosnia comenzó como una máquina con tres triunfos y un empate de visita en terreno de Aristóteles. Las expectativas se estaban logrando hasta ese momento, pero venía el partido de vuelta con los blanquiazules.
Ese match en Zenica era clave para las aspiraciones de Zmajevi de llegar a la cita mundial. Si obtenían un triunfo se disparaban en la cima de la tabla, la que en ese entonces compartían precisamente con su rival. Tras el resultado obtenido en El Pireo, se dieron cuenta que los helénicos no eran imposibles de vencer. Con esa convicción salieron al terreno de juego esa alocada tarde que daba inicio a la primavera en el continente europeo. Iban quedando atrás las hostiles temperaturas del crudo invierno y así como venían tiempos mejores, también se esperaban marcadores favorables a las aspiraciones de la escuadra local.
El profesor Susic sabía que era un partido clave y así lo demostró desde el arranque. Salvo Pjanic que quedaba en el banquillo, Bosnia iba con lo mejor que tenía. Nombres como Lulic, Misimovic, Spahic, Vranjes o Begovic, sumados a la dupla goleadora de Ibisevic y Dzeko, daba para ilusionar a las trece mil almas que hicieron sentir su apoyo desde antes de comenzado el partido, al cantar unidos en un solo coro el "Intermeco" (himno nacional).
Los blancos se volcaron al ataque desde el comienzo y obtendrían sus réditos. A los 30 minutos, un centro venenoso de Misimovic encuentra la cabeza de Edin, quien desvía el balón tras ganarle a los guerreros espartanos que buscaban evitar su obra. Euforia total en el estadio y el blondo delantero que corría a la esquina a celebrarlo con su pueblo.
Lejos de relajarse, los locales siguieron presionando y tan sólo 360 segundos después del primer tanto, vendría el segundo. Tras un penal a favor de los bosnios que Karnezls le contuvo a Misimovic, el rebote le quedó a Ibisevic, quien solo tuvo que empujar la esfera para aumentar el marcador. Nueva algarabía de la hinchada local, que veía como sus soldados vencían de forma contundente a la anonadada visita.
Llegado el entretiempo la instrucción del adiestrador fue que no bajaran los brazos. Lo peor que podían hacer era creer que el asunto estaba liquidado. "En el mundo del fútbol, todos sabemos que una ventaja de 2-0 al término de la primera mitad es el resultado más peligroso que existe. Genera conformismo y eso es fatal. Quiero ver al verdadero hombre bosnio, ese que sobrevivió a una guerra, que vio el horror en sus calles, que vivió con temor de que una bala o una bomba acabara con su vida y que aún así siguió adelante con la frente en alto orgulloso del país que lo vio nacer", arengaba un motivador DT.
Dicho cúmulo de palabras emotivas los condujo por el irremediable camino de la finiquitación de su oponente. Bastaron sólo siete minutos de la segunda mitad para que se volviera a repetir la fórmula del primer grito. Falta cobrada por Misimovic y nuevo cabezazo a la red de Dzeko, quien a esas alturas tenía a Papadopoulos de nieto. El gran goleador originario de Sarajevo aparecía en el momento clave para sepultar las aspiraciones de los filósofos de rescatar algo de tierras balcánicas. El descuento de Gekas en los descuentos, sólo serviría para decorar el sólido triunfo de la Zmajevi.
Haberle ganado a su principal obstáculo en las aspiraciones de conseguir una cita en el Mundial, fue como un cohete en el trasero para los domiciliados en Sarajevo, quienes lograron cuatro triunfos y una derrota en los cinco juegos restantes, quedando igualados en el primer lugar con los griegos, pero como en los resultados entre ambas escuadras los bosnios fueron superiores, se terminaron quedando con el cupo directo a la competición planetaria. Esos dos testazos de Super Edin resultaron claves para esa histórica clasificación, quien llegó finalmente a las diez anotaciones, quedando a una del máximo goleador de Europa en aquellas eliminatorias, que fue el holandés Robin Van Persie.
A mediados de 2014, Bosnia era conocida principalmente a través de la figura de Dzeko. Si bien había varios jugadores desempeñándose en las mejores ligas del orbe, el capo cannonieri del Manchester City era referente absoluto del fútbol de aquel país de poco más de tres millones de habitantes. Ese pequeño y maldito pedazo de tierra tendría la chance de mostrarse ante el mundo como quería ser conocido, esto es, como una nación combativa que lo entregaría todo en pos de sus objetivos.
El sorteo los encuadró con Argentina, Nigeria e Irán. Las expectativas de los "Susic boys" pasaban por lo que podrían exhibir en los partidos ante africanos y asiáticos, porque a los comandados por Messi resultaba muy difícil vencerlos. Ni aunque el flaco Luis Alberto Spinetta hubiese escrito la canción "Bosnia", llorando melancólicamente la masacre de los 90, la albiceleste tendría piedad con ellos.
Un tempranero autogol y una obra del artista Leonel sepultarían las opciones de Los Dragones de debutar con una victoria, o al menos un empate, en el primer partido de la cita mundial. En el segundo duelo caerían con Nigeria por 1-0 con un manto de polémica escandaloso. En ese juego, Dzeko convertía su primer gol en la Copa y el juez de línea no vidente lo anulaba por un supuesto offside. Las repeticiones reflejarían una y otra vez, que el 11 iniciaba la jugada absolutamente habilitado. Tras el gol de Odemwingie, previo notable desborde de Emenike, los balcánicos, y en particular Edin, dispondrían de numerosas oportunidades de empatar, pero el infortunio y el golero africano impidieron la materialización de un resultado que hubiese reflejado mejor el trámite del partido.
Esa rabia del diamante de Sarajevo se desbordó en el último compromiso ante Irán. Tenía impotencia porque su ilusión mundialera había sucumbido injustamente ante los errores arbitrales, por lo que manifestaría su rebeldía ante los dirigidos por Charli Queiroz. A los 23 minutos, tomó el balón y encaró a la defensa rival con una determinación admirable, encontrando la posibilidad de ensayar un disparo de zurda raso que se coló por el lado izquierdo del pórtico de Haghighi. Golazo para abrir los fuegos de una victoria que complementarían los buenos de Pjanic y Vrsajevic.
Los bosnios concluían su participación dejando en claro que no se iban porque querían, sino que se marchaban porque no quisieron que siguieran. Un grupo de jugadores que se había forjado en la injusticia y el dolor revivía viejas pesadillas del pasado en aquella eliminación. "Si no nos anulaban el gol de Dzeko pasábamos", era una de las frases más repetidas por el plantel y la afición.
Pero no pasó. Y quizás fue mejor que no ocurriera. Al igual que muchas situaciones en la vida, donde las personas quedamos en una eterna incertidumbre acerca de qué hubiese acaecido si actuaba u omitía una conducta, ese equipo vivirá eternamente con la duda, pero deberá saber canalizar esa frustración de la mejor manera posible. "La próxima vez lo haremos mejor", decían convencidos los cracks.
Y 50 años más tarde los jóvenes y no tan jóvenes les contaran a sus nietos acerca del mito del Dios Edin, el fundador de la tradición oral futbolística bosnia. Esa historia que comenzó en Sarajevo, con un sobreviviente a una cruda guerra civil, que se sobrepuso a miles de adversidades y lideró una manada de héroes que triunfaron en su tierra, resaltaron las virtudes de su pueblo, cruzaron los mares para librar una épica batalla en Brasil y sucumbieron dignamente.
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