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El Llanero Solitario


Un día 8 de junio de 2017, Daejeon, Corea del Sur, estadio Purple Arena, ante 3.486 espectadores, un talentoso volante venezolano convirtió el penal decisivo para ubicar a su selección por primera vez en la final de una competición mundial de fútbol.

Yangel Clemente Herrera Ravelo, nació en La Guaira, Venezuela, con fecha 7 de enero de 1998. Un poco más de 365 días después de su aparición en este planeta, ocurrió un hecho que cambiaría la sociedad de su país para siempre: la llegada al poder de Hugo Chávez. Amado y odiado, el carismático líder originario de Sabaneta es la gran voz de la izquierda latinoamericana del siglo XXI, independientemente de su fallecimiento el año 2013. 

Sus gobiernos se caracterizaron por un fuerte presidencialismo, nacionalización de las principales empresas del país, auges y declives económicos, varios referéndum constitucionales y una política externa contraria a Estados Unidos, el principal enemigo mundial del caudillo caribeño. Recordados son sus rounds con George Bush o el rey Juan Carlos de España, dos "genuinos defensores" de los intereses del pueblo venezolano.

Demócrata y déspota, comandante y comediante, la figura del inspirador del sueño bolivariano es objeto de permanente disputa entre estados, intelectuales y ciudadanos. Hasta su muerte producto de un cáncer colorrectal lo fue, dado que algunos dicen que falleció en Cuba, mientras que la versión oficial señala que su deceso ocurrió en Venezuela. Sea como fuere, el comandante Hugo Chávez se perdió la posibilidad de ver a su querida nación encumbrada entre los más grandes del fútbol mundial de la mano de su Yangel de La Guaira.
 
En aquella ciudad costera del norte venezolano donde fue criado, los niños partían con el balón entre los brazos a la playa. Todos, menos Yangel. Al pequeño lo obligaban a practicar béisbol, porque su padre soñaba con tener un gran beisbolista en la familia. Hasta que a los nueve años, una vez mudado a Aragua de Maturín le dijo a su daddy: "Desde carajito me obliga a jugar esa vaina, que no es de mi agrado y usted lo sabe. Yo lo que quiero es jugar al fubol". 

Esa revelación no sólo tuvo un importante impacto para el niño, sino que también para todo el pueblo venezolano, dado que en el estado de Monagas se comenzaba a forjar el todo terreno que los llevaría a conseguir grandes hazañas. Y fue en el club local donde dio sus primeros pasos, dado que el Monagas SC, que se desempeñaba en la Segunda División, lo cobijó sus dos primeras temporadas como profesional. El 2016 pasaría a la máxima categoría vistiendo los colores del Atlético Venezuela, donde estuvo una sola campaña.

Desde temprana edad fue un habitual en las convocatorias para las selecciones menores de su país. Formó parte de la Sub 15 y Sub 17 de la Vinotinto, siendo una de las primeras opciones que cada adiestrador escogía para formar su once titular. En la Sub 20 no sería distinto. Yangel era calidad asegurada y eso necesitaban para aspirar a obtener un soñado cupo en un Mundial de la categoría.

Tras la horrible participación en el Sudamericano Sub 20 del año 2015, la Federación de Fútbol de Venezuela decidió acudir a un viejo conocido para que conduzca a las series juveniles, que no era otro que el ex portero internacional Rafael Dudamel. Regresaba a casa uno de los mayores exponentes bajo los tres palos que ha tenido el país en toda su historia, con ideas claras acerca de qué debía hacer para llevarlos a un siguiente nivel. El Libertador había estado presente en memorables y nefastas jornadas cuidando la guarida caribeña, por lo que quién mejor que él para indicarles la fórmula que permitiría a esos chicos, condenados a fracasar por la opinión pública, llegar a ser unos ganadores.

Al año siguiente de asumir en la categoría de inferiores, le fue ofrecido el cargo de director técnico de la adulta, desafío que tomó de gran manera, accediendo a cuartos de final de la Copa Centenario 2016, tras dejar en el camino a Uruguay en la fase de grupos. Su participación se vio opacada en cierta medida tras caer ante Argentina por 4-1, derrota que no hizo justicia a la buena actuación exhibida por la Vinotinto. Por ende, no obstante ese fuerte revés, la impresión que dejó Rafa era que estaba haciendo las cosas de manera distinta y que aquello se podría ver traducido en algún resultado favorable.

Pasada la competición continental en Estados Unidos, el adiestrador nacional se ponía a trabajar en la conformación del grupo que los representaría en el Sudamericano Sub 20 a celebrarse en Ecuador. Sabía que existía materia prima, pero no bastaba solo con eso. Tenía que enseñarles a jugar y a ganar.    

Yangel tenía 18 años cuando se apoderó de manera incontestable del mediocampo en Atlético Venezuela, situación que era seguida muy de cerca por Dudamel, quien pretendía estructurar su medio campo con Herrera como eje. Se fascinaba ante cada demostración de coraje exhibida por el joven, tenía actitud, buen trato de balón y una rápida recuperación del mismo. Esas cualidades no sobraban en la República Bolivariana, por lo que resultaba imperioso utilizarlas en beneficio del conjunto. 

Atlético Venezuela fichó al juvenil vinotinto Yangel Herrera ...

Nadie sabe de dónde, pero comenzaron a aparecer promesas en cada una de las posiciones del terreno de juego. Al arco surgía un portentoso Fariñez, en la defensa los impasables Ferraresi y Mejías, el medio se construía con Yangel y Sergio Córdova y en ofensiva ya era una locura, les daba para regalar jugadores a las otras naciones, con Soteldo, Sosa, Peña, Chacón, Jan Hurtado o Peñaranda. 

La fase grupal los ubicó en la zona de Ibarra, con los primos del Río de la Plata y los del Lago Titicaca. Cuatro empates cosechó la tropa del ex golero en la primera fase, con un sólo gol convertido. Las dudas que provocaba la falta de concreción de los atacantes era sopesada con la solidez defensiva. Como fuera, había logrado acceder al hexagonal final que definiría los clasificados a la Copa Mundial de la categoría a celebrarse en Corea del Sur.

Venía la fase final y los carajitos sabían que recaía una responsabilidad mayor sobre ellos. Don Rafael agarró a los delanteros y volantes ofensivos del equipo para motivarlos en pos de mejorar su producción ofensiva y les dijo: "Que coño, un gol en cuatro partidos no es nada. Los veo anotar en las consolas y no se les dificulta. Acá es lo mismo, la vaina esa de ir al fondo y tirar al centro atrás para que uno la meta en el área, necesito que de una puta vez lo hagan en una cancha de fútbol. Créanme que no nos vendría mal."

Esa extraña inyección anímica a los potenciales nóveles goleadores llaneros, les repercutió como un viagra en el organismo de un anciano y se pusieron a embocarla tras una larga espera. Comenzarían igualando ante Colombia a un tanto, obra de Soteldo. Las sensaciones eran buenas, se había logrado convertir, la producción ofensiva presentaba una mejoría, pero el resultado los decepcionaba. Venía Ecuador y la consigna era una sola: "Golear, golear y golear".

Y así fue nada más. En la segunda fecha del cuadrangular, Venezuela se dio un festín con la local. Lo ultrajó en el Atahulpa de Quito, llegando a ponerse 4-0 arriba. La primera diana fue obra de Yangel, con un verdadero golazo desde fuera del área, que dejó sin opción al golero rival. El delito lo completaron Yeferson nuevamente, Chacón y Córdova. Los dos descuentos finales del Tri sólo permitieron adornar la incuestionable superioridad de los visitantes. 

El tercer partido del hexagonal fue una bofetada en el rostro. Una derrota ante Brasil por 1-0 con un gol en el minuto 89, que los bajoneó, pero no los destruyó. Se jugarían la vida ante la Celeste, equipo que al menos conocían porque ya los habían enfrentado en la primera fase. Había que cuidarse de los balones aéreos, de la velocidad de sus extremos y de las patadas, que con los charrúas son repartidas sin receta médica.

El partido se preveía duro. Uruguay estaba virtualmente clasificado, pero debía ratificar esa condición de líder ante Venezuela. En las huestes llaneras había una especial confianza, no se explicaban por qué, pero sentían que ganarle al mejor de todos revestía a esa clasificación de un toque de heroísmo. Se colocaron la casaquilla nacional y el resto fue diversión. Tras 45 minutos reñidos, el segundo tiempo se vendría el carnaval de los domiciliados en Caracas. Peña destapó la botella de champagne, Soteldo la bebió y Chacón sacó a bailar a las nenas. 3-0 contundente que ubicaba a la Vinotinto con plaza y media en el Mundial. 

En el último juego habrían de caer 2-0 ante Argentina, pero el empate de Brasil contra Colombia, los ubicó en tercer lugar en el hexagonal final, consiguiendo una hazaña memorable para el segundo deporte más popular del país. Los treinta millones de venezolanos se alegraban de lo obtenido por este grupo de púberes, que había logrado que Sudamérica se deleitara con sus notables exhibiciones de buen fútbol. Yangel, Soteldo, Fariñez y varios más, ya eran idolatrados por los niños en la costa, el llano y la montaña.

Los secretos de la histórica clasificación de Venezuela a la final ...

"Muchachito, lo que logró es súper importante, pero no lo quiero ver pantalleando, me oyó. Usted no salió zagaletón, sino zanahoria, y le doy gracias al divino por eso. Usted no es de bolearse, las cosas le cuestan, por lo que si quiere luquearse y tener una vida chévere debe trabajar. Mire a sus panas, en qué están ahora, viviendo de peaje o puro tumbando. Cuídese y que Dios me lo bendiga", le dijo su madre cuando volvió a ver al niño triunfador. Las ausencias de los cumpleaños de sus familiares y amigos, las miles de festividades que pasó concentrado por el fútbol y las frustraciones por no poder hacer lo que otros de su edad hacían, comenzaban a dar sus frutos.

Al poco tiempo se supo el sorteo de grupo para el Mundial. Compartirían zona con Alemania, México y Vanuatu. Salvo por el rival oceánico, los europeos y norteamericanos siempre han sido selecciones de prestigio, tanto a nivel adulto como juvenil, por lo que habría que redoblar esfuerzos para superarlos. 

Una vez enterado de la fase de grupos, Yangel comenzó su obsesión con una Copa donde pretendía brillar. Sabía que cuadrar buenas actuaciones era clave para su desarrollo profesional, porque irían observadores de todas partes del mundo. Asimismo, tenía conocimiento que el valor de un venezolano seguía siendo inferior al que tenían jugadores de otros países sudamericanos, por lo que el incentivo de europeos para llevarse a los virginales llaneros sería poderoso si destacaban.    

A San Rafael le llegó la nochebuena anticipada, porque para ese Mundial contaría con un plantel extraordinario. Gran calidad en todas las líneas, especialmente en el ataque, donde se sumaba Peñaranda, Jan Hurtado y Sami Sosa, que no habían participado en el Sudamericano. Esa gula de delanteros con la que contaba el adiestrador lo llevaría a modificar el esquema táctico, pasando de un 4-4-2 a un 4-3-3. Tenía que poner a Adalberto, el gran representante del pueblo en el viejo continente. No obstante esa constelación de estrellas, Dudamel tenía claro quién era su líder: la jineta de capitán la llevaría Yangel Herrera.

Iniciada la cita planetaria, comenzó la rumba caraqueña. Primero pasaría Alemania, a quien derrotarían con un categórico 2-0. Luego, los oceánicos de Vanuatu, que se llevarían un saco de siete goles en contra. Y para concluir, con su cupo asegurado en la siguiente ronda, se dieron el lujo de vencer a los aztecas por 1-0. El héroe de primera fase fue el mediocampista Sergio Córdova, quien se matriculó en cada uno de los partidos. Sus compañeros lo bromeaban: "Sergio, menos mal no se puso a singar, que la descendencia sería numerosa". 

Tras esa extraordinaria demostración de buen fútbol por parte de la mini Vinotinto, vendría la hora de probar que estaban hechos para la gloria. De qué valía venir precedidos de diez goles a favor y cero en contra si no lograban ratificar en las instancias decisivas. Su posición en el grupo fue de suma utilidad para quedar emparejados con un rival menos peligroso: los niños de ojos rasgados del país del sol naciente. Japón sería su escollo a superar en octavos.

Aquel duelo ante los nipones fue extraño. Parecía que los regadores del estadio de Daejeon no sólo habían mojado el césped, sino que también la pólvora de los atacantes venezolanos. No les salió una en ese partido, forzando así el desenlace de la batalla américo-asiática al alargue. El partido era de un ida y vuelta electrizante, el que primero convertía sería el clasificado, no quedaba otra, matar o morir era la consigna en esa media hora final. 

Segundo tiempo de la prórroga, en el minuto 108, un córner servido por Lucena al centro del área, con mucho veneno, encuentra conexión en la cabeza de su panita Yangel Herrera. El caudillo de la tropa llanera enviaba un testazo formidable derecho a las redes rivales. Un verdadero golazo que se gritó con el alma, por los pocos locos que los apoyaban desde las gradas y por los millones que lo hacían en su tierra natal. "Doble U con Yangel", aclamaban los fanáticos para venerar a su pilar del medio terreno.

Copa Mundial Sub-20 de la FIFA 2017 - Noticias - Venezuela ...

En los cuartos de final vendría Estados Unidos. Desde el palacio de gobierno los llamados eran a eliminar a "esos imperialistas serviles del mercado de capital", desde la sociedad civil las peticiones iban en "darle una alegría al pueblo que tanto lo necesita", y por último, en el plantel la meta era una sola "llevarnos el título a casa". Muchas voces que se resumen en un sólo objetivo: ganar.

Al igual que con los descendientes de Oliver Atom y Hanamichi Sakuragi, los pupilos de Dudamel terminaron en alargue. A los 6 minutos del primer tiempo de la prórroga se desató la locura con un mortal pase de Sosa que encontró solo a Peñaranda en el área para poner el 1-0. Con esa ventaja, los llaneros controlaron el juego y le clavaron una segunda estocada a los yankis mediante cabezazo de Ferraresi, que consolidaba el pase a semis a 5 del final. Sin embargo, un descuento sobre el término del partido de Ebobisse, quebraría la impresionante racha de Fariñez sin recibir anotaciones. 

En la ronda de cuatro mejores se encontrarían con un viejo conocido: Uruguay. Lo habían enfrentado dos veces en el Sudamericano, con un empate y una goleada para los venezolanos, pero seis meses después todo podía pasar. Los orientales venían de una gran campaña, mostrando mucha categoría para superar a duros rivales como Italia y Portugal, por lo que había que extremar precauciones al momento de enfrentar a los púberes vestidos con camiseta celeste.

Los charrúas tenían un sólido equipo liderado por dos mediocampistas fuera de serie como Betancur y Valverde, que podían intimidar a cualquier joven por lo imponentes que resultaban. A cualquiera, menos a Yangel, que les dio cara como un felino durante todo el cotejo. "Hay que enfrentarse a los mejores y superarlos", se decía permanente el tapón caribeño. 

A comienzos de la segunda mitad de ese duelo de semifinales, el árbitro cobró penal a favor de los orientales que Nico De la Cruz transformó en el 1-0 parcial. De ahí el cerrojo uruguayo. Los llaneros se volcaron al ataque para encontrar el empate que les permitiese llevar el desenlace a un tercer alargue consecutivo, pero la tarea sería titánica. Una y otra vez se encontraban con la muralla celeste, que con patadas, balonazos y picardía, resistía las embestidas. Sin embargo, uno de esas infracciones tendría consecuencias. 

En el minuto 91, el juez pitó falta al borde del área uruguaya. Se acercaron todos los especialistas e hicieron piedra, papel o tijera para ver quién patearía. Ganó Sami Sosa, pero Soteldo y Peñaranda se ubicaron ahí para engañar a los defensas rivales. Se dio la orden y nadie imaginó lo que pasaría. Inició carrera Adalberto, pero rápidamente Samuel corrió hacia el balón y lo impactó con el alma. El resultado fue un misil que se coló en el ángulo donde estaba el guardameta uruguayo, que nada pudo hacer ante esa demostración de precisión y violencia que se vio en ese remate. In extremis, la Vinotinto conseguía poner la paridad y enviar el partido a alargue. 

Durante la media hora de prórroga los sudamericanos no se lograron sacar ventajas, por lo que todo se definiría mediante penaltis. El sistema utilizado para esa competición fue el llamado "ABBA", que consiste en que un equipo patea un penal y después a su rival le corresponde ejecutar dos veces seguidas. Con cuatro lanzamientos disparados por Uruguay, la definición se encontraba igualada a 3 y le tocaba a Venezuela dos penas máximas consecutivas. Primero fue Soteldo y falló, quedando el quinto remate en los pies del capitán.

El encargado de patear el último tiro era Yangel. Con la responsabilidad de ubicar a su país por primera vez en la final de una competencia mundial de fútbol. La mochila que llevaba sobre sus hombros era pesada, dado que históricamente habían sido los peores, nadie daba un peso por ellos y se los consideraba una selección sin trayectoria en este tipo de torneos. Pero como en el amor, las drogas y las elusiones de pago de impuestos, siempre hay una primera vez. 

A medida que Herrera se acercaba al arco, éste se hacía cada vez más pequeño, pero el 8 ya tenía tomada una decisión. Posicionó el balón, escuchó la orden y remató a la izquierda del guardameta. Golazo que dejaba a la Vinotinto arriba en el marcador.

Venía De la Cruz para el último tiro charrúa. Si Fariñez contenía el remate, los llaneros accedían a la gran final. El delantero tenía claro donde iba a patear, pero Wuilker también sabía para que lado se lanzaría, sería para la izquierda. Así como Herrera, desde que nacieron a fines de los noventa, no conocieron otra cosa, por lo que su elección resultaba lógica viniendo de la República Bolivariana. Con plena convicción se lanzó hacia la sinistra y atajó el penal, permitiendo el milagro de llegar al partido definitivo. 


En la final de aquella competición se encontraron con Inglaterra. Un gol de Calvert-Lewin a los 35 del primer tiempo destruyó las ilusiones caribeñas de llevarse la Copa a Sudamérica. La desazón fue gigantesca al ver que estuvieron tan cerca de dejar a su país en el olimpo del fútbol joven, pero al mismo tiempo se percataron de que ese era solo el comienzo de la aventura. El cambio en la mentalidad de ese grupo de jugadores permite a todo un pueblo ilusionarse con ver la camiseta granate en un Mundial adulto. Calidad tienen de sobra.

Yangel es un jugador de buen físico, fuerte, que tiene toque, salida y mucha personalidad. Rápido en la recuperación, disciplinado tácticamente, conduce el balón con confianza y posee un remate brutal desde larga distancia. Es un chico que no tiene techo. Lo comprobó en Corea del Sur, donde salió elegido el tercer mejor jugador del torneo. Poco tiempo después, ficharía por el Manchester City.

Y fue así como ese joven que practicaba béisbol obligado desde niño, que solo quería cambiar el bate por la pelota de cuero, que dejaba muchas cosas de lado para abrirse paso en el deporte rey y que esquivaba las tentaciones de acceder a drogas o de cometer delitos para tener una "vida fácil", se convirtió en el pilar fundamental de la selección juvenil venezolana más exitosa de todos los tiempos. Las nuevas generaciones vienen con una mentalidad distinta y Herrera es el fiel reflejo de eso. Tienen hambre y ganas de hacer historia.

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