Un día 15 de julio de 2009, Belo Horizonte, Brasil, estadio Mineirao, ante 64.800 espectadores, el club Estudiantes de La Plata daba un golpe a la cátedra y se consagraba campeón de América de la mano de uno de los mejores mediocampistas argentinos de todos los tiempos.
Juan Sebastián Verón nació en La Plata, Argentina, con fecha 9 de marzo de 1975. Por aquel entonces, el país se encontraba gobernado por María Estela de Martínez, quien sucedió en el poder a su difunto marido Juan Domingo Perón. Isabelita, como era cariñosamente conocida, fue la primera mujer en asumir la presidencia, adquiriendo la responsabilidad de enrielar el rumbo de una nación que se encontraba inevitablemente dividida entre izquierdas y derechas.
En esa labor, se hizo asesorar por don José López Rega, un pan del señor que en su dulce prontuario de vida tiene la creación de una organización paramilitar que tuvo por objeto eliminar los elementos marxistas en el peronismo. La palabra "eliminar", desafortunadamente, no se ocupaba de manera metafórica. La famosa Triple A no discriminó colores, edades, oficios ni gustos futbolísticos o musicales, repartió balazos a todos por igual.
A tres meses del nacimiento del futuro héroe platense, el gobierno de Isabel impulsó el plan económico conocido como "Rodrigazo", que implicó un súbito y violento incremento de precios con objeto de regular la inflación. El ascenso de los montos a pagar por transporte, combustible, electricidad y servicios públicos emputeció al pueblo, que se manifestó airadamente contra la medida. Dicho desastre caldeó los ánimos y precipitó la llegada de los militares al poder, mediante el "Proceso de Reorganización Nacional" que estatizó el crimen organizado.
En la casa de los Verón las cosas iban bien, dentro de lo posible. Juan Ramón, el padre de familia, era el mejor jugador de Estudiantes de La Plata en aquella época. "Bueno, bueno, bueno", decían los periodistas, compañeros de profesión y de equipo del puntero apodado "La Bruja". Un goleador brutal, desequilibraba con su técnica, velocidad y oportunismo. En su equipo era una leyenda, por su crucial participación en las finales de Libertadores e Intercontinental del año 68.
Mientras Juan Sebastián irrumpía en este mundo, su padre se encontraba jugando un clásico de La Plata ante el eterno rival Gimnasia y Esgrima. El partido terminó en una igualdad a tres, con Juan Ramón anotando el último gol, que llevaría a la definitiva paridad. El DT Pincharrata era un tal Carlos Salvador Bilardo, quien a sabiendas de la llegada del nuevo bambino a la familia Verón, decidió no comunicárselo al jugador hasta terminar el cotejo.
Con un papá como ídolo máximo y llegando a la vida en un clásico de la ciudad, el vínculo del chico con el fútbol, y en particular con Estudiantes, estaba determinado desde su nacimiento. Su fascinación por la pelota comenzó a temprana edad, pero no le gustaba jugar arriba como su papá. "A mi me gusta arrancar de atrás y armar la jugada pa, no me interesa ser el gran goleador que sos vos. Además, si juego donde vos lo hacés me van a comparar y nada que ver. Hasta más guapo salí", le decía un canchero adolescente Seba a su progenitor, mientras experimentaba el brote de los primeros vellos a un costado de la comisura de sus labios, lo que comúnmente se tiende a llamar bigote a lo "Mario Moreno Cantinflas".
De ir a la cancha cada vez que hacía de local el rojiblanco en el Jorge Luis Hirschi, el muchacho comenzaba a generar una fuerte identidad con el club que ya robaba sus miradas y se metía en su corazón. Ya inserto en las cadetes de la institución, comenzó a destacar por su técnica y pegada al balón. Los envidiosos sostenían que era el mimado porque "era el hijo de", pero eso La Brujita se lo pasaba por todas y cada una de las cavidades de su organismo. Sabía que era talentoso y nadie lo iba a menospreciar.
Debutó el año 1994 con el primer equipo y al poco tiempo su primer amor descendió a la segunda categoría del fútbol argentino. Un equipo tan grande como Estudiantes pasaba a jugar a los potreros tras encadenar una serie de malos resultados. Sin embargo, para Seba sería una oportunidad magistral, porque en la B se afianzaría en la titularidad y cuadraría una tremenda temporada, logrando quedarse con el título al año siguiente con récord de puntos en la categoría.
Consumado el ascenso, alcanzó a disputar un torneo más con el Pincha antes de pasar a jugar a Buenos Aires capital. Su categoría no pasó desapercibida y el Club Atlético Boca Juniors puso un poco menos de tres millones de dólares para sumarlo a sus filas. El mandato para hacerse con los servicios del crack venía de uno que había dirigido a su viejo también, el mismo que le había ocultado su nacimiento a su padre por unas horas, don Carlos Bilardo.
Juan llegó al primer entrenamiento en Casa Amarilla y no entraba en razón de lo que veía. Navarro Montoya, Gamboa, Basualdo, Caniggia, Manteca Martínez eran deportistas que admiraba. Excitado ante la presencia de esas grandes figuras, entró a camarines para ponerse la indumentaria e ir a entrenar, cuando de repente escucha "Hola pibe". Levantó la mirada y lo vio a él. Frente a sus ojos se encontraba el mismísimo Diego Maradona. "Tenía once años cuando me diste la alegría más grande que he tenido en mi vida. Te lo juro Diego, ni la primera vez que garché tuve tanta felicidad", le espetó un nervioso Verón al inspirador de la religión maradoniana.

Desafortunadamente para los hinchas xeneizes y para el Diego, estuvo solo seis meses en Boca. La Sampdoria de Génova ofrecía 3,6 millones de dólares para que se fuera al país con forma de bota. Seba tenía solo 21 años y lo contrataba un importante club de la Serie A, que en los noventa era indudablemente la mejor liga del mundo. Tendría la chance de enfrentar a los número uno y no podía desperdiciarla.
En el cuadro de la región de Liguria estuvo dos años. El primero al mando del sueco Sven Goran Eriksson y el segundo con César Luis Menotti. En dicho plantel compartió con grandes jugadores como Mihailovic, Karembeu, Roberto Mancini, Vincenzo Montella, Jurgen Klinsmann o Pepe Signori. Con el rubio europeo las cosas anduvieron bien, pero con el Flaco se fueron abajo. Con 23 velas apagadas, consideró que era momento de cambiar.
"Quiero que veas si aparece una oferta más interesante de algún equipo de acá. En Génova he aprendido y me lo he tomado todo. Con el negro Karembeu no me paro de ir de joda y el cerebro se me está secando. Necesito metas más altas", le dijo un trasnochado Verón a su representante.
Y pasó al Parma, que en los noventa era una locura. Entre otros, tuvo como compañeros a Buffon, Thuram, Sensini, Cannavaro, Dino Baggio, Crespo o Abel Balbo. Eso sí, si el ya calvo Sebastián buscaba tranquilizarse, no llegaba al lugar indicado, porque a la tropa de compatriotas se sumaba uno que de rumba y de "pegarle al peluche" sabía muchísimo: el gran Faustino Asprilla. Esa constelación de estrellas entrenada por Alberto Malesani se haría con la Copa Italia y la Copa UEFA.
Su proyección en Italia continuó en la capital. Eriksson lo pidió en la Lazio que estaba formando y Sergio Cragnotti le dio en el gusto. Recordar ese mediocampo del club celeste estremece, por la mezcla perfecta entre sacrificio y talento reunido en una sola zona del terreno de juego: Simeone, Almeyda, Stankovic, Nedved, Attilio Lombardo y La Brujita, constituían un lujo mayor que cualquier tienda de joyas en Roma. Esa escuadra se hizo con la no despreciable suma de cuatro títulos la temporada 99-2000. En Italia, obtuvieron la Copa Italia, la Serie A y la Supercopa Italiana, mientras que a nivel europeo se quedaron con la Supercopa, venciendo al Manchester United por 1-0 con gol del shileno Salas.
Mientras Juan Sebastián se hacía conocido en Italia, una circunstancia extravagante permitía su convocatoria con la Selección Argentina. Después del Mundial de 1994, asumió la cabina técnica don Daniel Pasarella. Un ídolo como jugador, que tenía exigencias peculiares para con los posibles nominados. Una de esas, era que no podían tener el pelo largo. El medio terreno albiceleste era propiedad de Fernando Redondo, quien usaba una cabellera prolongada y rehusó someterse a las condiciones del glorioso defensor central campeón del 78. Fue así que, con el medio centro del Real Madrid fuera de batalla, el DT tuvo que buscar otras opciones y encontró a Verón.
Más de una década estuvo La Brujita vistiendo la celeste y blanca, derrochando calidad y talento por montones. Lamentablemente no obtuvo título alguno con la adulta, pero contribuyó de manera importante a equipos que quedarán en la retina de todos los fanáticos del deporte rey. De los que él participó, sin lugar a dudas el más vistoso fue la Argentina de Marcelo Bielsa que arrasó en las Eliminatorias Mundialistas a Corea-Japón 2002.
Tras la derrota ante Holanda en 1998, el riguroso controlador de longitudes capilares Daniel Alberto presentó su renuncia al cargo. El "incorruptible" Julio Humberto Grondona tenía diversas opciones, pero la pugna principal se daba entre dos ex campeones con Vélez: Bianchi o Bielsa. Finalmente, fue este último quien asumió la conducción de la albiceleste. Su método de trabajo exigente en lo táctico, físico y mental, se pondría a prueba por vez primera en una selección. "En clubes es más fácil porque los tenés todos los días, pero ahora lo quiero ver a éste", decían algunos escépticos sobre la labor del Loco.
Comenzó el camino hacia la cita planetaria en Asia goleando 4-1 a Chile y 4-0 a Venezuela. Nuevos triunfos sobre Bolivia, Colombia y Ecuador, los dejaron encumbrados con 15 puntos en la cima de la tabla. En la sexta fecha sucumbieron ante Brasil en Sao Paulo, en la que sería su única derrota en esas Clasificatorias. Luego, un empate ante Paraguay de local, más las victorias ante Perú y Uruguay, los posicionarían en un cómodo primer puesto. Con dos anotaciones ante Chile y un golazo de tiro libre que les dio el triunfo en Lima ante Perú, Seba colaboraba a la gran racha argentina.
Si la primera ronda de partidos fue extraordinaria, la segunda no sería menor. Seis triunfos y tres empates en sus visitas a La Paz, Asunción y Montevideo, otorgarían una tranquila clasificación y una holgada diferencia respecto de sus rivales en el continente. Los 43 puntos conseguidos por Argentina en ese proceso constituyen un récord a nivel sudamericano hasta el día de hoy. La Brujita aportaría con conversiones en los partidos ante Venezuela y Ecuador. Frente a este último rival, contribuiría con una anotación clave, dado que Quito era la sede donde todas las otras naciones sucumbían sin piedad en esas Eliminatorias. Más encima, el gol fue una obra de arte: un remate desde más de 30 metros que descolocó al portero por el efecto que adquirió el balón.
Tomando en consideración el plantel que conformó el Loco, esa Argentina ha sido la más completa en los últimos veinte años. Sin un mega crack como Messi o Maradona, era un equipo que no tenía puntos bajos. Si uno quisiera ser quisquilloso, el arco era lo más débil, pero el resto era una locura. Atrás te jugaba Ayala, Samuel, Pochettino o Vivas, en el medio lo hacían Almeyda, Simeone, Verón, Aimar, Gallardo, mientras que las bandas eran dominadas por los inamovibles Zanetti y Sorín. Y arriba, las variantes eran múltiples con Crespo o Batistuta al medio, Orteguita por la derecha, el Piojo López o el Kily González por la izquierda. Imagínese que era tan completo que no tenían cabida Riquelme ni Palermo. Los mejores jugadores del mejor Boca de la historia no entraban en los planes de Bielsa.
Llegaban a la cita mundialera en el continente asiático como el gran favorito. Expertos de todo el mundo cerraban apuestas de que el campeón saldría entre Argentina y Francia. Nada más ajeno a lo que ocurrió en la realidad, pero por lo mismo que el fútbol es un deporte tan hermoso. Su impredicibilidad es un elemento que lo hace apasionante. Que el débil pueda derrotar al fuerte es una ilusión que no se puede extirpar a la afición.
La albiceleste quedó en una fase de grupos con Nigeria, Inglaterra y Suecia. Fue catalogado como el grupo de la muerte por la categoría de las cuatro selecciones. Los expertos coincidían en que el primer lugar se definiría en la segunda fecha, que enfrentaría a los mismos que el año 1982 se dieron fuerte en una pequeña isla del Océano Atlántico, llamada Malvinas.
Con un gol de Batistuta superaron a Nigeria por la mínima para luego caer ante los británicos mediante penal de Beckham, que ese partido fue el único pelado bueno en la cancha. Mucho humo se levantó acerca de la actuación de Verón en ese juego, debido al bajo rendimiento desplegado por éste sobre el terreno. De todas formas, el empate conseguido en el último duelo ante los escandinavos dejaba a una sensacional camada de jugadores fuera del Mundial en primera fase. Ni los más pesimistas se lo hubiesen imaginado.
La carrera de Verón en Europa continuó con pasos por el Manchester United, Chelsea e Inter de Milán, para finalmente tomar la decisión de volver a casa. A su llegada a Estudiantes se encontró con un sólido equipo dirigido por un viejo conocido suyo: el Cholo Simeone. En su primera campaña con los rojiblancos gritaría campeón tras una infartante definición ante Boca Juniors.
A dos fechas del final del Torneo Apertura 2006, el club xeneize les llevaba cuatro puntos de ventaja, sin embargo, dos derrotas increíbles ante Gimnasia de Jujuy de visita y Lanús en la Bombonera, permitieron al Pincharrata alcanzarlos y forzar un juego de desempate. En dicha ocasión, el tempranero gol de Palermo sería revertido mediante anotaciones de José Sosa y Mariano Pavone, convirtiendo al club de La Plata en campeón tras 23 años.

Medio en broma, medio en serio, le dijeron a La Brujita un día que si llegaba a obtener una competición internacional, sería el único jugador en la historia del Pincha en salir campeón en ambas divisiones del fútbol local y a nivel continental. Para un tipo ambicioso y ganador como Verón Jr eso fue un desafío que aceptó gustoso.
El año 2009 se le daba una nueva oportunidad de lograrlo. Por su ubicación en la tabla de la Primera División argentina, Estudiantes tuvo que jugar fase previa para acceder a la Copa Libertadores. Todavía con Leo Astrada en el banquillo, sufrió de sobremanera para superar a Sporting Cristal por gol de visita y tomar puesto entre los treinta y dos. El histórico contención riverplatense dirigió tres partidos de fase de grupos y tras caer ante Deportivo Quito renunció.
El equipo necesitaba algo distinto. Traer uno nuevo que venga con su propia idea o volver a las raíces eligiendo a alguno que conociese la idiosincrasia de la institución. Se optó por esto último y el día 15 de marzo comenzaba el Renacimiento de Estudiantes de la Plata con la contratación de Alejandro Sabella. Menos jogo bonito y más jogo efectivo.
El maestro Janito analizó el plantel y vio que materia prima había para implantar su esquema. Un equipo que contaba con Mariano Andújar al arco, Alayes, Desábato y Angeleri en defensa, con un doble cinco con Braña como tapón y Verón como creador, que contaba con la colaboración de un trabajador Enzo Pérez, y que para endosar balones en las redes rivales tenía a un movedizo Gastón Fernández junto a un nueve goleador como Mauro Boselli, era prenda de garantía suficiente.
De la mano de Pachorra, Estudiantes vapulearía por 4-0 a Cruzeiro y Deportivo Quito, coronando su clasificación con un empate en Sucre ante la U, que los posicionaría en segundo lugar tras los domiciliados en Belo Horizonte. Aquellos partidos librados contra Cruzeiro serían una antesala de lo que ocurriría más tarde.
En los octavos de final vendría Libertad de Paraguay. Como todo conjunto guaraní era un hueso duro de roer. Su defensa era una de sus principales garantías con los históricos Pedro Sarabia y el boliviano Lorgio Álvarez. Sin embargo, en el partido de ida jugado en el Estadio Ciudad de La Plata, el Pincha lo vapulearía por 3-0, con dos de Boselli y uno de la Gata Fernández. El 0-0 de vuelta en Asunción clasificaría a la tropa de Sabella.
En cuartos de final, se encontraban con un sorprendente Defensor Sporting, que venía de dejar en el camino a Boca Juniors. Lo había eliminado ganándole en La Bombonera, por lo que los uruguayos llegaban a esa ronda con mucha confianza. Pero al igual que los paraguayos, se topó un Estudiantes muy sólido que lo derrotó en ambos partidos por 1-0 y se metió en semifinales.
Previo al duelo de semis, ocurrió una situación poco usual que influyó de manera importante en lo que vendría para Estudiantes. Las lesiones de Alayes y Angeleri mermaban fuertemente el poderío defensivo platense que había sido esencial para alcanzar esa etapa. Cuenta el técnico Sabella que un día, sentado en el living de su casa piensa "me tengo que traer un jugador para la defensa". No podía ser alguien que hubiese disputado algún partido de la Copa o que estuviese en un club peleando título o descenso. Y en eso se dirige a la cocina, prende la televisión, ve que estaban transmitiendo un partido de Newells y mira a Rolando Schiavi. No lo piensa dos veces y concluye "Ese es el hombre". Pocos días después, el "Flaco" se sumaba al plantel para luchar por el trofeo continental.
La fase de los cuatro mejores lo cruzaría con otro equipo charrúa: Nacional de Uruguay. Los Tricolores venían de superar a Palmeiras por diferencia de goles y soñaban con sortear a los estudiantiles para acceder a la finalísima. Nuevamente, en duelos apretados, se impondría la banda rojiblanca. En la ida venció por 1-0 con gol de Galván y en la vuelta aparecería la figura de Mauro Boselli para, con dos goles, sellar la histórica clasificación Pincharrata a la final. Ese 2-1 en Montevideo generó una expectativa alta en la afición platense que confiaba que de la mano de Verón, el hijo esta vez, se alzarían en la cúspide del continente.
En la final vendría un viejo conocido: Cruzeiro de Belo Horizonte. El mismo cuadro brasilero que enfrentaron en la fase de grupos era el rival a superar para obtener la gloria eterna. La ida en el estadio Ciudad de La Plata los recibía a estadio lleno, sin embargo, tanto aficionados como jugadores argentinos finalizarían preocupados ese juego. Un magro empate sin goles y todo se definía en la capital del estado de Minas Gerais.
Llegaba la banda del Seba a un estadio con más de 60.000 personas hinchando por el equipo rival. Era una caldera esa cancha, con una fanaticada que confiaba de sobra en que saldrían campeones. "Verón fica morto", señalaban los carteles para intimidar al caudillo calvo. Pero el pelado no estaba muerto, solo andaba de parranda.
Lo que hizo el relojito del mediocampo Pincharrata en ese partido fue algo sencillamente memorable. Manejó el terreno de juego como quien maneja el control de la televisión de su casa. Los felinos azules no pudieron darle caza y él exhibió una categoría suprema. Tras el gol de Henrique a los 7 de la segunda mitad, se vio el verdadero liderazgo futbolístico de La Brujita.
En el minuto 57, el balón se encontraba en la mitad de la cancha cuando la recibió Juan Sebastián. Los captores rivales se acercaron con afán de birlarle la redonda, pero no pudieron lograrlo, dado que el genio envió un pase sensacional hacia la derecha del ataque rojiblanco que encontró sólo a Cellay. El lateral avanzó con campo libre y previo a ser obstaculizado, envió un venenoso centro al área que conectó el platinado Gastón Fernández para poner la paridad. Uno a uno con un poco más de media hora de juego.
La insolencia del visitante fue recibida de mala manera por los jugadores del Time do Povo. Se volcaron al ataque de manera displicente, lo cual fue aprovechado perfectamente por los dirigidos del Ale Sabella. Con una madurez evidente, condujeron el partido hacia un escenario favorable. Movieron el balón y generaron espacios que complicaron a los aturdidos locales. Todo estaba tranquilo hasta el minuto 72. Córner para Estudiantes, Verón ubica la pelota en el semicírculo, mira donde quiere dirigir la redonda y le pega con una técnica exquisita, que encuentra al goleador Boselli en el centro del área, sin más opción que cabecear violentamente y desatar la euforia en la banca del Pincha. ¡Gooool!
El restante tiempo de juego fue una constante y permanente lucha por aferrarse a la gloria. Los azules de Belo Horizonte se volvieron locos, pujaron y pujaron, pero les faltaba algo. Carecían de un fuera de serie, que su rival lo encontraba a través de un hombre lampiño de cabeza con la número once en la espalda. El pelado manejó los hilos, generó juego, administró correctamente la bola, estuvo a nada de marcar un tiro libre en el angulo y esperó que pasara el tiempo hasta escuchar el silbato final.
Estudiantes de La Plata campeón de Copa Libertadores. Para la fanaticada, un grito que había esperado 39 años. Tranquilos, pacientes, se metían como uno de los clubes sudamericanos con más títulos en esta competición, solo superados en aquel entonces por Independiente, Boca y Peñarol. El Pincha había ganado en su estilo, siendo pragmáticos, ordenados defensivamente, dando las estocadas justas cuando debía hacerlo y generando confianza, porque su fútbol transmitía una seguridad pocas veces vista. Esa certeza se justificaba en la presencia de Sebastián.
El balompié argentino es monoteísta, dado que reconoce la figura de un Dios universal llamado Diego. Pero en ciertas partes del país, tienen deidades propias, aceptándose el politeísmo como una práctica que permite la autodeterminación de los pueblos. En La Plata, desde la década del 70, se adora a los Verón, quienes forman un credo aparte del oficial, e incluso uno más arraigado en el clamor popular de la ciudadanía. Y si uno camino por las calles, podrá escuchar a algunos feligreses iniciar una oración de la siguiente forma: "En el nombre de Juan Ramón, Juan Sebastián, Estudiantes de la Plata, Amén."
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