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Oh Romelu ¿dónde estás que no te veo?


Un día 1 de julio de 2014, Salvador de Bahía, Brasil, estadio Arena Fonte Nova, ante 51.227 espectadores, un delantero belga de origen africano convertía el gol con el que la selección europea volvía a meterse en la ronda de ocho mejores de un Mundial después de 28 años y por segunda vez en su historia.

Romelu Menama Lukaku Bolingoli nació en Amberes, Bélgica, con fecha 13 de mayo de 1993. Sus padres crecieron en la antigua Zaire, actual República Democrática del Congo desde 1997. Al igual que muchos zaireños, escaparon de la dictadura de Mobutu Sese Seko, un incorregible que cuando arribó al poder hizo exactamente lo que él quiso, sin importarle un carajo el progreso de su pueblo.

Cambió su nombre y el de su país (la República de Zaire surge oficialmente en 1971), se robó lo que pudo y aquello que no alcanzó a apropiarse por un tema de tiempo lo ultrajo en sus sueños. Llegó y se mantuvo en el poder con el apoyo de Tío Sam, pero gobernó bajo las reglas de Carlos de Alemania y de Vladimir de Rusia. Mientras se llenaba los bolsillos con dólares americanos, inició un plan de nacionalización de propiedades comerciales y parcelas de ciudadanos y empresas extranjeras, con objeto de fortalecer la economía nacional y redistribuir de mejor forma la riqueza. Esto se llamó "Zairenización".

El "Leopardo de Kinshasa" se vio involucrado en uno de los hechos más anormales de la historia de los Mundiales. En 1974, Zaire compitió en la cita planetaria celebrada en Alemania. Perdió sus dos primeros partidos, cayendo en el segundo de éstos por 9-0 ante Yugoslavia. Tal fue la humillación, que el mandatario envió a su guardia personal a notificar a los jugadores que si perdían por cuatro goles ante Brasil no podían regresar a su patria. 

El Scratch necesitaba convertir mínimo tres dianas para avanzar a la siguiente ronda, por lo que se puso 2-0 sin mayores inconvenientes. Como los balcánicos habían convertido nueve, los cariocas no querían ser menos y avanzaban hacia el arco africano con peligrosas ofensivas. A 12 minutos del final, Rivelino se aprestaba a ejecutar un lanzamiento de falta al borde del área, cuando súbitamente el zaireño Mwepu Ilunga se separó de la barrera y pateó el balón a cualquier lado. Tras esa acción, el arbitro desconcertado amonestó al jugador, quien recibió orgulloso la amarilla, porque había logrado distraer al crack brasileño quien finalmente falló su remate.

Perderían por tres goles pudiendo regresar a su país. Para la comunidad internacional, los muchachos de Zaire eran un grupo de primates que no entendían las reglas del fútbol. Lo que no sabían, es que en ese lanzamiento de Rivelino se estaban jugando el exilio como mínimo, si es que no la vida.

Mientras tanto en Bélgica, solo meses después del nacimiento de Romelu, partía para el patio de los callados el rey Balduino I. Su cuore había dejado de funcionar en una tarde de verano en la bella Granada. El trono pasó a Alberto II, un voraz conquistador de damiselas, a quien en 1999 le encontraron una hija por fuera del matrimonio, producto de un coito con una aristócrata local.  

A los Lukaku todo eso les daba lo mismo. Como miles de seres humanos en el injusto mundo en que habitamos, tenían un gran dilema cada mañana al abrir los ojos, si es que lograban conciliar el sueño: ¿qué comemos?, se preguntaba a diario la pareja, antes de ir a despertar a los niños para llevarlos al colegio. El tarro de leche rellenada con agua y el pan con nada, fue una realidad que le tocó vivir a Romelu cuando pequeño. A veces imaginaba que incluía jamón y queso, para que en su cabeza tuviera mejor sabor al menos.

Lo que la vida le quitaba en materia económica a su familia, se lo entregaba al primogénito en habilidades para los deportes. Su padre fue futbolista, por lo que él y su hermano Jordan seguirían sus pasos. Rom se daba cuenta que marcaba diferencias ostensibles con los chicos de su edad, por lo que se propuso tomar ese hobby de patear el balón como una vía para salir de la pobreza. 

A su ya desgraciada situación personal, se sumó el racismo del cual fue víctima cuando era niño. Los padres de los rivales reclamaban que ese muchachote moreno que jugaba arriba no tenía la edad de los demás, porque "claramente" representaba tres o cuatro años más. Eso obligó a su madre a exhibir certificado de nacimiento del niño en más de una oportunidad. Cuando eso ocurría, Romelu intentaba no prestar atención, enfocando todos sus esfuerzos en las redes contrarias: 76 goles en 34 partidos fue su registro cumplidas doce primaveras.

Pasaba el tiempo y Romelu se hacía cada vez más fuerte. Las ratas que caminaban por el piso de su apartamento, la imposibilidad de ver la Champions League por falta de televisor en la casa o el rechazo de los padres de sus compañeros y contrincantes, le generó un rabia que traspasó al terreno de juego. Cuando le preguntó a su padre a qué edad se podía ser profesional y obtuvo la respuesta, contó cada día que pasaba como si se tratara del cronómetro para hacer explotar una bomba.

Como era un ganador y se sabía mejor que el resto, debía estar en el equipo de mayor reputación. Por esto es que a los 16 años recién cumplidos fichó por el Anderlecht. El Búfalo comenzaba así su camino a la gloria, cuyo éxito ni él imaginaba que sería tan vertiginoso. 

A los pocos meses de subir al primer equipo, las lesiones de los delanteros De Sutter y Frutos, permitieron que se asentara en la escuadra titular y desde ese minuto no paró de hacer goles. Aquella temporada 2009-2010 el Anderlecht se coronaría campeón de Liga y Supercopa Belga, además de alcanzar los octavos de final de la Europa League. 

Lukaku lights Anderlecht touchpaper - UEFA Europa League - News ...

Ese conjunto contaba con un sólido grupo de futbolistas que triunfarían en el concierto europeo años después. Con mediocampistas como Lucas Biglia y el senegalés Kouyaté, extremos como el marroquí holandés Boussofa y compañeros de ataque como el argentino Matías Suarez, la tropa capitalina brilló esa campaña. 

Conforme a las reglas del campeonato belga, los seis primeros de la fase regular calificaban para un playoff de los mejores donde se decidía al rey sobre la hierba flamenca. En el todos contra todos, el club violeta y blanco se posicionó en primer lugar con 69 puntos, aventajando por doce al Brujas. Posteriormente, en el reducido que coronaría al triunfador de la liga, el Anderlecht volvió a ratificar su supremacía con contundencia, mediante siete triunfos y tres empates, sacando una diferencia aún mayor de dieciocho puntos respecto de su inmediato perseguidor KAA Gante, conducido por el histórico golero Michel Preud´Homme. El goleador del torneo fue un pibe de 17 años recién cumplidos llamado Romelu Lukaku. 

Fue tan obscena la separación entre el primero y los demás, que la población reaccionó con estupor ante tales niveles de desigualdad. "Que partan con menos puntos el próximo año, porque no nos podemos permitir esta inequidad en ningún campo laboral en el país", reclamaban los políticos ante esa grosera exhibición de buen fútbol desplegada por el club capitalino a lo largo y ancho del territorio. 

A nivel internacional, el club cayó eliminado en la ronda de octavos de final ante el Hamburgo alemán. Un resultado nada destacable, sino fuese por las categóricas victorias ante contrincantes de mayor pedigree en el concierto europeo. En la fase de grupos, tuvieron la osadía de derrotar al Ajax en Amsterdam por 3-1, con dos goles del bronceado de origen congoleño. Asimismo, en la ronda de dieciseisavos, golearon al Athletic Bilbao por 4-0 en Bélgica, donde El Búfalo de Amberes fue quien abrió los fuegos a los tres minutos de juego.

Esa campaña se cerraría con una victoria por la mínima ante el Gante en la Supercopa belga, que ratificaría el lugar de privilegio en que se encontraba el Anderlecht en el panorama local. Con un trenzado Lukaku en las gradas, sería otro quien cumpliría el rol de goleador en ese juego decisivo. Pase de Biglia y definición de Kouyaté para sumar un nuevo trofeo a las vitrinas del club violeta.

Una temporada más donde esta máquina de hacer goles llamada Romelu superó sus números del año anterior, bastaron para que las grúas de los principales clubes europeos quisieran sumarlo a sus filas. Finalmente, el ruso Roman fue quien ganó la pulsada e incorporó a esta joya al club londinense Chelsea FC. 

Where did it all go wrong for Romelu Lukaku at Chelsea? – The Athletic

Tenía tan sólo 18 años. A esa edad en que los jóvenes en su país definían qué iban a estudiar, comenzaban sus primeras incursiones en el arte del amor o en el consumo de estupefacientes prohibidos por la Organización Mundial de la Salud, el chico había conseguido ser escogido como Promesa del Año (2009), goleador de la Liga Belga (2010) y Bota de Ébano (2011), este último un reconocimiento para el mejor jugador africano o de origen en dicho continente que se desempeñase en la Primera División Belga.

Junto con el paso a Inglaterra, Romelu abría otro capítulo en su libro personal, el de su participación con la selección nacional. Su primer llamado ocurrió en 2010 y de ahí no abría de parar. Con Georges Leekens debutó y con Marc Wilmots se consolidó. Este último había sido el gran artillero belga en los últimos Mundiales, por lo que sabía reconocer perfectamente cuando estaba en presencia de uno de los suyos. "Tiene 19 años y muestra un nivel más alto que el que yo alcancé en el peak de mi carrera", le decía el adiestrador a sus cercanos.  

Previo a la llegada de Wilmots a la cabina técnica en 2012, Les Diables Rouges llevaban tres intentos de clasificación a Eurocopa y dos a Mundiales fallidos, por lo que la necesidad de obtener un boleto para Brasil 2014 era imperiosa. Problemas de jugadores definitivamente no había, lo único que correspondía hacer era darles un funcionamiento que les permitiera ganar. Y a eso se limitó el otrora goleador.

Para las Clasificatorias a la cita planetaria en Sudamérica, Bélgica compartió grupo con Croacia, Serbia, Escocia, Gales y Macedonia. Balcánicos, británicos y los descendientes de Alejandro Magno resultaban rivales accesibles, principalmente por la calidad de la plantilla flamenca. En los primeros ocho juegos de las Eliminatorias, los belgas obtuvieron siete triunfos y un sólo empate, que fue de local ante los croatas. El retorno a las Copas del Mundo era prácticamente seguro, pero había que confirmarlo nada menos que en Zagreb ante los amigos de Modric. 

Romelu había tenido pocas opciones de participar en el once estelar belga. Wilmots había preferido jugar con Benteke, Mertens y Mirallas, su partner en el Everton inglés. El Búfalo sabía que más temprano que tarde llegaría su oportunidad de ser titular, porque venía demostrando un gran nivel en la Premier League, su progresión era incuestionable y la presión popular para que lo alinearan era fuerte. Así fue que el conductor de Los Diablos Rojos decidió que aquel partido en tierras balcánicas era la oportunidad de este joven de origen congoleño para demostrar que no le pesaba la camiseta y que estaba capacitado para asumir la responsabilidad de destruir redes rivales en beneficio de la patria. 

Le bastaron sólo 45 minutos para levantar su laptop, escribir "Para: Marc Wilmots" y enviar un correo contundente. Bélgica terminaba arriba por 2-0 en el primer lapso, ambas obras del artista Romelu. La señal que mandaba el congoleño a la banca era clara: "Aquí estoy yo, sólo dime cuándo y dónde". Meses después la desgracia ajena jugaría en favor suyo: Christian Benteke se rompía el tendón de aquiles y se perdía el Mundial. 

Veintiún años recién cumplidos tenía Lukaku cuando comandó la ofensiva de los domiciliados en Bruselas para la World Cup canarinha. Sus buenas temporadas en West Bromwich y Everton eran su garantía para exigir la titularidad ante la ausencia de un nueve. 32 goles en Premier League en solo dos campañas no eran una cifra menor, sobretodo tomando en consideración que fueron logrados a tan corta edad. 

2014 World Cup Group H team previews: Belgium - The National

El plantel de Bélgica para ese Mundial contaba con jugadores extraordinarios compitiendo en las mejores ligas del planeta, gran porcentaje de los cuales no superaban los 25 años de edad. El "viejo" del grupo era Vincent Kompany que tenía 28 (sin contar a Van Buyten que venía de apagar 36 velas). Ni en la sociedad de los poetas muertos se vio tanto púber concentrado. Parecía que el seleccionador había ido a un concierto de Justin Bieber a reclutar valores para vestir la casaquilla de Los Diablos Rojos. 

El sorteo fue cariñoso con los flamencos. Dada sus notables actuaciones, su lugar en el ranking FIFA se disparó, lo que les permitió ser cabeza de serie. Argelia, Rusia y Corea del Sur serían los rivales del grupo de adolescentes. Romelu sería titular en los dos primeros duelos, siendo el punta de lanza de un ataque que completarían Mertens por la derecha, De Bruyne por el centro y Hazard por la izquierda. Desde el último álbum de Los Beatles que no se veía un cuarteto con tanto talento.

El primer juego ante los argelinos le acarreó dolores de cabeza a los belgas. No esperaban que los africanos del norte les hicieran un partido tan sólido, donde los europeos debieron redoblar esfuerzos para quedarse con los tres puntos. Un penal convertido por Feghouli en el primer lapso, pudo ser recién contrarrestado a los 70 minutos con un testazo de Fellaini y un trallazo de Mertens a diez del final. 

El partido contra los rusos fue aún más complejo para la tropa de Wilmots. Las ofensivas de Les Diables Rouges fueron resistidas por los moscovitas hasta prácticamente el final. Fue recién a los 88 minutos cuando el reemplazante de Romelu, el bronceado Origi, terminaría marcando el único gol del compromiso. El problema de Bélgica era como el de un permanente desempleado que fracasaba en las entrevistas de trabajo: enviaba currículum, era citado a entrevista, pero nunca quedaba seleccionado para el puesto. En este caso, atacaban generando múltiples ocasiones, pero les costaba muchísimo meterla adentro.

El último duelo ante Corea del Sur suscitaba interés únicamente en huestes asiáticas, porque los flamencos ya estaban clasificados a la siguiente fase. Por tal motivo, Wilmots alineó a los jugadores reserva, que igualmente eran futbolistas de la élite europea e infinitamente superiores a los de ojos rasgados. Acabarían ganando 1-0 con gol de Verthongen, concluyendo así con canasta perfecta.

Los octavos de final los emparejarían con EEUU. Los norteamericanos se habían colado en el segundo lugar de un parejo grupo con alemanes, portugueses y ghaneses. Lo que terminaría equilibrando la balanza para los primeros independizados de América sería la goleada sufrida por los amigos de CR7 a manos de los germanos. Ese 4-0 en el primer juego del grupo fue mortal para las aspiraciones de los dirigidos por Paulo Bento.
  
El noreste de Brasil, donde la gente se pasa los 365 días del año en traje de baño, sería el escenario donde se enfrentarían estas dos escuadras. Para Bélgica significaba mucho acceder a cuartos de final, dado que no lo lograban desde 1986, cuando alcanzaron las semifinales de México de la mano de Pfaff, Scifo y Ceulemans.

Para Romelu vendría lo peor. El profe Wilmots le comunicó que el titular para ese crucial partido sería Divock Origi. Fue una gran decepción para el nueve, pero entendía que su falta de efectividad le podía acarrear una consecuencia como esa. No podía responsabilizar a terceros de su carencia goleadora, mientras su amigo y rival la había echado adentro contando con menos minutos de juego.
 
Durante los noventa reglamentarios belgas y gringos no se sacaron ventaja. Una permanente pugna entre la máquina ofensiva flamenca y la ordenada defensa norteamericana se evidenció en la hierba del Estadio Arena Fonte Nova. Origi se había perdido lo inimaginable y, como buen delantero, Wilmots lo entendió todo, ni aunque el partido durase tres horas el ariete la iba a colar dentro de los tres palos. 

"Lukaku, prepárate que entras en el alargue", le dijo el adiestrador mientras urgaba en sus narices en una delicada batalla contra un moco. El Búfalo tendría su gran oportunidad y sabía que no podía desaprovecharla. Más encima, a Howard le había hecho infinidad de goles en los entrenamientos del Everton, por lo que conocía cuáles eran las debilidades del guardameta. 

A los 3 minutos de juego del alargue se desató la locura en la banca europea. Se escapa Romelu por la banda derecha a toda velocidad, mira al centro y ve a Kevin De Bruyne, quien recibe el balón en el área y tras desmarcarse de manera magistral de los defensores, se genera el espacio necesario para golpear de derecha, dejando sin opción al pelado Tim. Golazo que esperanzaba a los rojos. 

Lukaku entró con todo. Además de la asistencia, se creó al menos tres oportunidades claras de gol que fueron contenidas por su compañero de club, volviendo loco a los zagueros norteamericanos. "Oh Romelu, dónde estás que no te veo", era la frase repetida por las Julietas que esa noche vestían camiseta blanca. No había caso, ese perfil de galán romántico de fines del siglo XVI descrito por Shakespeare ya no existía. El del siglo XXI, era un killer, uno que no buscaba amor, sino más bien romper corazones. Y a diferencia de la tragedia histórica, acá el Romeo moderno viviría para contar su hazaña.  

Los adolescentes belgas, ese grupo de idealistas que soñaban con batir todos los récords alcanzados por Les Diables Rouges en las citas mundialeras, sabían que debían asegurar la victoria. Para Romelu implicaba perder la virginidad goleadora en este tipo de competiciones y conducir el pase a la siguiente ronda. Y como una revelación divina llegó esa jugada que permitiría la explosión del artillero.

En el minuto 104, De Bruyne condujo el balón acercándose al rectángulo final por el vértice izquierdo. En eso, como una gacela perseguida por sus cazadores, como un león detrás de su presa, como un amante que se encuentra en la casa de una mujer y llega el marido de ésta, Lukaku corrió a toda velocidad en dirección hacia el área, marcando el lugar hacia donde quería que fuera el pase. Kevin comprendió el mensaje e impulsó la esfera a esa posición, en la cual, sin dudarlo medio segundo, Romelu sacó un trallazo imparable para Howard. La pólvora mojada se secaba en el cálido clima de Salvador de Bahía y finalmente pudo gritar ¡Gol!.

Al minuto del segundo tiempo de la prórroga EEUU descontó, por lo que la anotación de El Búfalo adquirió mayor relevancia. En ese disparo imposible iban las rabias e injusticias que vivió en su niñez y adolescencia, la furia de un congoleño que no olvidaba su origen y la ilusión de un belga, que como cualquiera de esos once millones de ciudadanos, quería volver a ver a su selección entre los ocho mejores de un Mundial. 


En cuartos de final sería Argentina, al igual que en 1986, quien los enviaría de regreso a casa. Un solitario tanto de Higuaín en el arranque del duelo sería suficiente para eliminarlos. Al igual que en octavos, Origi comenzó de titular y Romelu pudo hacerlo en el segundo tiempo. Ninguno logró doblegar a la zaga argentina, que durante toda esa Copa hizo un excelente trabajo.  

Consumada la eliminación, Lukaku se propondría trabajar duro para llegar al próximo Mundial en una mejor forma y ser un aporte consistente en cada uno de los juegos. La suplencia en los últimos juegos no lo afectaba, estaba acostumbrado al rechazo de pequeño, sabía que para lograr el éxito había que esforzarse y superar todas las barreras de exigencia deportivas, pero también las sociales y culturales, porque cuando no convertía era "el congoleño", mientras que cuando lo hacía era "el gran delantero belga". Nada le sorprendía, lo había visto todo cuando en pequeño, por lo que terminar de reserva no haría más que motivarlo a superarse.  

No sería el malo de Wilmots quien aprovecharía la evolución de este emisor de teledirigidos a las redes rivales, sino que el bueno de Bobby Martínez. Para eso habría que esperar cuatro años. 

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