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Francesco. El último emperador.


Un día 17 de junio de 2001, Roma, Italia, estadio Olímpico, ante 74.773 espectadores, el gran ídolo del conjunto local abría el marcador en el triunfo que le otorgaría a la Roma un nuevo Scudetto tras 18 años sin celebraciones. 

Francesco Totti nació un 27 de septiembre de 1976 en la ciudad de Roma. Su primer respiro, suspiro, sus primeros pasos y su consagración se produjo exactamente en el mismo sitio, en aquella ciudad que dio inicio a uno de los más grandes imperios de la humanidad y que vio caer poderosos emperadores, grandes guerreros y buenos ciudadanos. Uno de esos buenos seres humanos había entrado a la cancha de la vida.

En el país de la bota gobernaba la democracia cristiana, tanto el presidente como el primer ministro pertenecían a ese partido. Ambos abogados. Al igual que Bernardo Leighton, jurista y militante DC, pero en Chile, que exiliado en la capital italiana fue baleado brutalmente junto a su esposa por un grupo antifascista que recibía instrucciones de la CIA y la DINA. Su pecado fue pensar distinto. Dijeron que iba armado, así es, armado de ideas democráticas para contrarrestar el poder del dictador. 
 
Conocidos como los Anni di piombo, la década de los setenta fue brutal en la antigua tierra de Julio César porque todo se creía resolver con plomo. Bien lo supo Aldo Moro, primer ministro que dejó su cargo en 1976. Una vez concluida su labor, fue secuestrado por las Brigadas Rojas italianas, quienes intentaron negociar con el poder estatal la liberación de algunos presos políticos a cambio de la vida del rehén. Al no llegar a acuerdo, los extremistas fulminaron al ex funcionario, provocando un nuevo conflicto en aras de la estabilidad nacional.
 
Como corolario de lo anterior, tuvo que dejar el cargo el presidente Giovanni Leone. No pudo contener la presión política por el asesinato de su compañero de partido y por las acusaciones de corrupción relacionadas con el "caso Lockheed", que consistió en la aceptación de sobornos para favorecer la compra de aviones a esta empresa norteamericana. Veinte años después, la clase política hizo un mea culpa: "nunca se comprobó que era culpable, pedimos perdón a Giovanni", señalaban algunos congresistas cuando el loco Gio estaba en las últimas. 

Todas esas disputas en que se involucraban los adultos, eran vistas por Francesco como parte de un juego del cual no quería participar. A él había que dejarlo salir a divertirse con los amigos, fomentar que hiciera ejercicios y que disfrutara al máximo su infancia, porque después las cosas se ponían más complicadas. ¿A quiénes no matan?, le preguntó un día a su padre. Éste le respondió: "a los jugadores de fútbol", medio en broma, medio con la ilusión de que al niño le gustara ese deporte. Al chico le agradó la respuesta y tuvo claro a qué dedicarse cuando fuera grande.

Hizo sus primeras armas en el Lodigiani, modesto club romano que compite en series de menor categoría. Destacó inmediatamente jugando en el mediocampo, motivo por el cual llegaron directivos del AC Milan a tocar la puerta de su casa. Su madre Fiorella les abrió la puerta. El niño escuchaba curioso la conversación. A los cinco minutos se cerraba la puerta por fuera. "¿Quiénes eran esos señores y qué querían?, preguntó Francesco. "Eran del Milan, querían que jugaras con ellos". Él, atónito, le protestó por qué no los había dejado entrar, a lo que ella le respondió en seco "el hogar es lo más importante". Por suerte para la estabilidad familiar y las aspiraciones de su primogénito de llegar a una escuadra grande, la AS Roma, institución de la cual eran todos fanáticos en su casa, lo contactó e incorporó a su plantel juvenil.

El conjunto giallorossi surgió de la mano del líder fascista Benito Mussolini. Cuando tomó el poder, Il Duce quería formar un club que le hiciera pelea a los grandes del norte Juventus, Inter y Milan, por lo que mandató la fusión de todos los equipos de la capital en uno solo. Todos aceptaron, menos la Lazio, que contaba con el patrocinio de Giorgio Vaccaro, importante lugarteniente del Beno, dando origen así a la AS Roma. 

De "facho" tuvo únicamente su nacimiento, porque con el correr de los años, los hinchas romanos simpatizaron con la clase trabajadora, a diferencia de los "laziali", que se encontraban ligados a clases acomodadas, transformándose así en una guerra futbolística y política. Los de la Roma ya no solo eran los rojos por el color de su polera, sino que también por su ideología, mientras que los tiffosi de la Lazio enarbolaban las banderas del fascismo italiano y reivindicaban pensamientos de ultra derecha. 

Los Totti le iban a la Roma porque eran del pueblo y fue ahí donde Francesco habría de brillar. En las cadetes fue un crack, siendo convocado rápidamente a las selecciones juveniles italianas. Fue así que mientras daba pasos agigantados para debutar en la Serie A, competía con la Azzurra en torneos europeos y mundiales. En 1993 jugó su primer partido en la máxima división italiana y conjuntamente era nominado para el Mundial juvenil Sub 17 en Japón.

Con solo dieciocho años cumplía su sueño de ganar un trofeo importante a nivel futbolístico. Formó parte de la plantilla que se hizo con el Europeo Sub 21 en 1994, derrotando en la final por 1-0 a Portugal. Sin embargo, su participación fue secundaria, por lo que dos años después tendría su revancha. Italia se volvía a clasificar para disputar la fase final de la categoría. Para aquel entonces, un Totti que venía jugando en Serie A, llegaba con más confianza para comandar el ataque de los tanos. 

Cesare Maldini se fue a la segura. Su nómina incluyó a Buffon, Cannavaro, Nesta, Panucci, Vieri, Del Piero y a Francesco. Los rivales acusaban que debían pagar impuestos por el excesivo lujo de ese plantel, mientras que ellos se defendían que eran tan solo diamantes en bruto. Como se puede apreciar, se comenzaba a formar una camada de teenagers que darían que hablar.

Para motivarlos César de Milano les dijo "este torneo me importa una mierda. Pero en dos años es el Mundial y si juegan bien, me llevaré a más de uno de esta plantilla". Como adolescentes con una Playboy en las manos se obsesionaron, se prometieron brillar para ganar el torneo y soñaron con la World Cup. Totti le decía a Cannavaro y Buffon en la concentración "Te imaginas ganamos una Copa del Mundo", a lo que éstos riéndose le replicaban "Copa del Mundo quiere el niño. Trata de meter más de 10 goles en una temporada y después hablamos". 

El proceso que los llevaría al bicampeonato comenzó en el año 1994, con las eliminatorias para el Europeo a jugarse en Barcelona. La Azzurra se impuso en un peleado grupo con Ucrania, Eslovenia, Croacia, Lituania y Estonia. Un punto separó a los italianos de la banda de Shevchenko, que casi hacen la gracia. Llegaba la fase final y el favoritismo recaía sobre ellos. Eran los últimos campeones y habían dejado la vara alta.

Los cuartos de final los encontrarían con Portugal. El mismo rival al que habían vencido en el último juego del Europeo Sub 21 dos años antes, que les tenía unas ganas tremendas por la ofensa que les habían propinado. Esas ansias de triunfo lusitanas serían destruidas por los azules, quienes tras caer por la mínima en tierra de Hernando de Magallanes, ganarían 2-0 en casa y adquirían pasajes a España. 

En semifinales Francesco sería el héroe. En un duro partido ante la Francia de Vieira, Pires y Makelele, obtendrían la victoria por 1-0 con anotación del criado en Roma, quien aprovechó un rebote en el área para fulminar al meta galo. "¡Te acordaste de hacer goles loco!", le decían jocosamente sus camaradas en la aventura hispánica.

La final fue frente al local. Una España que contaba con un interesante delantero llamado Raúl González Blanco, que la estaba rompiendo en el mismísimo Real Madrid y daba que hablar en toda Europa. Pero ellos tenían al Ale y al Fabi, quienes con su sola presencia imponían respeto. Un 1-1 en el tiempo reglamentario llevaba el partido a una excitante definición a penales. Ahí se erigiría la figura de Buffon como el héroe de la jornada, tras contener los lanzamientos del Ángel de Madrid y De La Peña. Gigi celebraba orgulloso su proeza, sin imaginar que diez años más tarde estaría en la misma situación definiendo un Mundial adulto.

Final del sub-21 de 1996: La Italia de Totti deja sin título a la ...

Tras el título continental, Franceso llegó inflando pecho con su medalla dorada colgando del cuello a los entrenamientos de la Loba, sin saber lo que le esperaba. La escuadra capitalina contrató al exitoso entrenador argentino Carlos Bianchi, a quien no le importaba si venía de ganar un Europeo o un campeonato en Marte. Tenía que demostrar que tenía calidad para jugar. Y ese talento no sedujo al coach, quien dejó de alinearlo entre los estelares, dándole una lección de vida al Capitano.

Comiendo banca se dio cuenta que no bastaba solo con la magia. Esa habilidad innata que tenía con el balón debía mezclarla con trabajo, y cuando incorporó el laboro los adictos al deporte rey vimos una de las más bellas versiones de arte que Roma ha dado a la humanidad. Mientras los varones se deshacían en elogios por lo que hacía con el balón en los pies, las mujeres y los homosexuales se rendían ante su aspecto físico, porque aparte de ser bueno para la pelota, el tipo tiraba pinta.   

Para fines de siglo, la AS Roma tenía una deuda con sus fanáticos. La última temporada en que habían ganado algo había sido de la mano de Ottavio Bianchi en 1990-1991, que se hicieron con la Copa Italia y llegaron a la final de la Copa UEFA. Desde ahí nada. Puros fracasos y mirar como los odiados clubes del norte dominaban el escenario futbolístico en el Calcio. Al menos, los malos de la Lazio tampoco ganaban nada y llevaban más años que ellos sin ganar la Serie A.

En 1999 la apuesta de la dirigencia romana fue interesante. Contactaban al glorioso entrenador del Milan campeón de Champions League, don Fabio Capello, para hacerse cargo del primer equipo. La primera campaña del míster fue nefasta para los giallorossi: terminarían en sexto lugar y verían a la Lazio, su eterno rival, ganar la Serie A. Los fachos gritándoles el título en la cara. 

Ocurrió un terremoto en las dependencias de la AS Roma, los hinchas furiosos, los directivos se responsabilizaban mutuamente de la desgracia y el dueño estalló en ira. Franco Sensi sabía que si no hacía una inversión importante para la siguiente temporada iban a correr balas. Los romanos son apasionados y el fútbol exacerba las pasiones. "Dime a quién quieres", le preguntó el presidente a Capello. El DT pensando que en pedir no hay engaño, le respondió "Quiero a Emerson, Walter Samuel, Abel Balbo y sobretodo, quiero a Batistuta". Sorprendido, el mandatario pensó "en qué minuto se me ocurrió preguntarle a éste". Sin saber cómo lo haría, le respondió seguro que le traería a todos esos jugadores.

Se desconoce cómo lo logró, cuántas veces tuvo que esclavizarse sexualmente o si le pidió el dinero a la mafia, pero Sensi era un hombre de palabra y trajo a cada uno de los futbolistas que le requirieron. Con la Loba reforzada por el killer argentino, los bonos del club capitalino subieron como la espuma de una cerveza en la Plaza Navona. 

La obsesión se centraba en la Serie A. Iban bien preparados para intentar la hazaña. Capello conformó una extraordinaria escuadra con sudamericanos e italianos. En la defensa estaba Cafu, Aldair y Walter Samuel, en el medio Emerson, Marcos Assuncao y Tommassi, y arriba Totti, Montella, Delvecchio, Balbo y el fichaje estelar Batigol. Uno ve esa constelación de estrellas y cree que pudo haber sido fácil ganar el campeonato, pero si tus rivales son el Milan de Maldini, Shevchenko y Albertini, la Juve de Zidane, Davids y Del Piero, el Inter de Roberto Baggio, Zamorano y Zanetti, y la Lazio de Nesta, Crespo, Verón y Salas... simplemente calla y espera los partidos con un paquete de pop corns con una Coca Cola.    
   
Como cohete comenzó la tropa de Francesco el torneo local. Nueve triunfos, un empate y una derrota ante el Inter en Milán, fue el resultado de los primeros once juegos. La liga siguió y la Loba continuó ganando. Una victoria en el clásico ante la Lazio y una seguidilla de 24 puntos sobre 27 posibles, empinó a la escuadra giallorossi en la cima. 

Recordando grandes equipos: Roma 2000/01 | Cultura Redonda

La extraordinaria racha de febrero a abril fue interrumpida por la Fiorentina, cuyos tiffossi le tenían un odio profundo a la escuadra romana por haberles robado al Bati. Dicha caída los sembró de dudas de cara al término del torneo. Un empate in extremis ante Perugia los dejaba vivos, pero sufrían lo mismo dos fechas después, cuando teniendo abrochado el duelo de la capital, Castromán igualaba a los 95 para la Lazio. 

Con esa decepción iban a jugar a Turín. Fecha 29 del campeonato, la Roma sostenía una buena ventaja frente a sus rivales, pero la Juventus venía cabalgando furiosamente para destronarlos. El consumo de opio previo a ese juego no fue buena idea, porque en seis minutos de partido la Vecchia Signora los derrotaba por 2-0. Un horrible desempeño de las principales figuras del equipo tenía emputecido a Capello. Sabía que se le podía poner fea la pista si perdían. Nakata por Totti, el DT perdía el juicio, pero Francesco estaba en otra y en una de esas el japonés inventaba algo. Y así no más fue. Minuto 79 de juego, Hidetoshi ponía el 2-1 y, como si fuera broma, nuevamente obtenían la paridad en los descuentos. En este caso, el héroe fue Vincenzo Montella.

Ese envíon anímico del empate en los descuentos, los motivó para derrotar a Atalanta y Bari. Así llegaban a la fecha 32, en la que recibieron al Milan en el Olímpico. Una victoria y existía la posibilidad matemática de quedarse con el trofeo, pero la tropa de Maldini no quiso que les celebraran en la cara. Una igualdad a uno y se decidía todo en Napolés. La Juve quedaba a cuatro de la punta.

La tierra del sur de Italia se erigía como el escenario donde los romanos podían bajar la tercera estrella. El odio profundo de los napolitanos hacia los capitalinos le ponía condimentos especiales a ese partido. Junto a eso, los locales peleaban la permanencia en la máxima división, por lo que sería a muerte la jornada 33. Tras un gol de Amoroso, Batistuta y Totti daban vuelta el marcador y le daban momentáneamente el título a la Loba. La erección de Capello la bajaría Fabio Pecchia, ex jugador de la Vecchia Signora, que con esa anotación dejaba a fuego vivo el campeonato en la última fecha. La Juve se ponía a dos puntos.

Francesco lo odió una semana. Sabia que si anotaba el gol que le daba el título a la AS Roma después de casi dos décadas harían una estatua suya en la Fontana di Trevi, pero no pudo hacer. Eso sí, como buen soldado romano no perdía la esperanza y volvería a intentarlo en la última fecha. Los cartuchos se agotaban, no había otra opción que ganar al Parma y él lo sabía. Su familia, sus amigos, su abuelo en el cielo y toda una ciudad confiaba en lo que podía hacer con su diestra.

Aquel 17 de junio el espectáculo estaba montado. El verano anunciaba su llegada pocos días antes con una hermosa tarde soleada en el Olímpico. Los tiffosi del equipo del pueblo querían sonreír, tal como lo habían hecho sus archirrivales el año anterior. El Parma venía bravo, donde tras una gran campaña se lograba quedar con el último puesto de Champions. No tenían drama con arruinarle la fiesta a los capitalinos. No les importaban, dado que ellos se debían a su gente y su hinchada los quería ver ganar siempre. 

La Roma iba con el tridente mágico TMB (Totti-Montella-Batistuta), quienes estaban más feroces que nunca. Ninguno había sido campeón de Serie A en toda su trayectoria. Era en ese momento o quizás no lo lograrían jamás. Previo al juego se juntaron y se hicieron una apuesta: al que convirtiera, los otros le debían regalar una buena botella de vino. Asimismo, si dos de ellos convertían, el que no lo hiciera debía ponerse con licor para ambos. 

Gabriel Batistuta, Vincenzo Montella & Francesco Totti - AS Roma
 
Los locales salieron como leones enjaulados desde el inicio. Los de atrás dejaban chico a los gladiadores que peleaban en el Coliseo, los laterales corrían más que los mensajeros en período de guerra, los del medio saqueaban cada balón como los soldados romanos en los pueblos conquistados y los tres de arriba dejaban chicos a los creadores de la República con su creatividad. 

A los 19 minutos, el niño pródigo de la ciudad ponía su nombre al nivel de los dioses. Balonazo de Tommassi a la banda izquierda, que tras un despeje imperfecto le queda a Vincent Candela, que envía el balón al medio del área para donde va corriendo el 10, quien empalma un derechazo que deja sin opción a Buffon. 1-0 y a gritarlo con los fanáticos. Francesco se cobraba revancha y abría la ruta al título.

A los 39 minutos caía el segundo. Corrida de Batistuta, quien puso quinta y se metió en el área, le pegó, atajó Gigi, pero el rebote le quedó a Vincenzo Montella, quien definió a piacere. 2-0 y la locura en el campo de juego. El goleador argentino no quería ser menos, ni tampoco deseaba pagar dos botellas de vino. Era el capo cannonieri del equipo por excelencia y no pretendía quedarse fuera de la fiesta. Fue así que, tras una gran jugada personal, convirtió el 3-0 a los 78 minutos, con un gran disparo raso de zurda. ¡Campione, campione, ole ole ole!, exclamaban eufóricos los hinchas que, tras el pitido final, invadieron la cancha, tal como hace siglos atrás lo hacían sus antepasados en Europa y Asia. 


Los emperadores romanos se impusieron a sangre y fuego a lo largo de la historia. Desde Julio César a Constantino XI, a quien los expertos mencionaban como el último líder del imperio. Eso ocurrió en 1453, cuando los otomanos los hicieron añicos en Constantinopla y subyugaron a los ciudadanos bajo sus propias reglas. Múltiples guerras pasaron y la ciudad quedó dentro de la República de Italia, siendo Roma su capital, que solo era una urbe más dentro de otras en ese país. 

No obstante lo anterior, ese día los ciudadanos festejaron el título giallorossi, pero también se dieron cuenta que la etapa imperial renacía en el nuevo milenio. A diferencia de los antiguos emperadores, éste había luchado duro para obtener ese sitial, pero no había derramado sangre ni quemado a nadie. Francesco era el nombre del nuevo Imperator. Esta nueva dinastía gobernante de la ilusión del romano nacía del mismo pueblo y carecía de títulos nobiliarios, siendo los Totti reconocidos por tener un líder justo, que dictaba sus propias reglas, que desplegaba su arte y que también los habría de llevar a gobernar el mundo. Para eso habría que esperar.

Comentarios

  1. Totti... un jugadorazo, digno de un futbol aguerrido y técnico, combinado con la lealtad de los colores, ídolo como pocos. Totti ... Il Capitano... bestia !

    Buen blog!

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