Tras un primer tiempo reñido, en la segunda mitad se destaparían las botellas de champagne en el sur de la bota. Primero, una internada de Lavezzi por la derecha derivó en que Storari, meta de la Juve para aquella final, le cometiera penal. Se paró frente a la bola El Matador, definió a la izquierda del cuidavallas y puso el 1-0. A celebrar a la esquina y beso a la alocada muchedumbre que celebraba su conversión. La guinda de la torta la pondría el caballo loco Hamsik, donde tras una aventura de Pandev recibió la bola en posición de remate y definió con categoría, picándola ante el achique del portero. ¡Napoli Campeón!
En Italia se convertía en leyenda, pero en la Selección su escenario era distinto. La atención se centraba en Forlán y Suárez. Habían tenido jornadas heroicas, mientras que Cavani se ubicaba a la sombra de esos dos cracks. La gente recordaba a Diego por los goles en el Mundial 2010 o por la extraordinaria actuación en la final de la Copa América 2011, mientras que a Lucho por sus goles claves ante Corea en el Mundial 2010, Perú en la Copa América 2011 e Inglaterra en el Mundial 2014, sin obviar la mano en el último minuto del juego ante Ghana que le salvó la vida a los suyos en cuartos de final de Sudáfrica.
"Gracias a la vida que tenemos a Forlán y Suárez. Bueno, si no están ellos viene el pibe Cavani que lo está haciendo bien y uno que otro chico de Peñarol y Nacional siempre aparece", decía un caballero de unos cuarenta años de edad al ser consultado por un medio local sobre la actualidad de la selección charrúa en ataque.
Para Edi fue siempre un placer compartir con esas dos bestias la ofensiva de Uruguay, pero no negaba a sus cercanos que anhelaba tener el mismo protagonismo que ellos y ser crucial en una competición continental o mundial. En la Copa América 2015 de Chile tuvo su gran oportunidad. Cachavacha se había retirado y Luisito se encontraba sancionado por practicar el canibalismo con el cuello de Jorge Chielini, por lo que nadie amenazaría su puesto estelar en el frente de ataque. Sin embargo, una expulsión y un dedo que le recorrió el ojete fue el único saldo que obtuvo el crack en su visita a Santiago.
Tras un nuevo fracaso en la Copa Centenario de EEUU, el enfoque de los orientales se centró en el Mundial de Rusia. En el proceso clasificatorio Cavani fue crucial, erigiéndose como el máximo goleador con diez tantos. Especialmente relevantes fueron sus anotaciones ante Perú de local para ganar por 1-0 y el primer descuento para la épica igualada ante Brasil en territorio canarinho por 2-2. Cada partido se sentía más cómodo y presentía que el territorio liderado por los soviets durante gran parte del siglo veinte sería el escenario perfecto para posicionarse en el corazón de sus compatriotas.
Edinson estaba pulverizando redes en la capital francesa bajo los colores del PSG, constituyéndose como uno de los mejores centro delanteros del orbe. La dupla que formaba con Lucho Suárez era de las más temidas previo al inicio de esa Copa. Se entendían a la perfección, lo que quizás se explicaba porque ambos eran nativos de Salto. Aquella pequeña ciudad de cien mil habitantes fue la cuna de estos dos killers que marcaron una época en su país y en el exterior. Desde los potreros de las poblaciones defendiendo a Artigas, a Salto o en las mismas inferiores de Nacional, estos dos héroes llevaron a la Celeste a conseguir sus más recientes hazañas.
Los charrúas quedaron ubicados en el Grupo A con la local Rusia, Egipto y Arabia Saudita. Un grupo sencillo que no tendrían muchos inconvenientes para liderar. Comenzaron con Egipto, en el partido más difícil que tuvieron, principalmente por lo que les costó ganarlo. En el minuto 89, Josema Giménez metió un cabezazo que le dio el 1-0 a la banda de Óscar Washington. El segundo duelo ante Arabia Saudita los encontró ante un cerrojo duro de perpetrar, sin embargo, siempre está Luisito Suárez para hacer la gracia. Córner por la izquierda cerrado que el 9 logró conectar de zurda en área chica. De ahí manejaron la diferencia a su favor y cerraron el cotejo con esa mínima ventaja.
Las dos victorias conseguidas los ubicaban en segunda ronda, pero debían dirimir el liderato con los locales, quienes habían logrado contundentes victorias en sus batallas previas. Quizás llegaron algo confiados los ex soviéticos, porque los sudamericanos les pasaron por arriba. LS9 y Cheryshev en contra dejaron a la Celeste cómodamente 2-0 arriba. Así se fueron al entretiempo. Todos contentos de como estaban saliendo las cosas menos uno.
Edinson vivía una frustración enorme por no poder anotar. "Boludo, es como si quisieras coger y no te funciona la chota", le decía al psicólogo de la selección, quien al verlo sumido en la angustia supo que tenía que actuar a la brevedad posible. "El fútbol es como la vida. Si quieres algo, debes ir y buscarlo. Quizás no salga a la primera vez, tampoco a la segunda, pero nunca debes dejar de intentar".
Se reanudó el partido y El Matador se fue a la cancha con esa charla en la cabeza. "Nunca dejar de intentar", le daba vueltas a esa frase una y otra vez. Tenía claro que contaba con cuarenta y cinco minutos para descartucharse en suelo ruso. Pasaba el tiempo y los incómodos visitantes parecían tranquilos manejando el resultado a su antojo. Hasta que llegaron los descuentos y una nueva oportunidad para Edi, seguramente la última. Córner enviado desde la derecha, Godín se eleva para impactar la bola con un fuerte cabezazo que Akinfeev logra contener, pero el rebote queda a merced del número 21, quien no tiene que hacer otra cosa que patear de zurda y matricularse con su primera diana en la cita mundialera. "Gracias Diego. Me hiciste sacar la mufa pá", le decía al oído al extraordinario zaguero que fue parte decisiva para que perdiera su virginidad ante las redes rivales.
En el grupo B estaban España y Portugal, quienes se disputaban la punta igualmente. A los orientales le daba lo mismo qué rival fuera porque eran dos selecciones poderosísimas en el concierto europeo. Finalmente, los hispanos se quedarían con la cima, por lo que los octavos de final los cruzaban con Cristiano Ronaldo más diez. El Robocop luso estaba intratable esa Copa, por lo que era un rival que intimidaba a cualquiera. Además, los colonizadores de Brasil tenían un equipo trabajado de la mano de Fernando Santos, por lo que salir victoriosos implicaba una ardua tarea.
En el traslado de Samara a Sochi se fue filosofando El Matador. "¿Cuál es la verdadera fuerza impulsora que produce que el ser humano vuelva a intentar triunfar tras haber fracasado previamente?", se preguntaba silenciosamente y elucubraba posibles respuestas a esa duda. Lo que no entendía era la sensación que lo embargaba en las horas previas al crucial duelo de segunda fase. Sentía que algo estaba por pasar, no tenía claro qué era, pero era algo que lo involucraba como actor principal. Ya no lo obsesionaba tanto la idea de trascender personalmente, dado que el grupo estaba por sobre todas las cosas y bueno si podía colaborar en esa persecución de objetivos colectivos estaría más que feliz. "Que sea lo que Dios quiera y si tengo la fortuna de convertir, mejor aún", repetía en sus oraciones previas al duelo trascendental.
Recién comenzado el cotejo, a los 7´ de la primera fracción, se juntaron los temibles oriundos de Salto. Cuando uno acechaba el pórtico rival por fuera, el otro buscaba el área. Daba igual quien cumpliera qué rol, porque tanto Suárez como Cavani son delanteros completísimos. Acá fue Lucho quien se encontraba a las afueras, se desmarcó por la banda izquierda para recibir un balonazo largo y encarar a Ricardo. Dos movimientos y se logró hacer el espacio para centrar al área. Ya lo vio a su camarada, quien entendió a la perfección el movimiento y corrió para ubicarse a las espaldas de los zagueros lusos. El nueve lanzó un derechazo fuerte encontrando la humanidad de Edinson, quien entre cabeza y pecho impactó el balón, para que éste adquiriera la dirección y velocidad necesarias que posibilitaran su ingreso a la guarida lusa. ¡1-0 para la Celeste papá!.
El maestro Tabárez no se caracteriza por actuar como un caballo loco a la hora de ir a buscar un resultado más holgado, por lo que tras la ventaja inicial la instrucción fue resguardarse de la mejor manera posible. Los portugueses contaban con el Cristiano más bueno de todos, uno que hacía milagros con el balón en sus pies. Es por esto que durante buena parte de la primera mitad, las principales tareas estuvieron a cargo de José María y Diego, la brutal dupla de impasables charrúas. Y así se fueron al camarín a descansar un rato para volver a deleitar a sus fanáticos con un segundo lapso cargado de emociones.
La cuota de nerviosismo en las huestes sudamericanas tomó ribetes caóticos a los 55 minutos. Un centro al área encontró al ex sudaca, a uno que nació más brasilero que el Cristo Redentor, pero que se europeizó. Hablamos del ex convicto Pepe, quien conectó de cabeza una bola desde la izquierda y puso la paridad en el marcador. Los lusos avisaban que la tarea no sería sencilla y que ellos tenían tanta sed de triunfo como sus rivales.
Edi y Lucho se miraron en la mitad del terreno de juego tras la igualdad y sin decirse palabra alguna, entendieron que el partido se había transformado en algo personal. Uno de los dos tenía que destrabar el asunto. Ese día el rol protagónico se lo atribuiría uno o el otro. Fue así como nueve minutos pasaron tras la paridad y el grito de gol volvió a recorrer desde el estómago hasta las postrimerías de la boca de cada uruguayo en todo el mundo. Corrían los 64´ cuando Betancour, de discreto cometido hasta ese minuto, toma la bola y avanza hacia el área contraria. Los mágicos de Salto se movían exhibiéndose como opciones de pase, el Rodri ve a Luis, le envía la esférica, pero Suárez amaga y la deja pasar, porque sabía que su partner in crime venía cabalgando a toda marcha para impactar. Cavani golpeó el balón con borde interno depositándolo en el rincón más alejado de la cueva protegida por el guardameta, quien se estiró en busca de ahogar el gemido oriental, pero no lo consiguió. El Matador ponía el 2-1. Agradecía al cielo, porque sabía que la capa de superhéroe colgaba de sus hombros.
Y maldecía también, porque en la reanudación comenzó a sentir un inconveniente en su aductor derecho. La cosa no pintaba bien para el número 21. "Justo ahora que la estaba rompiendo, la puta que te parió", clamaba mirando al cielo. El bueno de los europeos lo divisó y se ofreció como ayudante para auxiliarlo a salir del terreno de juego. Edinson salía como ídolo del césped del estadio de Sochi, había convertido las dos dianas que tenían a los suyos momentáneamente en cuartos de final y CR7 se lo echaba al hombro para sacarlo de ahí, seguramente con una doble finalidad, la primera y más importante era que no lo quería más en la cancha porque ese día el goleador de Salto estaba inspirado, y la segunda es porque es un buen tipo.
El resto del cotejo se disputó principalmente en el sector del campo donde defendía la Celeste. Uno tras otro eran despejados los bombazos de laterales y mediocampistas portugueses que buscaban la cabeza salvadora de su crack. Lamentablemente para los descendientes de Vasco da Gama, los únicos testazos eran de Godín y Gímenez. Eran expertos en eso, dado que habían sacado magister en la materia con el doctor Simeone. Asimismo, conocían muy bien al arma letal de los europeos, cuanto clásico madrileño en que les había pintado la cara, pero no le iban a aguantar otro desaire. Cáceres y Laxalt protegían valerosamente las bandas, mientras Torreira y Nández repartían leña en el sector donde se da origen a cada batalla.
Cuando el árbitro puso fin al duro duelo todas las miradas se centraron en el conocido de pelo largo. Lo observaban con agradecimiento, pero también con preocupación. Él se sentía igual, con una extraña sensación, dado que no daba más de alegría por el triunfo y su aporte sustancial para alcanzar la ronda de ocho mejores, pero sabía que lo de la pierna no era un mero rasguño. Al final el parte médico fue contundente y le recomendó ver el duelo con Francia desde la cabina técnica. Sin su Hércules, los uruguayos fueron a librar su siguiente batalla rusa, que a la postre sería la última porque la tropa del Napoleón Didi Deschamps estaba inspirada. 2-0 con goles de Rafita Varane y Antonino Griezmann mandaron de regreso a la última selección sudamericana proveniente de colonias españolas que se encontraba con vida en esa World Cup.
La noche del 30 de junio será recordada como aquella en que Edinson fue sol puro, como el de la bandera de Uruguay. Ya no viviría más a la sombra de lo que otros goleadores habían hecho con la Celeste, sino que se consagraba como un verdadero ídolo para los tres millones y medio, esos incondicionales que lo apoyaron siempre, que creían en él y sabían que era cosa de tiempo para que El Matador lo demostrara. Se situaba en el pedestal reservado para los imborrables, aquel sitial en que solo tenían palco los que habían logrado una hazaña y ante los lusos, él había hecho de las suyas.
"Gracias a la vida que tenemos a Cavani y Suárez. Bueno, si no están ellos viene el pibe Gómez que lo está haciendo bien y uno que otro chico de Peñarol y Nacional siempre aparece", comentaba un hombre de unos cuarenta aproximadamente en la plaza pública de Montevideo al ser consultado por un periodista deportivo sobre el futuro del ataque de la selección.



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