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Edinson a sol y sombra


Con fecha 30 de junio de 2018, en Sochi, Rusia, estadio Fischt, ante 44.287 espectadores, un goleador uruguayo tuvo su noche de gloria con la selección nacional, posicionando a los suyos en cuartos de final del Mundial.

Edinson Roberto Cavani Gómez nació en Salto, ciudad del noroeste uruguayo, un día 14 de febrero de 1987. Fines de los ochenta que en Sudamérica se vivían de manera agitada con la batalla contra el narcotráfico en Colombia, contra el terrorismo en Perú y contra la dictadura en Chile. Mientras todo eso ocurría, Uruguay, que un par de años antes había retornado a la democracia, intentaba seguir en esa línea con Julio María Sanguinetti como presidente.

El líder del Partido Colorado asumía la jefatura de gobierno con las fuerzas militares observando cuidadosamente su actuar. Tanto las buenas medidas como las malas tuvieron relación directa con los muchachos de traje verde y fácil disparo. En su primer periodo en el máximo cargo, JM dictó una ley de indulto a todos los presos políticos y a muchos los restituyó en sus cargos gubernamentales, pero sus críticos alegan que no tuvo mano dura con los violadores de derechos humanos, a quienes perdonó e incluso protegió cuando otros osaron perseguir algún tipo de responsabilidades por sus delitos. “Estos cinco años los termino a como dé lugar y si tengo que pactar con el diablo para aquello, lo hago”, decía a sus cercanos el cejudo Sanguinetti.

En particular, dos meses después del nacimiento de Edinson, se reunían las firmas para someter a referéndum la famosa “Ley de Caducidad”, que estableció la amnistía de los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la dictadura. Un año antes, JM había considerado que dejar sin sanción a todos los victimarios era una saludable medida para la restitución de la paz en su país. Menos mal que estábamos en un Estado democrático y no en el país de las maravillas que visitó la joven Alicia en su oportunidad.

Mientras la desprotección de las víctimas se consagraba como norma jurídica, el fútbol fluía con la clásica naturalidad triunfalista que caracteriza a los uruguayos. Ese 1987 dominaron Sudamérica tanto a nivel de clubes como de selecciones. Peñarol se consagraba en la Libertadores y la Celeste se hacía grande al otro lado del Río de la Plata ganando la final de Copa America ante Chile. El volante Pablo Bengoechea desató la locura en la familia Cavani y en todo Uruguay, al anotar el único tanto con que los charrúas superaron a La Roja.

Edi creció en un hogar futbolero. El viejo le iba a Peñarol y le traspasó el amor por el Manya a su hermano Cristián. Por parte materna, tenía otro brother cuyo nombre es Walter Guglielmone, nueve años mayor, quien llegaría al profesionalismo y sería su referente obligado. Cuando chico no miraba mucho la televisión, solo pasaba pateando el balón con los amigos o en familia, sin embargo, cuando prendía la TV era para mirar los partidos de su ídolo Gabriel Batistuta. Como le gustaba hacer goles que mejor referente de ataque que el Bati, un artillero letal que dejó su huella en Florencia, Roma y todo Sudamérica. 

Para llevar la contra en casa hinchaba por el Nacional. Le encantaba competir por todo, desde quien hacía más goles en el partido de barrio hasta quien llegaba más rápido desde la panadería con el pan fresco para sentarse a comer y matear. Así se lo llevaba El Matador en Salto hasta que hubo que ponerse más serios. El hermano Walter ya jugaba en Primera, el viejo también lo había hecho, por lo que tenía consejeros ideales para que intentara seguir esa ruta si era lo que realmente lo apasionaba. Fue así como Guglielmone le consiguió una prueba en Danubio, mismo elenco donde laburaba. Edi quedó seleccionado y se mudó a Montevideo para perseguir su sueño de vida. 

Los de la Curva pasaban por un momento dulce a nivel local. De la mano de Gerardo Peluso se había ganado todo el año 2004. A ese plantel de campeones se integraba Cavani el 2005, quien se iniciaba con la esperanza de agarrar un puesto en la formación titular del club capitalino. Lograría ser una opción cada vez más habitual en el once estelar de la mano de Gustavo Matosas, quien asumió para el inicio de la campaña 2006. 

Tras un torneo irregular, el Tavo se puso la meta de quedarse con el trofeo del Clausura 2006. Y así llegó el día 10 de diciembre, en que por la última fecha se enfrentaban Peñarol y Danubio. El Manya iba uno arriba, por lo que La Raya debía ganar si o si. El profe los aleonó previo al juego y salieron al Centenario a escribir su propia historia. El resultado final fue un contundente 4-1 para los dirigidos por Matosas, siendo Edinson quien cerró la goleada con el cuarto tanto en los descuentos. 



Sus actuaciones en el campeón uruguayo no pasaron desapercibidas. Tenía a varios clubes importantes del viejo continente siguiendo su evolución, pero nadie se atrevió a ofertar. Si lo hizo el modesto Palermo de Italia, el equipo que viste de rosa y que por la época era un atrevido protagonista de la Serie A. Fue clave para su traspaso haber salido goleador del Sudamericano Sub 20 de 2007 con siete anotaciones. 

En el club de la conocida región de Sicilia, Cavani se haría conocido a nivel europeo. Tres temporadas con los rosaneros donde marcó 37 pepas, fueron suficientes para que el poderoso del sur considerara que su ataque se estructuraría bajo la figura del uruguayo. El Napoli abría la chequera, De Laurentis ponía la millonaria y se realizaba la operación. “Queremos a Edinson porque Edinson es bueno”, indicaba el presidente a los medios de comunicación local apenas supieron la noticia de su arribo. 

Si en Sicilia se hacía conocido en el ámbito europeo, en Nápoles adquirió fama mundial. Con Gli Azurri metió la impresionante cifra de 104 goles en 138 partidos. Brutales los números del artillero sudamericano, que hizo sufrir a los mejores centrales del mundo que se desempeñaban en la Serie A por aquella fecha. Los múltiples galardones individuales que cosechaba no eran nada sin un trofeo con el cual enorgullecer a la fiel hinchada de Los Partenopeos. En la Serie A la Juventus tenía un dominio absoluto, dado que era el único con la capacidad de mantener su rendimiento en nueve meses. Así la opción que iba quedando era La Coppa Italia, trofeo que se quedaría en el sur la temporada 2011-2012. 

El vía crucis napolitano comenzó con un durísimo duelo ante el Cesena por los octavos de final en el coliseo de San Paolo. La visita sorprendió a los veinte del primer lapso con un gol de Popescu. Así se fueron al descanso, medio aturdidos los dirigidos por Mr. Walter que no le encontraban la vuelta al juego. La segunda mitad se volcaría el resultado gracias a la figura de Goran Pandev. El primer gol fue obra de Edi, quien aprovechó un rebote dado por el golero a un remate del crack de la noche. El segundo, un tiro libre del macedonio que si hubiese existido el VAR no se cobraba, porque la pelota no traspasó la línea de gol. En aquel entonces no se jugaba con la tecnología, sino que solo con la visión humana, y en base a ese criterio el referee no se complicó la vida validando la conversión del cuadro local.

En los cuartos llegó el Inter. Nuevamente Gli Azurri tenían la fortuna de jugar en su domicilio. En el sur siempre ha existido bronca con los nortinos, más aún con los de Milán, por lo que ganar resultaba clave, sino se desencadenaba una revuela social de una semana. De eso sabía Cavani, por lo que entró a la cancha con unas ganas desbordadas. Los napolitanos vencieron por 2-0 con dos del charrúa. Primero, convirtiendo un penal que le habían hecho a él mismo, y segundo con una obra maestra en que dejó en el piso hasta al arquero interista para definir con el arco vacío. "Con Cavani a la muerte", rezaban las pancartas a las afueras del estadio.

En semifinales se encontraron con el Siena. El modesto cuadro de la región de Toscana sorprendía al mundo futbolístico de la bota al alcanzar la ronda de los cuatro mejores. A diferencia de las etapas anteriores, ésta era con ida y vuelta. Fue así como en la ida, los toscanos dieron el primer golpe al quedarse con el duelo por 2-1. La vuelta en el San Paolo venía cargada de nerviosismo, porque con una actuación como la del primer duelo los blanquinegros podían dar el golpe a la cátedra. Es por eso que Mazzari, sin dudarlo, alineó a su tridente mágico compuesto por Lavezzi, Hamsik y Cavani. 

A los 11 minutos un autogol de Vergassola permitía una tempranera ventaja al dueño de casa. La serie quedaba igualada, pero la hinchada pedía más. No se podían ir a penales, porque uno nunca sabe qué puede pasar. Por tal motivo, la triple entente encargada de meter las anotaciones para los sureños se fusionó y creó una mágica jugada para poner el 2-0. En un tiro libre para los toscanos que despejó la zaga celeste, el balón le llegó a Lavezzi quien arrancó a toda velocidad, cruzó para Hamsik, quien sin pensarlo dos veces, vio como Edinson picaba en dirección al área y le envió un centro preciso para que éste último ajusticiara de cabeza. Golazo del threesome HALACA y pase a la final.

El Olímpico de Roma se vestía de gala para recibir a la Juventus y el Napoli. Las apuestas iban con los bianconeri tras su excepcional campaña que lo llevó a ganar la Serie A, pero los de la región de Campania iban convencidos en obtener la gloria. En la charla técnica Mazzari les insistió que no debían temerle a su rival. "Estos tipos no son mejores que nosotros. Nuestros laterales son mejores, nuestro medio es más combativo y arriba somos más poderosos. Si cada uno hace lo que sabe, esa Copa la levantamos esta noche", les decía el DT para persuadirlos en que tenían la capacidad que se necesitaba para obtener la victoria.  

Tras un primer tiempo reñido, en la segunda mitad se destaparían las botellas de champagne en el sur de la bota. Primero, una internada de Lavezzi por la derecha derivó en que Storari, meta de la Juve para aquella final, le cometiera penal. Se paró frente a la bola El Matador, definió a la izquierda del cuidavallas y puso el 1-0. A celebrar a la esquina y beso a la alocada muchedumbre que celebraba su conversión. La guinda de la torta la pondría el caballo loco Hamsik, donde tras una aventura de Pandev recibió la bola en posición de remate y definió con categoría, picándola ante el achique del portero. ¡Napoli Campeón!

En Italia se convertía en leyenda, pero en la Selección su escenario era distinto. La atención se centraba en Forlán y Suárez. Habían tenido jornadas heroicas, mientras que Cavani se ubicaba a la sombra de esos dos cracks. La gente recordaba a Diego por los goles en el Mundial 2010 o por la extraordinaria actuación en la final de la Copa América 2011, mientras que a Lucho por sus goles claves ante Corea en el Mundial 2010, Perú en la Copa América 2011 e Inglaterra en el Mundial 2014, sin obviar la mano en el último minuto del juego ante Ghana que le salvó la vida a los suyos en cuartos de final de Sudáfrica. 

"Gracias a la vida que tenemos a Forlán y Suárez. Bueno, si no están ellos viene el pibe Cavani que lo está haciendo bien y uno que otro chico de Peñarol y Nacional siempre aparece", decía un caballero de unos cuarenta años de edad al ser consultado por un medio local sobre la actualidad de la selección charrúa en ataque.

Para Edi fue siempre un placer compartir con esas dos bestias la ofensiva de Uruguay, pero no negaba a sus cercanos que anhelaba tener el mismo protagonismo que ellos y ser crucial en una competición continental o mundial. En la Copa América 2015 de Chile tuvo su gran oportunidad. Cachavacha se había retirado y Luisito se encontraba sancionado por practicar el canibalismo con el cuello de Jorge Chielini, por lo que nadie amenazaría su puesto estelar en el frente de ataque. Sin embargo, una expulsión y un dedo que le recorrió el ojete fue el único saldo que obtuvo el crack en su visita a Santiago.

Tras un nuevo fracaso en la Copa Centenario de EEUU, el enfoque de los orientales se centró en el Mundial de Rusia. En el proceso clasificatorio Cavani fue crucial, erigiéndose como el máximo goleador con diez tantos. Especialmente relevantes fueron sus anotaciones ante Perú de local para ganar por 1-0 y el primer descuento para la épica igualada ante Brasil en territorio canarinho por 2-2. Cada partido se sentía más cómodo y presentía que el territorio liderado por los soviets durante gran parte del siglo veinte sería el escenario perfecto para posicionarse en el corazón de sus compatriotas.

Edinson estaba pulverizando redes en la capital francesa bajo los colores del PSG, constituyéndose como uno de los mejores centro delanteros del orbe. La dupla que formaba con Lucho Suárez era de las más temidas previo al inicio de esa Copa. Se entendían a la perfección, lo que quizás se explicaba porque ambos eran nativos de Salto. Aquella pequeña ciudad de cien mil habitantes fue la cuna de estos dos killers que marcaron una época en su país y en el exterior. Desde los potreros de las poblaciones defendiendo a Artigas, a Salto o en las mismas inferiores de Nacional, estos dos héroes llevaron a la Celeste a conseguir sus más recientes hazañas.  

Los charrúas quedaron ubicados en el Grupo A con la local Rusia, Egipto y Arabia Saudita. Un grupo sencillo que no tendrían muchos inconvenientes para liderar. Comenzaron con Egipto, en el partido más difícil que tuvieron, principalmente por lo que les costó ganarlo. En el minuto 89, Josema Giménez metió un cabezazo que le dio el 1-0 a la banda de Óscar Washington. El segundo duelo ante Arabia Saudita los encontró ante un cerrojo duro de perpetrar, sin embargo, siempre está Luisito Suárez para hacer la gracia. Córner por la izquierda cerrado que el 9 logró conectar de zurda en área chica. De ahí manejaron la diferencia a su favor y cerraron el cotejo con esa mínima ventaja.

Las dos victorias conseguidas los ubicaban en segunda ronda, pero debían dirimir el liderato con los locales, quienes habían logrado contundentes victorias en sus batallas previas. Quizás llegaron algo confiados los ex soviéticos, porque los sudamericanos les pasaron por arriba. LS9 y Cheryshev en contra dejaron a la Celeste cómodamente 2-0 arriba. Así se fueron al entretiempo. Todos contentos de como estaban saliendo las cosas menos uno. 

Edinson vivía una frustración enorme por no poder anotar. "Boludo, es como si quisieras coger y no te funciona la chota", le decía al psicólogo de la selección, quien al verlo sumido en la angustia supo que tenía que actuar a la brevedad posible. "El fútbol es como la vida. Si quieres algo, debes ir y buscarlo. Quizás no salga a la primera vez, tampoco a la segunda, pero nunca debes dejar de intentar".

Se reanudó el partido y El Matador se fue a la cancha con esa charla en la cabeza. "Nunca dejar de intentar", le daba vueltas a esa frase una y otra vez. Tenía claro que contaba con cuarenta y cinco minutos para descartucharse en suelo ruso. Pasaba el tiempo y los incómodos visitantes parecían tranquilos manejando el resultado a su antojo. Hasta que llegaron los descuentos y una nueva oportunidad para Edi, seguramente la última. Córner enviado desde la derecha, Godín se eleva para impactar la bola con un fuerte cabezazo que Akinfeev logra contener, pero el rebote queda a merced del número 21, quien no tiene que hacer otra cosa que patear de zurda y matricularse con su primera diana en la cita mundialera. "Gracias Diego. Me hiciste sacar la mufa pá", le decía al oído al extraordinario zaguero que fue parte decisiva para que perdiera su virginidad ante las redes rivales.

En el grupo B estaban España y Portugal, quienes se disputaban la punta igualmente. A los orientales le daba lo mismo qué rival fuera porque eran dos selecciones poderosísimas en el concierto europeo. Finalmente, los hispanos se quedarían con la cima, por lo que los octavos de final los cruzaban con Cristiano Ronaldo más diez. El Robocop luso estaba intratable esa Copa, por lo que era un rival que intimidaba a cualquiera. Además, los colonizadores de Brasil tenían un equipo trabajado de la mano de Fernando Santos, por lo que salir victoriosos implicaba una ardua tarea.

En el traslado de Samara a Sochi se fue filosofando El Matador. "¿Cuál es la verdadera fuerza impulsora que produce que el ser humano vuelva a intentar triunfar tras haber fracasado previamente?", se preguntaba silenciosamente y elucubraba posibles respuestas a esa duda. Lo que no entendía era la sensación que lo embargaba en las horas previas al crucial duelo de segunda fase. Sentía que algo estaba por pasar, no tenía claro qué era, pero era algo que lo involucraba como actor principal. Ya no lo obsesionaba tanto la idea de trascender personalmente, dado que el grupo estaba por sobre todas las cosas y bueno si podía colaborar en esa persecución de objetivos colectivos estaría más que feliz. "Que sea lo que Dios quiera y si tengo la fortuna de convertir, mejor aún", repetía en sus oraciones previas al duelo trascendental. 

Recién comenzado el cotejo, a los 7´ de la primera fracción, se juntaron los temibles oriundos de Salto. Cuando uno acechaba el pórtico rival por fuera, el otro buscaba el área. Daba igual quien cumpliera qué rol, porque tanto Suárez como Cavani son delanteros completísimos. Acá fue Lucho quien se encontraba a las afueras, se desmarcó por la banda izquierda para recibir un balonazo largo y encarar a Ricardo. Dos movimientos y se logró hacer el espacio para centrar al área. Ya lo vio a su camarada, quien entendió a la perfección el movimiento y corrió para ubicarse a las espaldas de los zagueros lusos. El nueve lanzó un derechazo fuerte encontrando la humanidad de Edinson, quien entre cabeza y pecho impactó el balón, para que éste adquiriera la dirección y velocidad necesarias que posibilitaran su ingreso a la guarida lusa. ¡1-0 para la Celeste papá!.

El maestro Tabárez no se caracteriza por actuar como un caballo loco a la hora de ir a buscar un resultado más holgado, por lo que tras la ventaja inicial la instrucción fue resguardarse de la mejor manera posible. Los portugueses contaban con el Cristiano más bueno de todos, uno que hacía milagros con el balón en sus pies. Es por esto que durante buena parte de la primera mitad, las principales tareas estuvieron a cargo de José María y Diego, la brutal dupla de impasables charrúas. Y así se fueron al camarín a descansar un rato para volver a deleitar a sus fanáticos con un segundo lapso cargado de emociones.

La cuota de nerviosismo en las huestes sudamericanas tomó ribetes caóticos a los 55 minutos. Un centro al área encontró al ex sudaca, a uno que nació más brasilero que el Cristo Redentor, pero que se europeizó. Hablamos del ex convicto Pepe, quien conectó de cabeza una bola desde la izquierda y puso la paridad en el marcador. Los lusos avisaban que la tarea no sería sencilla y que ellos tenían tanta sed de triunfo como sus rivales.

Edi y Lucho se miraron en la mitad del terreno de juego tras la igualdad y sin decirse palabra alguna, entendieron que el partido se había transformado en algo personal. Uno de los dos tenía que destrabar el asunto. Ese día el rol protagónico se lo atribuiría uno o el otro. Fue así como nueve minutos pasaron tras la paridad y el grito de gol volvió a recorrer desde el estómago hasta las postrimerías de la boca de cada uruguayo en todo el mundo. Corrían los 64´ cuando Betancour, de discreto cometido hasta ese minuto, toma la bola y avanza hacia el área contraria. Los mágicos de Salto se movían exhibiéndose como opciones de pase, el Rodri ve a Luis, le envía la esférica, pero Suárez amaga y la deja pasar, porque sabía que su partner in crime venía cabalgando a toda marcha para impactar. Cavani golpeó el balón con borde interno depositándolo en el rincón más alejado de la cueva protegida por el guardameta, quien se estiró en busca de ahogar el gemido oriental, pero no lo consiguió. El Matador ponía el 2-1. Agradecía al cielo, porque sabía que la capa de superhéroe colgaba de sus hombros.

Y maldecía también, porque en la reanudación comenzó a sentir un inconveniente en su aductor derecho. La cosa no pintaba bien para el número 21. "Justo ahora que la estaba rompiendo, la puta que te parió", clamaba mirando al cielo. El bueno de los europeos lo divisó y se ofreció como ayudante para auxiliarlo a salir del terreno de juego. Edinson salía como ídolo del césped del estadio de Sochi, había convertido las dos dianas que tenían a los suyos momentáneamente en cuartos de final y CR7 se lo echaba al hombro para sacarlo de ahí, seguramente con una doble finalidad, la primera y más importante era que no lo quería más en la cancha porque ese día el goleador de Salto estaba inspirado, y la segunda es porque es un buen tipo.

El resto del cotejo se disputó principalmente en el sector del campo donde defendía la Celeste. Uno tras otro eran despejados los bombazos de laterales y mediocampistas portugueses que buscaban la cabeza salvadora de su crack. Lamentablemente para los descendientes de Vasco da Gama, los únicos testazos eran de Godín y Gímenez. Eran expertos en eso, dado que habían sacado magister en la materia con el doctor Simeone. Asimismo, conocían muy bien al arma letal de los europeos, cuanto clásico madrileño en que les había pintado la cara, pero no le iban a aguantar otro desaire. Cáceres y Laxalt protegían valerosamente las bandas, mientras Torreira y Nández repartían leña en el sector donde se da origen a cada batalla. 



Cuando el árbitro puso fin al duro duelo todas las miradas se centraron en el conocido de pelo largo. Lo observaban con agradecimiento, pero también con preocupación. Él se sentía igual, con una extraña sensación, dado que no daba más de alegría por el triunfo y su aporte sustancial para alcanzar la ronda de ocho mejores, pero sabía que lo de la pierna no era un mero rasguño. Al final el parte médico fue contundente y le recomendó ver el duelo con Francia desde la cabina técnica. Sin su Hércules, los uruguayos fueron a librar su siguiente batalla rusa, que a la postre sería la última porque la tropa del Napoleón Didi Deschamps estaba inspirada. 2-0 con goles de Rafita Varane y Antonino Griezmann mandaron de regreso a la última selección sudamericana proveniente de colonias españolas que se encontraba con vida en esa World Cup.

La noche del 30 de junio será recordada como aquella en que Edinson fue sol puro, como el de la bandera de Uruguay. Ya no viviría más a la sombra de lo que otros goleadores habían hecho con la Celeste, sino que se consagraba como un verdadero ídolo para los tres millones y medio, esos incondicionales que lo apoyaron siempre, que creían en él y sabían que era cosa de tiempo para que El Matador lo demostrara. Se situaba en el pedestal reservado para los imborrables, aquel sitial en que solo tenían palco los que habían logrado una hazaña y ante los lusos, él había hecho de las suyas. 

"Gracias a la vida que tenemos a Cavani y Suárez. Bueno, si no están ellos viene el pibe Gómez que lo está haciendo bien y uno que otro chico de Peñarol y Nacional siempre aparece", comentaba un hombre de unos cuarenta aproximadamente en la plaza pública de Montevideo al ser consultado por un periodista deportivo sobre el futuro del ataque de la selección.

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